Por qué Polonia busca silenciar el debate sobre el antisemitismo
Revisionismo con fuerza de ley
El actual gobierno polaco busca explícitamente prohibir la discusión sobre los ataques a judíos durante la ocupación alemana. Las raíces del problema y la situación política que hace posible intentar una censura internacional.

Según las agencias internacionales de noticias, que citan a la prensa de Polonia, la Liga Polaca contra la Difamación acaba de presentar cargos contra PáginaI12 basándose en la flamante ley que castigar penalmente acusar al pueblo o al estado polacos de antisemitismo. La acusación es específicamente sobre la columna de Federico Pavlovsky que se reproduce en estas páginas y fue originalmente publicada el 18 de diciembre pasado. La ley polaca considera que la persistencia del texto en internet no crea retroactividad, aunque el instrumento fue sancionado por el gobierno polaco recién el jueves pasado.

La ley es producto del reciente cambio político en Polonia, desde el triunfo electoral del partido Ley y Justicia, nacionalista y de ultraderecha. LyJ ganó el poder criticando duramente el marco legal de la Unión Europea en temas como el aborto, la igualdad de género y la libre circulación de inmigrantes, y comenzó a endurecer las leyes locales. La Comisión Europea inició un proceso contra Varsovia por infracciones a los tratados de la Unión. El partido fue fundado en 2001 por los mellizos Kaczynski, Lech y Jaroslaw, como una disidencia de derecha de la muy fuerte Democracia Cristiana. En 2005, LyJ ganó las elecciones y por dos años Lech fue presidente y Jaroslaw su primer ministro. El curioso gabinete duró dos años y luego perdió la mayoría parlamentaria.

En noviembre de 2015 el partido volvió al poder y desde entonces comenzó una fuerte reforma legal que lo llevó al actual conflicto con Europa. LyJ aprovechó su mayoría parlamentaria para limitar la libertad de prensa, aumentar el control del primer ministro sobre las fuerzas armadas, darle absoluto poder sobre el servicio secreto y reformar los contenidos escolares. El actual presidente, Andrzej Duda, vetó una ley que directamente colocaba al poder judicial bajo el control del legislativo, o sea del premier Mateusz Morawiecki y del actual diputado y hombre fuerte del parlamento, su antecesor Jaroslaw Kaczynski.

Ley y Justicia es el partido más criticado desde el exterior en Polonia desde el fin de la guerra fría, lo cual no parece afectar su popularidad. Una de sus vetas discursivas más importantes es el revisionismo de la historia nacional, en particular respecto a la invasión nazi de 1939 y la ocupación soviética a partir de 1944. La ley con la que se atacó a Páginað12 es un esfuerzo por imponer este revisionismo que es duramente criticado desde hace varias semanas por la prensa europea y de Estados Unidos.

La ambigüedad del texto de la ley, que simplemente establece una pena de tres años de prisión y una multa a quien culpe al pueblo o al Estado polaco por el Holocausto, quedó en claro desde la denuncia. El Estado polaco no suele ser culpado por los acontecimientos ocurridos entre 1939 y 1944 simplemente porque Polonia fue disuelta por los alemanes, un caso único en su administración de países ocupados. Polonia nunca tuvo un gobierno colaboracionista, como Francia o Noruega, porque buena parte de su territorio fue simplemente anexada al Reich y el resto fue transformado en una unidad administrativa a cargo de un Gauleiter. La población de la parte anexada fue brutalmente expulsada para hacer lugar a colonos alemanes, y en el resto del país los nazis crearon un régimen de brutalidad ejemplar. Al menos tres millones de polacos fueron asesinados en menos de cinco años.

Acusar a PáginaI12 por publicar la historia de Jedwabne revela que la intención de la ley es prohibir la discusión sobre la participación polaca en el asesinato de judíos, en el marco del antisemitismo local. La masacre de Jedwabne es de las mejor documentadas, tanto por el juicio de posguerra, bajo el régimen soviético, como por la minuciosa documentación de los ocupantes alemanes. Para los nazis, estos episodios de violencia “espontánea” resultaban incómodos y peligrosos porque implicaban una agencia de una población considerada esclava. En las primeras etapas del exterminio de judíos, cuando grupos de la Policía de Orden los fusilaban en pequeños grupos, e incluso en las primeras acciones de los Einsatzgruppen especializados, se consideró la idea de cooptar a grupos locales como ayudantes. La idea no prosperó por el racismo nazi hacia los polacos, a los que casi únicamente en la Europa ocupada no reclutaron para las SS. Pero este tipo de eventos generaron interminables informes, órdenes y contraórdenes por escrito.

El actual gobierno polaco está buscando borrar una cuestión aceptada y zanjada: que la invasión nazi tuvo, entre otras consecuencias terribles, la intensificación del antisemitismo local. Los muchos casos de polacos que salvaron y defendieron a sus vecinos judíos deben ser entendidos y apreciados en ese contexto difícil. Igualmente, el rol del grupo que denunció a este diario, cuyo nombre parodia el del grupo judío norteamericano de derechos humanos Liga contra la Difamación. Este tipo de apropiaciones es una burla clásica de la ultraderecha.

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