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Hugo Soriani

42 AÑOS

El 23 de marzo de 1976, un día antes del golpe, los veintiséis miembros de la familia Vaca Narvaja, entre los que había trece niños, se asilaron en la Embajada de México.

Por Hugo Soriani

La sombrilla de al lado

Están tendidas en las reposeras, debajo de una sombrilla en el balneario Hemingway de Cariló. Son dos amigas y una habla sin parar:

Por Hugo Soriani

Adrenalina

La peluquería quedaba en Almagro, justo en la esquina de Yatay y Potosí.

Por Hugo Soriani
Jorge “Bocho” Navarro (en el medio), asesinado por la Dictadura en 1976.

Moreno

Volví treinta años después, llevando de la mano a mi hijo de ocho. Había dejado el club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA) en 1974,  cuando fui detenido mientras hacía la colimba.

Por Hugo Soriani

La VTV

–¿Jefe, usted ya hizo la VTV? –me pregunta Osvaldo, el mozo, antes de que termine de sentarme frente a la ventana del bar.

Por Hugo Soriani

Querido Pablo

El viernes 1º de septiembre Pablo  Milanés volvió a cantar en la Argentina luego de varios años de ausencia.

Por Hugo Soriani

Carli

A principios de los setenta los pasillos de la Facultad de Derecho ardían junto al país. El Cordobazo del 69 había volteado a Onganía. Levingston, ese General desconocido que importaron de EE.UU.

Por Hugo Soriani
El River de Carrizo, Onega, Artime, Delem y Roberto, a mediados de los 60.

El Capitán de River

La excusa es el fútbol, el Superclásico y las tensiones siempre vigentes entre gallinas y bosteros. Esta crónica, publicada por primera vez como contratapa de Páginai12 a finales de 2014 y escrita bajo el signo de la banda roja, revela algo de la cultura universal del hincha, de la pasión compartida y transmitida de padres a hijos.

Por Hugo Soriani

Mannequin Challenge

Cuando mi padre me llevaba al colegio, en la década del 60, compartíamos un juego que él decía haber inventado.

Por Hugo Soriani

Pipo y Angelita

El domingo por la mañana despedimos en el Parque de la Memoria a Pipo y Angelita, como siempre llamamos a José Federico Westerkamp y a Ángela Muruzábal de Westerkamp.

Por Hugo Soriani