La sombrilla de al lado
Imagen: Télam

Están tendidas en las reposeras, debajo de una sombrilla en el balneario Hemingway de Cariló. Son dos amigas y una habla sin parar:

Era un rollo de Juan, yo no quería, pero él tenía la idea fija, ¿viste?, la idea fija: “Mi hijo tiene que ir al Buenos Aires, tiene que ir al Buenos Aires”, era su cantinela. ¿Viste como son los ex del Colegio, no?. Se creen elegidos, superiores, de otro planeta. En las reuniones con amistades nuevas siempre se las arreglaba para decir que él “era del Buenos Aires”, aunque nadie se lo preguntara él lo contaba igual. Y si encontraba a otro que había ido al “Nacional”, empezaban un diálogo al margen de todos los demás. “Ahh, vos también sos del Buenos Aires, ¿pero de que promoción?, ¿y a que turno fuiste?. ¿No me jodas que en Francés tuviste a la Foncu?.¿ Y a la Roggio en Latín? Yo también, yo también”, se excitaba. Que boludo Juan, por Dios, que boludo. Creo que en los últimos años de nuestra pareja lo único que lo excitaba era hablar “del Colegio”.

–Bueno ché, tampoco te quejes, peor hubiera sido que se excitara con otras minas, le interrumpe el monólogo su compañera de sombrilla.

–Sí que se excitaba. Cuando en alguna reunión conocía una mina que había ido “al Colegio” se re excitaba el hijo de puta. Es del Buenos Aires, me decía apenas me acercaba yo para controlar su entusiasmo. Y la minita enseguida me preguntaba: ¿Y vos a que colegio fuiste? Y yo que fui al María Auxiliadora me sentía una boluda total. Yo estoy orgullosa de mi cole, ¿viste?, pero me sentía una burra completa porque no había ido “al Nacional”.

Una vez se me ocurrió contestarle a una que yo tenía sólo el primario aprobado, para joder nomás. No sabés la cara de Juan, esa noche dormimos en las dos orillas del colchón, y eso que en vacaciones era cuando más cogíamos. 

Ahora  tenemos que pagar su obsesión. Él  quería que su hijo siguiera  la tradición. Poder decir: “Mi hijo va al Buenos Aires”, pero yo no tengo nada que ver y me tengo que fumar que el pendejo se lleve siete materias  y pelearme con Juan para que ponga la guita y pague el Instituto, que te cortan la cabeza, además de clavarme todo febrero en Buenos Aires porqué si lo dejo solo Camilo no toca un libro. Mientras el padre pasea con su nueva novia de la manito por Pinamar. Hijo de puta, yo matándome con Camilo para que estudie y el matándose con “su chica”, como dicen ahora. Seguro que le debe decir orgulloso: “Camilo, mi hijo, va al Buenos Aires.”, la puta que lo parió-.

–No te pongás  loca, Camilo va a aprobar y ya pasa a cuarto, te queda poco, consuela la amiga.

–Mirá, a veces hasta deseo que lo caguen, que repita y que tenga que cambiar de colegio. Me da lástima por Cami, pero cuando pienso la bronca que le daría a Juan no poder decir que su hijo “es del Buenos Aires”, me divierte, sería mi venganza. Berreta si querés, pero no te puedo negar que lo pienso y me dan ganas, porque además  ese colegio a Cami le quemó la cabeza. Desde primer año que se lo empezaron a chamuyar los del Centro de Estudiantes y ahora le agarró la fiebre de la militancia. Justo ahora que la policía te caga a palos en las manifestaciones. Tiemblo cada vez que va a una. Tiemblo. El pendejo no estudia una mierda pero te da cátedra de lo que sea con esa soberbia adolescente que los hace  creer que se la saben todas,  más los del Buenos Aires. Y yo que no entiendo una chota de política no le puedo seguir el ritmo. No, no es kirchnerista, por suerte no, lo único que me faltaba además es que fuese Kirchnerista. Ahí sí que me tenían que internar. Ya con mi ex me basta, por que Juan es  súper K. Hasta me cuenta Camilo que a “su chica” la conoció en la plaza cuando se fue Cristina. Que romántico. El  boludo de mierda lo primero que le  debe haber preguntado es si era “del Colegio”. No, no,  yo te digo que  ese tema es mi karma. Desde que me separé se me acercó un solo tipo que me gustó. Yo me siento en carrera, pero los tipos quieren el touch and go. Salen una, dos veces, tres a los sumo y rajan. Y eso que yo no les hago el típico rollo de la separada. No les hablo de mi ex, ni de los kilombos con Cami, ni que la guita no me alcanza, ni que se fue la mucama. No, nada de eso. Hablo de cine, de música, de literatura poco porque vos sabés que nunca fui de leer mucho, quizás porqué no fui al Buenos Aires, ¿viste?. En fin, tipos tuve varios pero uno solo que me movió el piso. Hasta que un día me preguntó si yo era la ex de Juan Méndez. Sí, le dije sorprendida, ¿lo conocés?. Claro, me contestó, fuimos compañeros en el Buenos Aires, pero él iba a la tarde.

Al día siguiente lo bloqueé en mi celular.

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