--Cuanto hace que no lo veía por acá, ¿Que pasa? ¿ ya no tiene biyuya ni para tomarse un feca?, me dice Osvaldo, el mozo , apenas me ve entrar al bar.
Miguel Landhe vive en París desde que salió de la cárcel. Es hincha de River y su ídolo de toda la vida fue un nueve de la década del setenta, que sólo los muy fanáticos pueden recordar.
Los sábados a la mañana, cada quince días, mi padre, el Capitán Soriani, lustraba los zapatos de toda la familia en el patio de nuestra casa de la calle Yatay, en Almagro.
Cuarenta y tres años después, Susana Sastre, sobreviviente del campo de concentración de La Perla, en Córdoba, recuerda: “El 24 de diciembre de 1976, vísperas de Navidad, los militares estaban enlo
–¡Por fin aparece! –grita con ironía Osvaldo, cuando me ve entrar al bar.
–Jefe, ¿usted sabe lo que es un mito urbano? –me pregunta Osvaldo cuando aún no terminé de acomodarme en una mesa de mi bar de siempre.
Desde la calle veo que la mesa pegada a la ventana, mi favorita, está libre.
Después de 4.323 días en la cárcel, José Mujica, dirigente tupamaro y futuro presidente de Uruguay, sale en libertad. En sus brazos, lleva una pelela convertida en maceta en la que empiez
Esta vez no tengo que pedir mi cortado. Osvaldo me lo encarga apenas me ve entrar en el bar.
Entro al bar y no veo a Osvaldo, el mozo. El salón está vacío. El cocinero me da la espalda desde atrás del mostrador, y cuando me acerco a llamarlo, Osvaldo aparece por el otro costado.