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Hugo Soriani

El abrazo del oso

Mi casa de la calle Yatay, en Almagro, tenía un zaguán largo de baldosas rectangulares, un vestíbulo donde mi padre, el Capitán Soriani, se sentaba a leer La Nación, su diario de cabecera, y

Por Hugo Soriani

El temblor de Octavio

Lo conocí en el oscuro locutorio de la cárcel de Caseros, una tarde muy fría del año 81.

Por Hugo Soriani

Amadeo, siempre Amadeo

Mi padre, el Capitán Soriani, me enseñaba a jugar al fútbol cuando yo tenía unos cuatro años. Esa es la primera postal de mi infancia.

Por Hugo Soriani

A mí no me jodan con el coronavirus, yo tengo que morfar

Sabe qué jefe, a mí que no me jodan con esto del coronavirus. Yo si no salgo no morfo. ¿Sabe cuánto pago de alquiler por este auto?, dos mil quinientos pesos pago.

Por Hugo Soriani

Carnavales en Almagro

En esa cuadra de Yatay, en Almagro, los carnavales empezaban diez días antes que los anunciara el calendario.

Por Hugo Soriani
Susana Giménez, Haceme shock.

Haceme shock

--Zas, cayó piedra sin llover  --me provoca Osvaldo, el mozo, al verme entrar en el bar. Y enseguida agrega: 
 
 --Usted camina y camina….

Por Hugo Soriani

Chirola

Ninguno de los que lo despedimos el sábado en el Parque de la Memoria supo explicar el origen de su último sobrenombre, con el que fue bautizado por sus compañeros durante los años de cárcel: Chiro

Por Hugo Soriani

Néstor

¿Y a quién querés que ponga, a Mao Tse Tung?, soltó Néstor hace varios años, cuando lo llamamos desde el diario para comentarle sin demasiado entusiasmo el nombramiento de Martín Redrado al frente

Por Hugo Soriani

El primer disco de Claudio Kleiman: Era hora 

Así se llama el disco que tengo en las manos y que escucho desde hace meses.

Por Hugo Soriani

Chupate esa mandarina

--¿De nuevo por acá? --pregunta Osvaldo, el mozo, apenas entro al bar--. ¡A la perinola!-- agrega desafiante.

Por Hugo Soriani