Mi Tío Santi era el marido de la Tía Lita, hermana de mi abuela materna. La gente grande decía que era mi “tío abuelo político”, pero abuelo yo ya tenía uno, y con el que tenía, me sobraba.
Yo digo que cuando el tío Tilio empezaba una narración, abría la contrapuerta de un tiempo diferente. Un tiempo con otra textura, otros figurantes, con una iluminación distinta.
Tal vez porque sus dos hijas mujeres ya estaban crecidas, la cuestión es que al tío Tilio le bastaba con dejarse ver debajo del emparrado espumoso, para que los chicos del pueblo empezaran a llegar
Con estupefacción y pena indescriptibles me enteré de la muerte de Darío. Miro lo que escribo y no termino de creerlo.
Acabábamos de mudarnos a la casa de la calle Moreno, frente al Parque Independencia, pero yo seguía yendo a las reuniones del barrio del Abasto, el de la vivienda anterior.
Desde el 1° de año, día de su estreno, leí varios comentarios sobre el documental “Nisman: El fis
La floración malsana de organismos públicos que realizan tareas de “inteligencia” con intenciones inconfesables es un problema que amenaza a nuestra democracia imperfecta.