Primero los fresnos. La brisa otoñal sacudió sus melenas. Alrededor de sus troncos se formaron coronas perfectas de un amarillo vibrante. El silencio de la calle duele en los oídos.
Ernesto no quiere levantar la vista de la mesa, mira las arrugas de la madera y las grietas asemejan un deck que lo transportan a un paisaje costero.
Bonsai, aquella novela del chileno Alejandro Zambra que se publicó en 2016, es una historia de amor homeopática, es decir, hecha de fragmentos autónomos con cierto remate poético de tal mane
Anoche, cerca de la medianoche, venía en el auto y hablé con una amiga.
Hace años, en 2015, el Senado de Florida aprobó el porte de armas en las universidades públicas del Estado.
Es posible que algo haya tenido que ver aquella primera cocina de su casa de San Martín al fondo, casa de la que nunca se mudó.
Fue así como le cuento, comisario. Llovía escuerzos.
Aún tengo la banda de sonido, tuve primero el video y luego el dvd, y más de alguna foto original llegó a colgar en la pared de mi cuarto. Y todavía lamento no haber tenido jamás el afiche.
La evocación a veces pone en blanco sobre negro relaciones que estaban ocultas.
Vivimos en un mundo en donde ya nadie le cree a nadie.
Dobla por Catamarca. Se detiene en la esquina y se apoya en la columna del alumbrado. Se ata las zapatillas. Mira hacia la farmacia un rato largo. Al fin, entra.
La historia de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota está llena de mujeres en roles protagónicos o de reparto, aunque quizás solo una de ellas cumpla la extraña condición de asumir ambos papeles a la vez: Olga Sudorova.
Desde Barcelona
Sale un pibe con un perrito raro. Entra la mujer del jogging que no me respondió el "buen día" que dije al ponerme en la cola. Me mira la tarjeta verde del banco como para tranquilizarse.
1977. Un tren sale desde Retiro hacia Bolivia con un fin bien promocionado. No era un tren más, pero sí rigurosamente vigilado, igual que en la célebre película checa de Jiri Menzel.
2 de febrero de 2022, 00: 22 hs. (parece mentira, pero no lo es).
En las noches de verano, la ventana del cuarto abierta al bosque, puede escucharse el mar. También, como si se tratara de un secreteo, algún búho. El silencio, me doy cuenta, no lo es tanto.
No sé por qué hay argentinos que le temen al default con el FMI. Yo estoy en default desde el 96 porque me negué a pagar intereses usurarios de una tarjeta del crédito.
Por Hugo Soriani