PLáSTICA › COLOQUIO DE ARTE LATINOAMERICANO EN MENDOZA

El poder de la periferia

Contrapuntos del encuentro internacional que se realizó durante el fin de semana en la Universidad Nacional de Cuyo.

Por Eleonora Molina *
Desde Mendoza

Desde fines de la década del noventa, los encuentros, charlas y debates sobre artes visuales y crítica que se vienen realizando en esta ciudad -organizados tanto por la Universidad como por el Museo de Arte Moderno o por la gestión de los artistas– han consolidado un público cada vez más interesado en la reflexión y la teoría alrededor del arte.
El Primer Coloquio de Arte Latinoamericano, Gestión Cultural y Medios de Comunicación, que tuvo lugar en la Universidad Nacional de Cuyo entre el jueves y sábado pasados, contó con más de quinientos inscriptos, entre los participantes argentinos y los que vinieron de países vecinos.
Bajo la organización impecable de Graciela Distéfano y de la Secretaría de Extensión de la UNCuyo, el coloquio contó con la visita de Kevin Power (subdirector del Museo Reina Sofía de España), Ticio Escobar (director del Museo del Barro en Paraguay), Fernando Cocchiarale (curador del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro, Brasil), el curador chileno Justo Pastor Mellado, la curadora porteña Eva Grinstein, la rosarina Elsa Flores Ballesteros, y los locales Oscar Zalazar, Daniel Prieto Castillo y la senadora nacional por Mendoza Marita Perceval.
Con una gran mayoría de estudiantes de carreras afines a las artes visuales, el auditorio se completó con docentes y gestores de municipios y espacios de arte, museos y profesionales de otras disciplinas. La presencia de asistentes de Buenos Aires habló de la buena difusión de la convocatoria; que éstos representaran menos de un diez por ciento torna real el planteo empírico de la representatividad de la actividad periférica para los centros.
El tema recurrente fue, justamente, la definición de la identidad del arte de las periferias, aplicado tanto a los artistas latinoamericanos en general en contraste con sus pares europeos o norteamericanos, como al arte generado fuera de las capitales o centros urbanos, tanto en Argentina como en el resto de América o Europa. Dado el contexto académico en que se dieron las charlas, resultó inevitable la reflexión sobre el rol de la Universidad, y las instituciones en general, en la solución de esta problemática.
El coloquio comenzó el jueves con una presentación formal que incluyó un homenaje a Arturo Roig, docente de la UNC, quien en su breve discurso planteó la necesidad de “asumir responsabilidades a nivel local que permitan la resolución de los problemas propios sin darle la espalda al mundo”. Acto seguido, el discurso de la senadora Perceval fue tal vez el único donde, con algún sentido de autocrítica, se puso énfasis en las políticas culturales, y lejos del análisis pasivo que caracterizó a la mayoría de las ponencias, se instó a los artistas presentes a tomar partido para ejercer presión sobre la importancia del presupuesto que los dirigentes dedican a la gestión cultural.
Justo Pastor Mellado planteó la necesidad de apartarse del “arte fastfood para curadores ansiosos”, y “olvidarse del curador como promotor de arte, sino más bien, como productor de historias, y del compromiso de éste con su tiempo”. Hizo especial hincapié en la importancia de generar un archivo que preserve el patrimonio cultural de cada región. Destacando con palabras elogiosas los proyectos como Trama o Ramona, indicó que “la microdifusión de proyectos editoriales, clínicas y coloquios es esencial para llegar a participar de los ‘macro-proyectos’ del arte”.
Este tema reapareció en la charla-debate sobre el papel de los medios de comunicación del arte, coordinada por Daniel Prieto Castillo, y de la cual participaron también Julio Rudman, Grinstein, Power, Distéfano, Flores Ballesteros y Pastor Mellado. El disparador fue la falta de atención por parte de los medios masivos de comunicación a las actividades artísticas. En respuesta a las propuestas de acción, Power aportó un significativo disenso: “Los medios tienen una tarea que está basada en la difusión y el impacto, pero no hay en los medios masivos una contribución a un discurso crítico real”.
Ya el viernes, Ticio Escobar centró su discurso en la confrontación de conceptos: “identidad-diversidad, centro-periferia, local-global”. Lejos de perder tiempo en el desarrollo o defensa de cada concepto, subrayó la caducidad de las antinomias geográficas ante la existencia de un mercado global más allá de las fronteras. Instó a “integrar sociedad, Estado, y mercado con proyectos societales más ambiciosos”, coincidiendo con Pastor Mellado en la importancia de las macroinstituciones como trama social. Rescató el silencio de aquellos que colocan la obra lejos de las leyes del mercado y la polifonía visual contemporánea, citando como ejemplo la poesía o los proyectos alternativos cargados de sutilezas, poética u ocultamiento. Finalizó su discurso exhortando al mundo del arte a volver a la utopía de la creación artística como forma de preservar lo que la historia de otro modo olvidaría.
Por la tarde llegaría uno de los momentos más intensos, que debía ser una charla entre Power y algunos alumnos de carrera de artes. El curador, a esta altura devenido en celebridad, llenó los espacios que preveían una interacción con los jóvenes que lo admiraban absortos, por un análisis sincero y muy crítico de la situación del arte en Mendoza.
Disparó enérgicamente contra los docentes universitarios que “aspiran a formar discípulos en una estética de ‘abstracción lírica’, cuando su rol debe ser el de estimular la liberación del discurso propio de cada alumno”. Los alumnos asentían en silencio.
El sábado dio comienzo con una charla de un Power agotado por el requerimiento constante de los artistas y la visita a alguna bodega. Comenzó afirmando que, en materia de arte contemporáneo, “no resulta nada fácil hacer grandes declaraciones sobre cuál es su función, o debería ser, más allá de subrayar su marcha inexorable hacia el mercado o la definición de las prácticas legitimadoras siendo que la cultura es el cuarto negocio mundial”. “Sus pautas de comportamiento como empresa incluyen el poder de confundir y la elusión de la responsabilidad de clarificar sobre el discurso que plantea y la problemática que éste genera.”
Citó a Edward Said señalando: “Lo único que puede hacer el pensamiento con el poder es oponerse y posicionarse con inmediatez ética en el lado del Otro, de esos otros que componen la mayoría de nuestro mundo”. “Sin embargo –agregó Power–, el arte se encuentra con frecuencia en el lado erróneo: decorando habitaciones, adornando bancos, llenando museos o proporcionando cháchara cultural”.
Llamó a revisar y deconstruir los discursos, a reflexionar sobre todo lo que ya hemos oído, especialmente aquellos discursos políticamente correctos y a “establecer una relación dialógica entre arte y vida, lugar ideal para las prácticas, para pensar en cuestiones importantes desde las intimidades de la experiencia”. “Lo contemporáneo –afirmó Power para terminar– se ha convertido en un terreno contradictorio y discontinuo, y ahí es precisamente donde reside su reto y su fascinación.”
El coloquio tuvo por cierre la lectura de conclusiones por los delegados de las mesas de trabajo, donde los días anteriores se habían discutido durante horas las cuestiones planteadas en las charlas. Tal vez por falta de tiempo o de experiencia, estas conclusiones tenían un tono ingenuo que podría ser la justificación misma de algunos de los temas planteados. Consultada sobre estas lecturas, Eva Grinstein detuvo su apurada partida para sintetizar: “Parece que ahora lo local y lo global pueden coexistir”.
* Artista plástica. Nota escrita con la colaboración de Emilio D. Miller.

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Kevin Power en el Auditorio de la Facultad de Artes.
 
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