CIENCIA › DIALOGO CON EDDA ADLER, QUIMICA

La plantita interior y el principio del placer

En la Facultad de Farmacia de la UBA se estudian los efectos de compuestos que se fijan en los mismos sitios que la marihuana y deparan no pocas sorpresas.

 Por Leonardo Moledo

La tentación era interesante: en la Facultad de Farmacia de la UBA investigan la acción de ciertos compuestos de la marihuana, o similares a compuestos de la marihuana dentro del cuerpo, cómo éste los procesa y qué hace con ellos. Llegué al laboratorio siguiendo un interminable corredor, hasta llegar a una especie de salita donde me atendió alguien en cuyas manos vi algo que anhelaba: ¡café! Y, unos pocos pasos más adelante, estaba Ella: Edda Adler, doctora en Ciencias Químicas, investigadora superior del Conicet. Nos saludamos ceremoniosamente, ¡y me dieron otro café!

–Estos diálogos siempre, o casi siempre, los empiezo de la misma manera: cuénteme lo que hace.

–Bueno, aquí contó lo del ascensor, lo del café... no empezó así.

–Pido perdón humildemente. Y ahora así, cuénteme lo que hace.

–Lo que hacemos con mi grupo de trabajo, desde hace ya unos 7 u 8 años, es analizar qué efecto tienen los endocanabinoides en la fisiopatología cardiovascular.

–Los endocanabinoides...

–Hace no más de 20 años surgió de las investigaciones de un grupo de trabajo israelí que el cuerpo fabrica una sustancia, llamada anandamida, que se une a los mismos sitios que la marihuana cuando se la fuma.

–No es poco.

–Y como el principal compuesto de la marihuana es el Delta 9 Tetra Hidro Canabinol, por analogía se les puso a estos compuestos internos el nombre de endocanabinoides. Y el principal representante de ese grupo es esta anandamida, un nombre que viene del sánscrito y que significa, alusivamente, “portador de paz y de felicidad interna”. No me diga que no le di una sorpresa.

–En cierto modo sí, y en cierto modo no. Porque se supone que si una sustancia cualquiera actúa sobre el organismo, el organismo tiene que tener por dónde agarrarlo. Ahora, eso de que viene del sánscrito y que signifique “portador de paz y felicidad interna”...

–Pero no sólo con la marihuana. Sucede, por ejemplo, con la morfina y los opiáceos endógenos. El organismo produce una serie de sustancias con funciones análogas a las de otros productos de la naturaleza, que cuando interaccionan con los sitios de recepción producen un determinado efecto.

–Porque si no, pasarían como si nada.

–La novedad, quizá lo que nos hizo empezar a trabajar en esto, es que se había propuesto que esos endocanabinoides podían ser responsables de la relajación de las arterias y del mantenimiento de la presión arterial dentro de límites normales.

–Yo tengo un poco de alta presión, ¿tendría que...? ¿No me habrán puesto en el café...? Porque la verdad es que al tomarlo sentí una “gran paz interior”, aunque no en sánscrito.

–En realidad, nosotros no encontramos que fuera ese factor.

–Qué desilusión.

–Pero sí encontramos otras cosas bastante interesantes.

–A ver...

–Bueno, una de las cosas que encontramos, después de un largo trabajo de investigación liderado por la bioquímica Roxana Peroni, es que los endocanabinoides son potentes relajantes de la vasculatura lisa y el efecto relajante es mucho mayor en las hembras que en los machos. Eso lo verificamos con las ratas. Otro hecho notable es que ese efecto dependía directamente de la presencia de estrógeno.

–¿Y eso qué significa?

–Podría explicar por qué la terapia sustitutiva con estrógenos para mujeres menopáusicas tiene un efecto benéfico en relación con el control de la presión arterial: en ese control participaría la anandamida y los estrógenos cumplirían un efecto muy importante para mantener ese efecto.

–¿Los estrógenos tienen anandamida?

–No, pero regulan su funcionamiento. La anandamida es una sustancia de origen lipídico que el organismo sintetiza de acuerdo con la demanda. Por ejemplo, cuando hay un aumento de la actividad nerviosa, el organismo fabrica esa marihuana endógena, que tiene vida corta: enseguida es descompuesta.

–¿Qué tan corta?

–Unos pocos minutos, enseguida es tomada por las mismas células o degradada por enzimas. Otra cosa muy interesante es que el organismo fabrica la anandamida (que entre otras cosas tiene una buena capacidad analgésica) cuando aumenta la actividad física. Unos cuantos minutos de bicicleta o de cinta son suficientes para activar la síntesis de esta sustancia.

–O sea que en los gimnasios...

–También podría explicar, aparte de la liberación de endorfinas, la acción benéfica, analgésica, que tiene la actividad física. Y también podría explicar que la actividad física se vuelva adictiva. Hay una cosa analgésica y placentera que podría estar vinculada con esta sustancia.

–Mire usted. Entonces, ¿podemos decir que la anandamida es marihuana?

–No, porque estructuralmente no se parecen. Provocan los mismos efectos, actúan sobre los mismos receptores, pero no tienen idéntica estructura. La anandamida tiene una gran parte de las acciones fisiológicas de la marihuana, aunque no tenga la misma estructura química. Lo que es muy bueno es que el organismo está dotado de “la plantita interior”, como la hemos llamado alguna vez en alguna charla, que es capaz de provocar analgesia y dar una sensación de paz o de felicidad.

–¿Y dónde crece esa plantita?

–En el cerebro y también en el nivel de las arterias. Y en las plaquetas y en tejidos que tienen que ver con el sistema inmune. Está dispersa en todo el organismo, en realidad.

–¿Y a qué está ligada?

–Esa plantita interior está muy ligada con todos los mecanismos asociados con el placer: con la comida o con el sexo. Está relacionada con los circuitos de recompensa que hay en el cerebro y que son activadas por la comida, el sexo o sustancias de abuso. Desde el punto de vista fisiológico, esa marihuana interna tiene un papel muy importante en la regulación del bienestar. Ahora hay una droga en el mercado, que se está preconizando para bajar de peso, que se basa en bloquear el sistema de producción de endocanabinoides para disminuir el apetito. Aunque sea cierto para determinado porcentaje de kilos, hay que actuar con sumo cuidado porque bloquear un mecanismo que está relacionado con los aspectos placenteros de la vida implica sus riesgos. De hecho, un efecto colateral es la depresión.

–Yo no bloquearía los míos.

–Yo tampoco. Otra de las cosas interesantes de la anandamida es que se parece a otra sustancia, llamada “capsaicina”, que está presente en el ají picante y que está relacionada con la percepción del dolor. Esa capsaicina actúa a partir de los receptores baniloides, que son los mismos a los cuales se une la anandamida para producir los efectos periféricos a nivel de la relajación.

–Parece contradictorio. Dolor, placer, todo en un mismo receptor.

–No sé si es tan contradictorio, porque el estímulo de los receptores baniloides en forma constante crea una sensibilidad que les permite desarrollar analgesia. O sea que lo que al principio es dolor, después se transforma en analgésico. Ese fenómeno de efecto contrario se da también en otros sistemas receptores.

–Experimentos con seres humanos no hay todavía, ¿no?

–Hay algo que es básico: hay que separar la marihuana como droga de abuso de la marihuana como agente terapéutico. En Estados Unidos y en Canadá, por ejemplo, está aprobado el uso medicinal de la marihuana. La marihuana, por ejemplo, está siendo utilizada como analgésico para tratar la esclerosis múltiple. En un futuro, la idea es lograr sustancias que tengan menor capacidad adictiva y la misma capacidad analgésica que la marihuana, y lograr manipular el sistema para utilizarlo como analgésico.

–O sea que la marihuana no es tan activa, o tan presta al abuso, sino que tenemos internamente mecanismos para que esto ocurra.

–Nunca una sustancia aislada es responsable si el organismo no tiene un mecanismo para asimilarla. De todas maneras, a mí me queda claro que, aunque me parece sumamente importante estudiar el efecto terapéutico de la marihuana, son sustancias adictivas. Hay que separar la parte benéfica del abuso, que realmente existe y produce una serie de efectos negativos a largo plazo. Es una puerta de entrada a adicciones mayores. ¿No quiere otro café?

–No, mejor no. Es que estoy un poco apurado...

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