CONTRATAPA

Guerra preventiva

 Por Luis Bruschtein

La idea de guerra preventiva es hacer la guerra para prevenir una guerra. Es como decir “más vale pájaro en mano que cien volando”. O sea: una guerra posible puede ser evitable, entonces hagámosla antes que perdamos la ocasión. No se trata de ganar o perder la guerra porque eso está fuera de discusión. Es evidente que si se pierde la ocasión de hacer la guerra sería una verdadera desgracia.
La idea de prevención está en el corazón de este concepto tan complejo y al mismo tiempo tan sencillo. “Yo me suicido antes de que me mates”, o mejor, por supuesto: “Yo te mato para evitar que vos te mates” o “yo te mato para evitar que te mate tu vecino, o tu propio hijo”. La prevención como idea fuerza, como motor energético, va cubriendo el planeta con un manto protector. También está la cuestión de matar, por cierto, pero justamente eso es lo que estamos previniendo. Por todas estas cuestiones tan importantes, la guerra preventiva tiene como consecuencia la paz de los espíritus.
A veces uno se siente idiota porque no entiende el sentido profundo de las decisiones que toma la gente importante. Uno se siente limitado, gris, insignificante, frente a personas que todos los días resuelven el destino de millones. Es posible imaginarlos como seres agobiados por esa responsabilidad planetaria y seguramente superdotados para haber llegado a ese lugar. Por eso es importante entender ese nivel de pensamiento. Y cuando lo entendemos, nos quedamos más tranquilos.
Por ejemplo, el otro día el vecino del 4º C me despertó con la radio a todo volumen a las seis de la mañana. La primera intención, después del sobresalto, fue matarlo. Salté de la cama con ese fin, pero a medio camino pensé que si lo mataba iba a terminar preso. Los tipos que tienen que tomar decisiones importantes no piensan así. No piensan como la gente común. Nosotros, debemos asumirlo, tenemos una visión más pedestre de las cosas. Ellos no piensan, ni se les ocurre, que puedan ir presos.
Si uno lo mira desde ese lugar se asoma a un horizonte nuevo. Es nuevo para uno. Porque en realidad es tan viejo como la humanidad –y no estoy hablando de la prostitución–. Sin ir más lejos: sería imposible entender conceptos como el de hacer la guerra para proteger la paz. O uno algo más cercano, como es el de imponer la dictadura para fortalecer la democracia. No es tan fácil de entender así nomás. No es soplar y hacer botellas. Hay que ponerse en la cabeza de esa gente.
Cuando se intersecta la mirada penetrante de George Bush no se puede menos que reflexionar si para ser así se nace o se hace. Seguramente se lleva en la sangre o se tiene la fortuna para heredarlo. Democracia y dictadura, vida y muerte, paz y guerra, en el fondo forman parte de la misma cosa, como una gran armonía, como el Ying y el Yang. Y Bush, que no tiene por qué dominar el pensamiento chino, porque no lo es, tiene, por esa misma razón, la profunda convicción de que a algunos les toca el Ying y a otros el Yang. Y mejor que los chinos no se lo discutan.
Lo del Ying y el Yang es una metáfora que no está a la altura del personaje pero es útil para explicar su universalismo. En todos lados puede haber un Bush, pero no es casual que sea el presidente de un país que ha producido la cultura más potente del mundo. No por nada, allí se ha formado la mayoría de los ministros de Economía que tuvimos desde 1976 en adelante.
Estados Unidos es un país de presidentes. Los norteamericanos tienen la efectiva impresión de que lo que ellos decidan como comunidad afectará indefectiblemente a los demás países del globo. No hablan sólo por ellos, sino por toda la especie. Piensan como presidentes. Aunque a veces piensan como la gente común y se hacen pacifistas. Y Bush no es para la gente común, está para la gente importante, con mayor ambición.
Guerra preventiva es el término técnico, la idea es defenderse antes de tiempo. En la jerga mediática, la coalición habla lisa y llanamente deguerra de liberación. Es difícil entender cómo una guerra de liberación puede ser al mismo tiempo preventiva: “Yo me libero antes de perder mi libertad”.
La clave está en que es preventiva para Estados Unidos y de liberación para el pueblo iraquí. Y el nombre propio de la operación es “Libertad iraquí”, para lo cual acaban de llevar desde Kuwait a un empresario educado en Gran Bretaña y Estados Unidos que se fue de Irak cuando era niño. Es decir, los iraquíes liberados tendrán primero como gobernador a un general retirado norteamericano y después a un empresario que no conocen, pero que está educado en la democracia. O sea, será un presidente impuesto por un ejército de ocupación, pero democrático. Y su primera obligación será pagarle a ese ejército la fortuna que debió gastar para liberarlos. Como resultado, se puede decir que así como los argentinos tenemos al Libertador General San Martín, los iraquíes tendrán al Libertador George Bush.

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