SOCIEDAD › EN EL CIRCULO DE CARRASCOSA RECHAZAN LOS NUEVOS TESTIMONIOS

Todos se acusan de mentirosos

Parte del grupo familiar se reunió ayer a discutir estrategias. Apuntan contra los que dijeron ver a Carrascosa en el bar.

 Por Horacio Cecchi

Después del contundente giro que tomó el caso García Belsunce, el propio círculo que rodea a Carlos Carrascosa salió al cruce de los testimonios que aseguraron haberlo visto en el club house del Carmel y no, como señala su coartada, en la casa de su cuñado, Guillermo Bártoli, viendo un partido de fútbol. “El Gordo asegura que no estuvo en el club house –confiaron a Página/12 allegados del viudo–. No entiende por qué mienten, y no entiende por qué, si hace como cinco meses que en todo el país saben lo que él dijo, vienen a discutírselo recién ahora. ¿Por qué no lo dijeron antes?” Parte de ese círculo estuvo reunido ayer, durante toda la tarde y buena parte de la noche, en el estudio de José Scelzi, supuestamente para discutir la estrategia a seguir. De la extensa reunión participaron los abogados, el propio Carlos Carrascosa, Horacio García Belsunce y Guillermo Bártoli, cuyas declaraciones corren de la mano con las de Carrascosa. Algunas versiones no confirmadas sostenían que con ellos se encontraba Irene Hurtig. De ser así, su presencia podrá considerarse tan llamativa como preventiva: el día del crimen, Irene participó de una reunión en su casa que según su mucama nunca existió. Anoche, el juez Diego Barroetaveña continuaba analizando si daba curso o no a la detención del viudo de María Marta.
Los testimonios de Susan Murray (amiga de María Marta en Missing Children), Alba Benítez (concesionaria del restaurante del club house del Carmel), Gerardo Oberndorfer (mozo del restaurante) y Catalina Vargas (empleada en la casa de Bártoli) dieron el puntapié al pedido de detención elaborado por el fiscal Diego Molina Pico. Esos testimonios se sumaron a un cúmulo de indicios que cerraban en abanico principalmente sobre la figura de Carrascosa.
Pero aun existiendo ese notable giro, el caso está lejos de evidenciar claridad. La certidumbre de Molina Pico en la imputación de homicidio agravado, la aparición de los nuevos testimonios que vienen a desmoronar las coartadas de Carrascosa y Bártoli (y la de su esposa Irene Hurtig ante la prensa), la ratificación del viudo sobre su coartada y la de la masajista Beatriz Michelini sobre la suya no hicieron más que llenar los aparentes vacíos con sospechas, mentideros, dudas y contradicciones. Conviene analizar detalladamente cada uno de ellos. Los dichos:
- Catalina Vargas aseguró que después de las 18 del día del crimen, en la casa de los Bártoli la tevé estaba apagada y, como no quedaba nadie, levantó pocillos y ceniceros.
- Beatriz Michelini vio, según Susan Murray, a Carrascosa en el club house, a la hora en que supuestamente se encontraba mirando el partido en lo de Bártoli.
- Alba Benítez no sólo lo vio después de las 18.15 en su restaurante, sino que se sentó a tomar café y lemoncello con ella y le pidió un cigarrillo.
- Gerardo Oberndorfer coincidió con Benítez.
- Carrascosa aseguró que a las 19 abandonó la casa de su cuñado y se dirigió a la suya. Antes pasó por lo de los Taylor pero no encontró a nadie.
- María Magdalena Podestá de Cartier y su hija estuvieron esa tarde de visita en lo de los Taylor y dan fe de que estaba toda la familia.
- Michelini ayer ratificó ante la diva Su Giménez que no fue al club house sino desde la guardia hasta el chalet de los Carrascosa, y recién cuando éste llegó a la vivienda. Pidió que Susan Murray hiciera memoria.
Las contradicciones son evidentes. ¿Continuó la reunión en la casa de Bártoli tras el partido River-Boca? Carrascosa y Bártoli aseguraron que sí. Irene Hurtig dijo haber permanecido recostada en el dormitorio. Pero resulta difícil imaginar los motivos por los que la empleada, la amiga de María Marta, el mozo y la concesionaria del restaurante se animarían a mentir en un caso de homicidio. Sin oponer estos cuatro testimonios claves a los de Carrascosa o Bártoli, que pueden tener un interés específico,tampoco se entiende por qué falsearía la realidad Michelini. En este punto, algunas especulaciones del ámbito judicial consideran que inicialmente la masajista pudo no haber tenido dimensión de los hechos y que luego quedó empantanada y sin posibilidad de desdecirse. Su versión es abiertamente contradictoria con la de Murray, que a su vez coincide abiertamente con la de los otros testigos. Molina Pico se sustentó en el testimonio de esta última y descartó el de Michelini, imputada de encubrimiento agravado.
Ayer, la preocupación en el círculo áulico de Carrascosa quedó certificada con la reunión en el estudio de José Scelzi. Allegados a ese círculo manifestaron a Página/12 que “el Gordo asegura que no estuvo en el club house. No entiende por qué mienten y tampoco por qué largaron esa versión recién ahora, cuando ya todos sabían qué decía Carrascosa”. Esos allegados no pudieron evitar reconocer el pesimismo que reinaba, pero lo adjudicaron a un “clima de linchamiento”, y agregaron que antes de las elecciones “los políticos le bajaron el pulgar para demostrar que los ricos no tienen protección”.
La fundamentación del fiscal también presenta algunas grietas: la presencia de Carrascosa en el club house por sí sola no parece alcanzar para definir su rol de homicida. Pero existen un cúmulo de indicios y sospechas que hacen de éste uno de esos casos en los que una mancha más transforma al tigre en pantera negra. Anoche, el juez Barroetaveña se hacía estas preguntas y analizaba si dar curso o no a la detención de Carrascosa.

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José Scelzi, abogado de Carrascosa, en la puerta de su oficina, donde se reunió la familia.
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