CONTRATAPA

Debe haber algún error

 Por Eduardo Aliverti

Robert Fisk, periodista irlandés especializado en Medio Oriente y corresponsal de The Independent, escribió el último viernes en Página/12 que en la denominada guerra contra el terror “el guión lo escribe Bin Laden”.
“¿Nos ataca Al-Qaida? Vamos a cachear a todo musulmán que se encuentra en un aeropuerto. Espiemos a nuestro propio pueblo”, dice Fisk. “Cómo debe estar sonriendo Bin Laden... Y me consta que no es un hombre con sentido del humor. Ahora los estadounidenses tienen que vivir con el Departamento de Seguridad Interior (en inglés, Department of Homeland Security). Homeland puede traducirse como ‘patria’ o, en alemán, Heinmat, como se decía durante el Tercer Reich. En los aeropuertos de Estados Unidos ya son marcados los viajeros extranjeros, ya sea por su color de piel, su religión o su empleo.”
Como, en efecto, el guión está escribiéndolo Bin Laden, bien nos vendría por aquí preguntarnos quiénes escriben el de la demonización del movimiento piquetero. Hay un machacar casi insoportable de gente que llama a las radios para pedir que de una vez por todas se haga algo “contra esos delincuentes que viven de la vagancia”. La mayoría de los diarios directa o indirectamente urge a la mano dura contra los cortes de calles y rutas. Encuestas cotidianas hablan de un enorme grueso de la población hastiado de sus dificultades en el tránsito. Y está la “novedad” de empresarios que también le exigen “firmeza” al Poder Ejecutivo. Cómo será que una de las muy pocas cuotas de sensatez la puso el propio gobierno (en tanto aparece como el más perjudicado por esta reacción social), al advertir que el fuego y la sangre, o la represión lisa y llana en cualquiera de sus formas, no sólo jamás solucionaron nada en este país. Lo agravaron todo. Discurso que, por supuesto, deberá seguir corroborándose en la práctica.
Algún error debe haber si nos la estamos agarrando con el cartero.
Algún error debe haber para que seamos tan virulentos contra gente que lo perdió entre mucho y todo, más allá de que algunos de sus dirigentes resulten entre antipáticos y sectarios, y ya no lo seamos contra la gente que se robó la Argentina.
Algún error debe haber para que hayamos desplazado al hambre y la marginación del centro de la escena, y puesto en ella el malhumor porteño por los embotellamientos.
Algún error debe haber para que privilegiemos el perjuicio al derecho de circular libremente, por sobre el atentado al deber estatal de proveer las posibilidades de una vida digna.
Algún error debe haber si tantos periodistas están sacando la cuenta de la plata que se pierde por la acción de los piqueteros, y han dejado de calcular las escalofriantes pérdidas económicas que producen la desocupación y la desinversión educativa, sanitaria, científico-técnica.
Algún error debe haber si es cierto –como dicen los sociólogos– que la clase media ve, en los grupos de marginados que inundan Buenos Aires, la cara de lo que podría ocurrirle si las cosas no mejoran estructuralmente; y si en ese caso prefiere que le barran el problema debajo de la alfombra, de la manera que sea.
Algún error debe haber si es tan ínfimo el número de argentinos capaz de percibir que la condena sin más contra los piquetes empalma con las operaciones de las mafias policiales para crear una sensación de inseguridad insostenible, y provocar una escalada represiva.
Algún error debe haber si tanta gente cree que tanta gente sale a la calle todos los días por el gusto de salir. Si tantos dicen que lo hacen porque no tienen otra cosa que hacer. Y es que justamente: no tienen otra cosa que hacer.
Algún error debe haber si los sectores medios devaluados están que trinan por los centavos de aguinaldo que recibirían quienes cobran los planes de ayuda. Dicen que ellos no reciben tantos beneficios, che. Comparan con lo que gana un docente, un empleado público, uno administrativo. Algún error debe haber si no lo comparan con lo que gana cualquier parásito ricachón, cualquiera de las empresas privatizadas por la rata que supieron votar, cualquiera de los bandidos internacionales que siguen cobrando la deuda.
Algún error debe haber si volvemos a confundir al enemigo.
Hay una frase de Anatole France: “Todos los pobres tienen la libertad de morirse de hambre bajo los puentes de París”. Tal vez no haya error. Tal vez sea eso. Tal vez querramos que la libertad consista en eso.

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