CONTRATAPA

Marlene, la paz y el coimero

 Por Osvaldo Bayer

Apenas hace dos días una brisa fresca me alegró el corazón y me abrió bien grandes los ojos: sí, sí, el 29 de enero se cumplieron 75 años de la aparición de Sin novedad en el frente el libro de Erich María Remarque. El libro esencialmente de la paz, el libro que enseñó al mundo a odiar por siempre a la guerra, a las armas, a los uniformes, a las voces de mando. Erich María Remarque, un héroe de los pueblos, que había sido soldado en la Primera Guerra Mundial, había contado los horrores, las miserias, las cobardías, la irracionalidad, la estupidez de las batallas. Una guerra que les había quitado la vida a millones de jóvenes, que les había cercenado las piernas, que los había dejado ciegos, que les había quitado la alegría. La tristeza profunda del escritor cuando cuenta el olor a podrido de las trincheras, el cuerpo destrozado de los soldaditos de 17 años, las piernas arrancadas, los vientres abiertos, las caras sin ojos. Los curas que bendicen los gritos horribles de los heridos al morir, en vez de reunirse todos con sus cruces en el propio frente e impedir la guerra.
El escritor Erich María Remarque que describió el miedo de los jóvenes ante el ruido de la ametralladora que se acerca, el dolor cuando la ráfaga le entra en el vientre y sólo le quedan segundos para pensar en el ser femenino que lo esperaba, sí, Erich María Remarque tendría que tener un monumento en cada ciudad. El hombre que sintió el dolor que significa morir por nada. No, pero nosotros tenemos reservados el lugar céntrico para monumentos del general Roca, el genocida de los habitantes libres de las pampas libres. ¿Remarque? No lo conozco. Roca, sí el héroe de la campaña del desierto. Estanciero y general. De la estirpe de Ramón Falcón, Uriburu, Onganía, Videla. Viva la Patria. A Erich María Remarque, Hitler le quemó todos los libros y le asesinó a su hermana, a su querida hermana Elfriede. Pero no pudo destruir nunca a esa joya de la literatura humana llamada Sin novedad en el frente, a pesar de todos los nazis, fascistas y franquistas del mundo. Se vendieron millones de ejemplares. Fue traducida a la mayoría de las lenguas. En la Argentina lo editó la editorial Claridad, ejemplo de conducta y grandeza en la edición de libros de la dignidad y el humanismo.
Un libro que tendríamos que volver a leer todos. En tiempos de Bush que bombardea viviendas en Irak y Afganistán y siempre mata niños. Roca. Bush. ¿Le haremos un monumento?
Después de la brisa fresca que me alegró el corazón, leo que se van a destruir las picanas eléctricas que existen en nuestras cárceles. ¿Cómo? ¿Es un chiste? No, lo reconocen las autoridades oficiales. ¿Pero qué, somos cínicos o tenemos perversos en nuestra vida social? Se nos dice que vivimos en democracia y a una mujer de las humilladas le pegan un tiro en la nuca porque denunció que la policía les cobra coimas.
Bien, en una estadística reciente de Alemania donde le preguntan al pueblo cuál es la institución en la que todavía creen el 81 por ciento respondió: la policía. Parece un chiste alemán. Pero es cierto, lo que ocurre es que en mayo de 1945 a la policía alemana le quitaron todas las picanas eléctricas. Pero en diciembre de 1983 no pasó lo mismo con la policía argentina, la siguieron usando hasta ahora. Y no sólo la picana.
Pero claro, no es todo oro lo que reluce. Aquí, en Alemania, la moralidad está bien baja, en las esferas del dinero. ¿Y si no, cómo se puede explicar lo de la venta de la empresa germana Mannesmann a la inglesa Vodafone? Se trabajó de tal manera que se pagaron fuertísimas coimas, perdón, comisiones, a los altos dirigentes empresariales. Al presidente de la empresa, Klaus Esser, se le dieron 60 millones de euros (que valen más que el dólar) y una pensión de 12 mil euros por mes, como coima, para que facilitara la venta. El se ha defendido ante las acusaciones diciendo que él ha cumplido con su vocación, el comercio, y que no ha sido nada más queuna forma de comerciar entre pérdidas para algunos, y ganancias para otros. Los otros directivos, entre ellos Ackermann, del Deutsche Bank, tuvo los mismos argumentos e hizo con los dedos la V de la victoria y reía con toda la boca como diciéndole a la gente que estaba en el juzgado: “Gané, estoy en el juego de la globalización, y ¿qué, ahora me voy a arrepentir?” El más complicado de todos es el representante obrero en el directorio, el metalúrgico Klaus Zwickel, que si bien no dio el sí a la venta, se abstuvo, y con esa abstención ganó Vodafone. El representante sindical alemán podía integrar la junta de los Gordos de la CGT argentina, no hay ninguna diferencia. Claro, ahora el problema lo tiene la Justicia porque, dentro del sistema globalizado, una venta así ¿no es acaso negocio?, ¿no se aplican las reglas de juego que rigen en todo el mundo? Fue una operación comercial, con coimas, sí, pero comercial al fin. Bien, cómo explican esto los maestros a los alumnos, dónde queda la palabra moral. El ex presidente de la Mannesmann, Dr. Esser, se gana en pocos minutos millones de euros, mientras que a los viejos internados en hogares de ancianos se les suben los precios de los medicamentos y de atención médica (porque es una regla del sistema globalizado: las cosas cada vez andan peor). Muy bien, sí, la policía anda bien, ¿pero qué pasa si un desocupado le grita ladrón a Klaus Esser y le tira una piedra?: lo llevan preso al desocupado y no al que no le caben ya los billetes en el bolsillo por realizar “una operación comercial”.
Es increíble la capacidad que tiene el capital para inventar lugares neutrales a fin de aumentar las ganancias de los capitanes de la industria o el comercio. Está el caso en Alemania del administrador de la Central para Desocupados, Florian Gester. (Ahora esas oficinas tienen un nombre más adecuado: “Agencia de ocupaciones”.) Bien, a Gester se lo acusó de manejarse con demasiados “consejeros privados”. Por ejemplo, cuando se presenta un problema no se trata de resolverlo con funcionarios que trabajan allí sino que se recurre a “empresas asesoras”, consultings. Se firma un contrato y se esperan los “consejos”. Claro, ahí puede producirse la ocasión: se contrata a quien más “comisión” ofrece. En gran parte, estas empresas asesoras son nada más que una junta de personas que mantienen relaciones con funcionarios ministeriales conocidos o con gerentes empresarios. En el mundo de los negocios, ¿es esto inmoral? ¿O es la manera de que toda la gran maquinaria funcione? ¿Se puede estar globalizado con una estricta honestidad? No, la honestidad no tiene grandes horizontes para actuar en estos mercados. La policía sí dirige bien el tránsito, trata bien a los borrachos y le cobra multas a quien escupe en el piso. Para eso está. Pero, para los grandes negocios, grandes libertades, que vuele la imaginación. Klaus Esser es un nombre con imaginación, que goce pues ahora de sus sesenta millones de euros.
Erich María Remarque comprobó su gran derrota cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, más mortífera, más perversa, más cruel que la Primera. Como antes, millones de jóvenes fueron a perder lo más sagrado, la vida, vestidos en uniformes. Erich María Remarque para olvidar ese nuevo y desgarrante dolor debe haber pensado en los queridos años en los que vivió junto a Marlene Dietrich, el amor en la intimidad. Por lo menos aquellas caricias y aquellas canciones en el oído. Un placer que el gerente Klaus Esser no va a poder gozar a pesar de sus 60 millones de euros.

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