ESPECTáCULOS › EL FESTIVAL DE COSQUIN SE ACERCA A SU ULTIMA LUNA

La humedad de un tal Cacho Castaña

Lejos de la polémica por su cachet, el cantante supo ganarse al público de la plaza. Juan Carlos Saravia tuvo un emotivo homenaje.

 Por Karina Micheletto

El Festival Mayor del Folklore ya está encarando su recta final, y comienzan a delinearse los resultados de la programación de la plaza Próspero Molina, con escasa convocatoria de público a pesar de los momentos de calidad, excepto en las noches en que actuaron Los Nocheros y el Chaqueño Palavecino. Lo que todavía no queda saldado es el debate por el criterio con el que se decidió quiénes deben ocupar el lugar del escenario, y cuánto se le paga a cada uno. La noche del jueves, con la actuación de Cacho Castaña, reavivó la polémica por el cachet que embolsó el cantante: cobró 18 mil pesos, una cifra excesiva si se piensa que Soledad, una figura sin dudas más convocante en esta plaza, no pudo cerrar trato por 20 mil, o si se tiene en cuenta que artistas como Juan Iñaqui cobraron 400 pesos, y otros como Mariana Carrizo actuaron directamente gratis.
Más allá del debate que lo tiene como protagonista, el jueves Cacho logró despertar a la plaza con su particular estilo. Tras una entrada hollywoodense, de impecable saco negro y chalina blanca, esta vez sin su excesivo sombrero, se adaptó como pudo al escenario telúrico intercalando escuetas frases como “Buenas noches Cosquín” o “Viva la patria”. Cuando el “olé, olé, olé” de la platea se hacía sentir, el locutor Marcelo Iribarne remató la noche haciéndose eco de la polémica por los cachets: “Si entendemos por folklore la felicidad del pueblo, hoy conseguimos que Cosquín sea la mayor plaza del folklore”, disparó ampulosamente, a modo de justificación.
Castaña arrancó bien arriba con su mejor tango, Café La Humedad. Siguió con el homenaje en vida que le escribió a Roberto Goyeneche, Garganta con arena (antes de cantarla recordó que su cumpleaños era precisamente el 29 de enero), el que le dedicó a otra amiga suya, La gata Varela, y la patriotera canción-carta Septiembre del ‘88. La colorida banda que lo secundó, cultivando por momentos sonidos más cercanos a ritmos de cumbia, se adecuó mejor sobre el final, cuando llegó el set más pachanguero con temas como La reina de la bailanta.
Antes de este atípico momento coscoíno hubo otro más standard y emotivo, cuando Juan Carlos Saravia, uno de los fundadores de Los Chalchaleros, recibió a modo de homenaje una copia del primer disco del grupo, de 1953, y un poncho coscoíno. Saravia terminó cantando a capella con la gente la zamba Lloraré, mientras la plaza se poblaba de pañuelos desplegados al aire. A su turno, Roxana Carabajal entregó buenas versiones de La simple y Escondido de la alabanza, entre otras. Hacia el final de la noche, ya sobre la madrugada, Víctor Heredia interpretó los temas de su último trabajo, Fénix, para cerrar con clásicos como El viejo Matías, Sobreviviendo y Todavía cantamos.
La noche de hoy promete levantar un verdadero desparramo: Antonio Tarragó Ros reunirá sobre el escenario a cien acordeonistas de todo el país en una Tarragoseada con la que homenajeará a su padre. Entre lo más interesante de la programación también estarán Jairo y Pedro Aznar. Mañana, en la noche de gala que se agregó a las nueve lunas, no estarán, como se había anunciado, Los Auténticos Decadentes. El Chaqueño Palavecino será el anfitrión que invitará a Los Tekis, Los Amigos y Facundo Toro –todos manejados por el mismo productor– para dar el cierre extendido al festival oficial. Que, se sabe, es sólo una parte de Cosquín, no necesariamente la más importante, pero sí la más cuestionada y polémica, y la que sale por televisión.

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Castaña le puso su voz a un set más cerca de lo cumbiero que del folklore, pero gustó igual.
 
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