CONTRATAPA

Los héroes del señor ministro

 Por Osvaldo Bayer

Ellos van avanzando. Después de la derrota absoluta que significó para la dignidad humana el método de la desaparición de personas, los militares argentinos pasaron al sótano de la historia en nuestra sociedad. Desde ese momento comenzaron a poner ladrillo sobre ladrillo para poder regresar. Para ello tomaron el tema de la guerra de Malvinas. Una temática que en cualquier otro país civilizado los hubiera ayudado más para desaparecer por la eternidad de la sociedad. Pero aquí no. Aquí, desde hace años, se busca presentar a esa derrota más que vergonzosa (ver el informe Rattenbach), como guerra heroica y a sus participantes como “héroes de Malvinas”. Y tienen mucho éxito. Hay miles de argentinos –y no pocos políticos de profesión, economistas, empresarios y hasta presidentes de clubes de fútbol– que tienen en nuestro país una marcada tendencia fascista. Ellos van poniendo su granito de arena en la reivindicación de los militares. “Que se vayan todos”, ese grito, a ellos les gusta. Que se vayan todos los políticos, claro, así luego llegan ellos, los que traen orden y disciplina, como dice el mito, como ya ha comenzado a murmurar más de un patrón de taxi, como es costumbre porteña. Es decir, que se vayan todos los que gobiernan ahora, como quieren decir los manifestantes, es transformado en que se vayan todos los políticos y que vuelvan los militares. Lo escuchamos en el ‘43, en el ‘62, en el ‘66, en el ‘76. Y llegamos así a las dictaduras de Ramírez, de los “azules-colorados”, de Onganía y de Videla.
Ya lo escribimos varias veces: hemos sido gobernados por dos partidos populistas y por dictaduras durante 86 años, y como producto final tenemos esto, lo de hoy: corrupción, estafa al pueblo, miseria. La situación ya parece irreversible: aparece muy difícil, por ejemplo, que el radicalismo vuelva alguna vez a ganar una elección presidencial. El mezquino final aparece con la huida de Fernando de la Rúa en helicóptero y la consiguiente feroz represión en la Plaza de Mayo. Pero no está muerto quien pelea. El hombre clave se llama Jaunarena y es el actual ministro de Defensa, y es radical. Los radicales siempre han trabajado codo a codo con los militares. Hasta en la Década Infame hubo partes del partido que colaboraron con los tristes gobernantes de esa época vergonzosa, el presidente Ortiz, por ejemplo, salió de esas filas. Y luego ese mismo radicalismo aprovechó de las oportunidades que les dieron los gobiernos militares, con el prohibido peronismo, para ganar las elecciones unipartidarias.
Acaba de ocurrir un escenario patético de las búsquedas de los radicales con sus amigos uniformados de siempre. El acto que presidió Jaunarena sobre el “bautismo de fuego” de la Fuerza Aérea fue una demostración de servilismo y de falacia histórica.
El discurso del ministro estalló en alabanzas y floripondios de heroísmos, valentías, Patria, sacrificios, inmolaciones, bravura, intrepidez, coraje, temeridad, sacrificio por la patria, sacrificio por la enseña que la Patria nos legó, proeza, la Argentina, la Argentina, viva la Argentina, nuestros pilotos son la Patria misma. Las palabras le salían al ministro radical Jaunarena con una lluvia de saliva que se le acumulaba en los labios. Luego, cuando comenzó el desfile, lo vimos todos por televisión, el ministro aplaudió desde el comienzo al fin. Todos aplaudieron al principio, pero nuestro ministro Jaunarena, desde el principio al fin. Habló mil veces de la proeza de Malvinas llevada a cabo por nuestra Aeronáutica (¿cuál que no hacen todos los aviones militares del mundo con los elementos de precisión que poseen?), pero no dijo nada sobre que los mismos pilotos de Malvinas, durante la represión, llevaron en sus aviones a los detenidos-desaparecidos a diversas cárceles del país. Los testimonios son de un horror bien argentino: los gendarmescustodiaban a los prisioneros que iban atados e inmovilizados y debían estar agachados y los gendarmes les caminaban por las espaldas y las nucas. Y ninguno de los “héroes” aeronáuticos protestaron por lo que veían. El señor ministro radical Jaunarena no habló, por ejemplo, del campo de concentración Mansión Seré, de la Aeronáutica, donde fueron brutalmente torturadas desde mujeres encinta a hombres viejos y enfermos; uno de los capítulos más cobardes de la historia de la humanidad llevado a cabo por los “valientes y heroicos oficiales aeronáuticos” del ministro Jaunarena. Sí, sí, después de entrenarse con los presos de Mansión Seré iban a bombardear las Malvinas. Todos, en los juicios se callaron la boca, con una falta de coraje civil inaudito. Vaya, señor ministro, al museo de la represión Mansión Seré, ya mismo vaya, ahí va encontrar todos los elementos de la cobardía y la saña de sus oficiales preferidos. Cobardes, felones, pervertidos. Los “héroes del ministro Jaunarena”, buen título para una historia bien argentina. Allí a los prisioneros se los mantenía desnudos. Fue fama entre los represores que los de Aeronáutica eran los mejores en manejar la picana eléctrica. En el reciente libro del ex arquero de Almagro Claudio Tamburrini, que estuvo preso en la Mansión Seré, el señor ministro podrá leer hasta qué punto de la cobardía llegaban sus admirados hombres de la Aeronáutica.
Cuando quien escribe estas líneas debió salir por Ezeiza hacia el extranjero, protegido por la embajada alemana, debió soportar toda la brutalidad de un jefe de la Aeronáutica, el comodoro Julio César Santuccione, quien le gritó: “Jamás va a volver usted a pisar el suelo de la patria, ¿me entendió?, jamás”. Tenía un aspecto estólido, de creído mandamás. Se sentía fuerte con las armas en la mano frente a un perseguido. Mi crimen había sido escribir La Patagonia rebelde. Poco después este jefe de la Aeronáutica fue nombrado jefe de policía de la dictadura en Mendoza. Intervino allí en decenas de tormentos, secuestros y desapariciones durante su jefatura. Tuvo participación en los secuestros de los jóvenes De Marinis, Villegas, Sabatini, Seydel, Moretti, Zárate y otros. Este modelo aeronáutico para el ministro Jaunarena, en la zona de Papagallos, ordenó decenas de asesinatos. Justo en esa época, que el señor ministro califica de “heroica guerra de Malvinas”. Y en la Aeronáutica de Agosti hubo incontables asesinos a la Santuccione.
Hay que terminar con el mito de la “heroica guerra de Malvinas”.
Esa guerra debe calificarse como “la guerra hecha para salvar a la dictadura militar llamada”. Por eso hizo el operativo Galtieri y no por otra cosa. De pronto, la dictadura genocida, que había asesinado a miles de argentinos, y había hipotecado el futuro argentino con una deuda externa increíble, de pronto, como decíamos, se sentía patriota y se le daba por Malvinas, una problema que había aguardado durante décadas para su solución. Siempre por la vía pacífica como la procuraron los presidentes Illia y Perón.
“Bautismo de fuego de la Fuerza Aérea” calificó el eufórico radical Jaunarena a la triste y falsa fiesta de la semana pasada. Para poner a las Fuerzas Armadas nuevamente en sociedad, presentable. Cuando las urnas niegan el voto no está mal buscarse amigos. Más cuando los argentinos hemos llegado a ser todos “Héroes de Malvinas”.

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