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Mensaje

La cobertura sobre la presión de la Iglesia por la educación sexual me parece excelente y oportuna. Pero así y todo tiene un defecto grave: adopta la manera clerical de discutir; se restringe a argumentos ad hominem. Típicamente, la Iglesia arremete contra los ministros, acusa a los gobiernos de intenciones retorcidas (cosa que puede ser rigurosamente cierta). Sus “argumentos” no se refieren al sexo sino que tratan de minar la autoridad de su opositor para decir o decidir algo sobre el sexo. ¿Por qué razón el articulista se tira al piso para discutir con la Iglesia a dicho nivel de oligofrenia? ¿Por qué no enfoca los argumentos y razones históricas de la Iglesia para tener una posición tan anacrónica, irreal y dañina con respecto al sexo? Me refiero a que sus prejuicios producen todo tipo de perversiones, incluido el abuso sexual de niñitos por parte de los curas, explosión demográfica sobre todo entre los más desposeídos, desquicio y humillación de la mujer e irrealidad, en tanto y en cuanto el 99 por ciento de los matrimonios católicos no copula únicamente para procrear. En pocas palabras: su propia grey no les hace caso. Por ejemplo, suponer que hay algún mérito especial en la maternidad virginal, aparte de ser morboso en sí, ofende a nuestras abuelas, madres y esposas que no lo fueron ni lo son. ¡Y todo porque allá en el mundo semítico de la Edad de Bronce Tardía cuando se adoptaron esos criterios, la mujer era poco menos que un objeto sexual y una esclava de ínfima categoría! El asunto de la virginidad llevó a Agustín de Hípona a realizar verdaderas contorsiones intelectuales para justificar que Jesús fue concebido “sin pecado” y hasta nació sin perturbar la virginidad de su madre. ¿Será por esas patrañas que la Iglesia del siglo XXI no puede discutir maduramente el asunto de la sexualidad, y debe limitarse a dar pataditas ad hominem? ¡Levántese del piso, señor periodista! Encienda la luz. Recurra a la historia del judeocristianismo, a la evolución y biología del sexo, y a la sociología de mujeres y hombres de verdad, al derecho de la Iglesia a meter esos prejuicios en la cabeza de nuestros niñitos a una edad en que se incorporan sin un razonamiento previo, y los condena a la chatura mental y al morbo sexual.

Marcelino Cereijido
DNI Nº 3.142.989

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