DEPORTES › IGUAL QUE BERGKAMP EN EL 98, AHORA FUE UN TAL VAN BROCKHORST

Otra vez nos embocaron al final...

Con un golazo sobre la hora, Holanda superó 1-0 a Argentina en un partido táctico que pudo ser empate. Los de Bielsa, impecables en defensa –grandes, Ayala y Cavallero– y pobres en ataque. Verón fue el volante central y Aimar el mejor arriba. Fracasaron los López.

El seleccionado argentino volvió a padecer ante una potencia –en este caso, Holanda– en el primer compromiso de riesgo luego de la Copa del Mundo de Japón-Corea. Después de los tres éxitos consecutivos que sumó el equipo nacional integrado con jugadores del ámbito local, el plantel “europeo” conducido por Marcelo Bielsa perdió 1-0 con Holanda, en Amsterdam. Argentina, que bien pudo empatar, tuvo sus mejores virtudes en la defensa pero creó poco en ataque. El local hizo un poco más, sin superioridad ostensible. A la inversa, lo peor de los locales fue una línea final vacilante; pero llegó mejor –por Kluivert, sobre todo– y definió con una contra excelente encabezada por Seedorf por derecha y terminada por izquierda cuando se firmaba el empate. Chau invicto.
Así, hubo un gol, y en contra: un golazo en realidad. A los 41 del segundo, Van Brockhorst la cruzó desde más de veinte metros y el remate esquinado a media altura superó la estirada de Cavallero. Pero minutos antes Sorin y Saviola tuvieron opciones claras para Argentina. Sin embargo, más allá de esos datos, no es un punto menor que nuestro arquero haya sido la figura del encuentro. El hombre del Celta respondió bien ante tres situaciones claras en el primer tiempo: dos de Kluivert y otra de Van Nistelrooy. Y también resolvió con acierto en el final del partido, con un remate de Zenden que era el 2-0.
Del lado argentino hubo menos chances. Durante la primera parte, la Selección llegó poco, y la más peligrosa fue un cabezazo de Gustavo López, pero no pudo conectar la pelota con precisión. Hubo también un buen encuentro de Gustavo con Aimar y demora en la resolución. Poco más que eso. En el complemento, Argentina siguió igual, incluso con mayor déficit ofensivo y de juego, hasta que llegaron los cambios. Y había mejorado –ya está dicho– cuando llegó el gol holandés y la derrota.
Repasando, en el balance de la primera parte, Verón fue instrascendente desde su prometedora función de volante central; Javier Zanetti no pudo desequilibrar por la derecha con su despliegue habitual; y Juan Pablo Sorín hizo como siempre un gran desgaste por el otro sector. El más firme en la línea de fondo era Roberto Ayala, mientras que Facundo Quiroga y Walter Samuel se las arreglaban en general bien cuando tenían que salir a cortar hacia los costados. En el momento de atacar, salvo la claridad de Aimar, ninguno de los López tuvo ideas para acompañar o mostrarse. Y Ortega amagó y amagó. No hubo pelotazos pero Verón pesó poco del medio para arriba y nadie disparó de afuera. Holanda trató de jugar desde el fondo pero la presión de Argentina los hacía equivocar. En el medio, Davids y Cocú, más Seedorf, alimentaban a Kluivert, el mejor delantero de la cancha. Van Nistelrooy, nada.
Los ingresos de Saviola, de Gallardo y de Cambiasso (por un Verón cansado), sucesivos y escalonados, le dieron más fútbol al equipo, al juntarse todos con Aimar y armar una vieja sociedad riverplatense. Pero llegó ese corner desaprovechado por el Muñeco, la contra, el cambio de Seedorf y el golazo de Van Brockhorst. Mejor así, en el fondo. El invicto suele ser tan pesado y tramposo como la virginidad. Mejor sacárselo rápido de encima: juguemos, no hay nada que cuidar ya.

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Pablito Aimar fue el que más intentó, del medio para arriba. Faltó fútbol de ataque.
 
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