DEPORTES › INDEPENDIENTE, EN MEDIO DEL CAOS INSTITUCIONAL MAS GRAVE DE SU RICA HISTORIA

Hasta el diablo se asusta en el infierno rojo

Al pésimo presente futbolístico, el club de Avellaneda le suma una actualidad de terror. Adulteración de firmas, una deuda que crece día a día, decisiones no del todo claras y hasta la venta de un juvenil a un periodista partidario son algunas de las situaciones que suceden en el club. Además, la barra brava domina la tribuna.

 Por Gustavo Veiga

En Independiente pasan cosas que no tienen perdón de Dios. La misericordia divina, ya se sabe, es difícil que ingrese en la casa del diablo. Aunque más conducente sería que, si no actúa la justicia celestial, al menos entren en acción los tribunales de este mundo. En el club de Avellaneda, señera institución hasta la década del ‘80, hay comprobaciones que lastiman. A un jugador se le sustrae dinero como si fuera un trámite, se adulteran firmas, la corrupción se presiente en cada “quiosco” –que anticipan cruzadas moralizadoras para acabar con ellos–, el pase de una juvenil promesa es cedido a un periodista partidario, dos intermediarios tomaron al plantel como un coto de caza y, mientras tanto, la barra brava domina la famosa visera y sus zonas aledañas, animada por cierto efecto cascada que se desparrama sobre ella.
Todo eso sucede, sin mencionar todavía, que Independiente arrastra una deuda de 31 millones de pesos, acumula un déficit mensual de 500 mil, adquirió a dos profesionales a préstamo como Luis Islas y José Luis Calderón a cambio de una suma que cubriría el presupuesto anual de su fútbol amateur y, según una encuesta, casi un 60 por ciento de los socios e hinchas considera como mala o pésima a la presidencia de Andrés Ducatenzeiler, quien acaba de cumplir apenas un año en el gobierno. Pero además, no puede soslayarse que la política interna tiene un efecto depredador, porque desde Julio Grondona al ya retirado Daniel Grinbank, aún reciben lo suyo, por lo que inciden o lo que incidieron en los últimos años. En otras palabras, casi nadie está a salvo y casi todos están sospechados de algo.
El jueves pasado, durante la última reunión de la directiva, el contador Carlos Alberto Bandrés, presidente de la comisión fiscalizadora, amplió las pruebas que confirmarían cómo se lo despojó al defensor Cristian Tavio de 57 mil pesos correspondientes al monto de su prima (llegó a préstamo este año desde Olimpo). Alguien percibió aquella suma –que el futbolista no cobró– y hasta se falsificó su firma. Bandrés, quien fundó la agrupación “Gente de Independiente” –la misma del presidente–, es hoy uno de los adversarios que más inquieta al atribulado Ducatenzeiler, un ex encargado de las librerías Santa Fe que llegó a la conducción del club, gracias al inestimable respaldo económico de Grinbank.
Tavio es uno de los diecisiete refuerzos que se incorporaron a préstamo mientras se descapitalizaba el plantel. Esa sangría no sólo echó raíces en el fútbol profesional, ya que viene de mucho más abajo. Sergio Leonel Agüero, nacido el 2 de junio de 1988, como esa fecha lo indica, tiene 15 años (a los 10 había llegado a Independiente). Oscar Ruggeri, el director técnico anterior a Osvaldo Sosa, lo hizo debutar en Primera durante esta temporada. El pase del pibe, considerado uno de los jugadores con más futuro del club, le pertenece en un 25 por ciento a Eduardo Roberto González, uno de los periodistas deportivos que cubre la información de la institución desde la TV por cable y la radio.
Independiente le transfirió aquel porcentaje de los derechos económicos a cambio de 75 mil dólares, en una de las primeras medidas que tomó Ducatenzeiler durante su breve gestión. González es un viejo conocido de la familia Agüero. El 24 de noviembre de 1998 firmó un contrato por diez años con la madre del chico, Adriana del Valle Agüero, mediante el cual la empresa que él representaba junto a José María Astarloa recibió el “ciento por ciento (100%) de los derechos patrimoniales y/o federativos que tiene y le corresponden” a cambio de 44.400 dólares. El mencionado Astarloa sería un operador económico del empresario Samuel Liberman, ex propietario de la señal de cable VCC, que debutó en el mercado del fútbol cuando adquirió los pases de Carlos Bustos y José Albornoz para cedérselos a River y más tarde adquirió un porcentaje considerable del delantero Forlán.
Los dos socios suscribieron el contrato con la madre de Agüero cuando su hijo tenía apenas 10 años. González, quien antes acompañaba y ahora cuestiona la gestión de Ducatenzeiler, actuó en comisión, fijando el domicilio de la empresa que le dio mandato en Rivadavia 53, de San Isidro. De todos modos, el dueto que conformó con Astarloa lejos está de lograr la influencia que consiguieron los intermediarios Rubén Bouza y Cayetano Lavalle, quienes irrumpieron en Independiente con la cesión de Daniel Montenegro, representan al entrenador “Chiche” Sosa y gozan sobremanera de la confianza del presidente.
Don Julio, Redrado
y Comparada
El 14 de noviembre pasado, en una entrevista radial, Julio Grondona, el ex presidente de Independiente más notorio, dijo que, en el club, “lamentablemente no hay dirigentes”. Se había manifestado a propósito de un supuesto allanamiento a la sede por un episodio que originó la barra brava, pero sus palabras fueron más allá de ese episodio. El hombre fuerte del fútbol argentino está que trina con Ducatenzeiler, con quien ya polemizó por lo que sucede en su segundo o tercer hogar (si se contabilizan la AFA y Arsenal). Y aunque en la conducción del Rojo le niegan influencia, a nadie escapa que fogonea desde hace tiempo la instalación de su delfín, el empresario del seguro Julio Comparada. Este hombre de negocios, sin demasiado plafond político en la interna de Independiente, es el propietario de la compañía El Surco, cuyo patrimonio también es atribuido a Luis Barrionuevo, el controvertido presidente de Chacarita. La aseguradora es la misma que posee un ventajoso contrato con la AFA por el que brinda una póliza que cubre los accidentes que puedan sufrir los espectadores en las canchas.
Comparada no es el único personaje afín a Don Julio que intenta poner un pie en media porción futbolística de Avellaneda. Quien de algún modo ya está en Independiente es Martín Redrado, cuya Fundación Capital ya monitorea algunos asuntos junto a la consultora Deloi-
tte & Touche, que el mes pasado se instaló en la administración para analizar las cuentas y elevar propuestas superadoras del calamitoso estado contable. Según una fuente consultada por Página/12, la empresa estadounidense –es la misma que hizo pingües negocios con el Estado Nacional– “se llevará un 0,7 por ciento de la refinanciación del pasivo que consiga con su tarea”.
Estas medidas, que en conjunto conforman la médula del denominado plan “Centenario Independiente” –se llama así porque el club cumplirá cien años el 1 de enero de 2005–, se pusieron en práctica el mes pasado después de que Ducatenzeiler las oficializara en una conferencia de prensa junto al vicepresidente, Fernando Sciaccaluga, y a uno de sus mentores, el contador y secretario de prensa, Sergio Pardo. El presidente apeló a un silogismo para declamar la gravedad del momento: “Que quede claro, estamos ante una opción de hierro: el año que viene iniciamos el jubileo del centenario o jubilamos los sueños de muchas generaciones de independentistas...”.
Oficialistas, oficialistas críticos y también algunos opositores coinciden en que el plan no “implica una privatización y mucho menos un gerenciamiento”. Ducatenzeiler, el día que presentó su obra más preciada, instó a tener “el coraje de sacar a flote la nave insignia del fútbol argentino”. Su metáfora marinera debería tener en cuenta dos cosas: que Independiente le debe a la AFA (la nave mayor) unos 15 millones de pesos por sucesivos préstamos que recibió desde la presidencia de Pedro Iso (cuando asumió su último gobierno le cedieron 5 millones) y que una de las obras más preciadas del club, su escuela de Enseñanza General Básica y Jardín de Infantes para casi mil alumnos, debería quedar a resguardo de la poda que imaginan los tecnócratas.
Eramos pocos
y parió la barra
Daniel Alberto Ocampo, alias el Gitano, un ex jefe de la barra brava, sostenía en un reportaje que le realizó Clarín el 21 de mayo de 2000: “Los dirigentes nos daban las entradas y, a veces, plata. Además de los pibes de la hinchada, los que me hicieron sentir capo fueron ellos. Yo contrataba los micros y al club le pasaba el doble. Así, me hice una casa. Son terribles mentirosos los dirigentes...”. Según tres fuentes consultadas por este cronista, todo indica que los dichos de ese personaje prontuariado –alejado hace ya tiempo de la barra–, aún hoy tendrían vigencia en lo sustancial: el sector más pesado de la hinchada continuaría recibiendo prebendas. Ducatenzeiler lo desmintió anteanoche, tras la victoria sobre Atlético Rafaela, apoyándose en que el público lo insultó a él como al resto de la comisión directiva.
En la patota de Avellaneda cambiaron sus líderes, pero muy poco su modus operandi. Ya no son las entradas su principal fuente de ingresos, si no, el dinero. “Cobran entre 40 y 45 mil pesos por mes”, confió uno de los informantes. “En el sector de las piletas pasan cosas gravísimas”, agregó una de las personas que tuvo acceso a la denuncia anónima que recibió primero Javier Castrilli y luego Mario Gallina, sobre aprietes a un periodista que cubre la actividad de Independiente y también a docentes que reclamaban por sus salarios impagos en el colegio del club. El mensaje que describía estos presuntos episodios llegó a los organismos de Seguridad Deportiva hace más de un mes, y todavía no se conoce si hubo una investigación que arrojara resultados positivos.
Sí, en cambio, se supo que un comisario y personal subalterno de la Bonaerense recibieron varios sopapos el día que Independiente recibió a Chacarita en Avellaneda y que, luego de esos incidentes y la fuga posterior de Pablo Alejandro Alvarez, alias “Bebote”, al club le suspendieron la cancha por dos fechas (jugó de local en Quilmes contra Lanús y Atlético Rafaela). “Chuky, “el Peruano” o “Sting” son algunos de los barras que tiene en carpeta la Policía. Pero cuentan que uno de ellos, con un desahogado pasar económico, hasta habría aportado dinero al club. Su apellido es igual al de un ex volante de Gimnasia, de cabellera rubia, que también jugó en Racing. Precisamente, el clásico adversario que aparece mencionado en los últimos cantitos escuchados frente a la sede en contra del hipotético gerenciamiento. Ese sentimiento que expresa todo lo que Independiente no quiere ser, pese a las calamidades que soporta. “No somos Racing, la puta que lo parió”, dice el estribillo. En fin, si ellos lo cantan... será porque no quieren parecerse en nada. Y mucho menos sufrir una quiebra.

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El presidente Andrés Ducatenzeiler todavía sonríe, pero el panorama es negro.
 
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