DEPORTES › LAS VENTAJAS Y DESVENTAJAS DE LOS REFERIS DE PRIMERA DIVISION

La paradoja del árbitro argentino

Cada vez son más profesionales y reciben mejores remuneraciones, pero también van perdiendo autoridad por acusaciones absurdas como atribuirles falsas simpatías por los equipos que dirigen.

 Por Gustavo Veiga

Cuando retiran sus designaciones, sin saber hasta ahí qué partido les toca, se preguntan entre ellos: “Y vos, ¿dónde jugás?”. A su manera, ellos también juegan. Como sucedió con Claudio Martín, Héctor Baldassi y los jueces de línea que se convirtieron en involuntarios protagonistas de los últimos dos clásicos por la Copa Libertadores. Al primero lo despedazaron los jugadores de Boca, al segundo le recriminaron un penal no sancionado por los de River y a sus asistentes les enrostraron alguna simpatía deportiva para descalificarlos. A Gilberto Taddeo, el línea que hizo expulsar a Rubens Sambueza, le cayeron encima Carlos Bianchi y, sobre todo, el ex vicepresidente boquense Roberto Digón, con el argumento de que es hincha de River.
El hecho es tan falso como paradójico. Taddeo es un imprentero que hace diez años disfrutaba los éxitos del mismo técnico que lo señaló con el dedo, pero en otro equipo: es simpatizante de Vélez. El cordobés Baldassi tiene su corazón en Boca, y Martín, quien jugó en las divisiones inferiores de Central, no oculta su identificación con ese club. Nada tendrían de malo estas afinidades a no ser que se comprobara una premeditada intención de perjudicar a cualquier equipo. Pero en el fútbol, esos argumentos se emplean para menoscabar la autoridad arbitral. Una autoridad que ya no es respetada porque se mimetizó en el espectáculo como un componente más y porque está regida por la misma lógica de protagonismo de los protagonistas. Incluso, en cuanto a los ingresos y beneficios que reciben.
La noche del viernes, una fuente del mundo arbitral, refiriéndose al modo en que fustigaron al juez de línea Taddeo antes del superclásico, comentó: “Lo ensuciaron sin razón. Es un buen tipo y, además, no tiene nada que ver con River...”. En ese ambiente, donde casi todos se conocen –los referís no son demasiados–, cada quien es hincha o simpatizante de algún equipo. Se trata de una obviedad adormecida. Y si los árbitros eligen hoy ese destino impopular es porque se vinculan con un ambiente al que de otra manera no accederían como futbolistas, técnicos o dirigentes. Una realidad que, a menudo, opera del mismo modo entre muchos periodistas deportivos.
La actividad se modificó sustancialmente a partir de los años ‘90. En simultáneo con el avance de la precarización laboral para la mayoría de los jueces, la elite arbitral comenzó a gozar de lucrativas ventajas. Las mismas que hubieran causado rispidez durante la época en que estaba mal visto no poseer otro trabajo. Hoy, un árbitro internacional percibe por contrato alrededor de 8 mil pesos mensuales. Su ingreso básico –les toque dirigir o no– ronda los 5 mil pesos, más otros 500 por partido (tienen garantizados cuatro al mes). A estas cifras, debe agregársele el 16 por ciento que la AFA les paga en concepto de aportes previsionales y sociales.
A referís como Baldassi, Martín, Claudio Brazenas u Horacio Elizondo, quien fue designado para los Juegos Olímpicos de Atenas, su rango de internacionales también les reporta ingresos en divisas. Los dos primeros cobraron 600 dólares cada uno por dirigir las semifinales de la Copa. Y los dos últimos, sólo por oficiar de cuarto árbitro en esos mismos partidos, percibieron 400 dólares. Una cifra similar recibieron los fustigados jueces de línea en ambos clásicos. Cuando viajan al exterior, además, les dan un viático a razón de 110 dólares por día con el que deben pagarse el hotel y las comidas. En el universo arbitral todavía se recuerda cómo Angel Sánchez, cuando regresó del último Mundial en Corea y Japón, lo hizo con una interesante cantidad de billetes estadounidenses gracias a los cautivantes viáticos que abona la FIFA.
El nivel de ingresos que perciben los internacionales como aquellos que dirigen en Primera División sin tener esa jerarquía, más el régimen de entrenamientos que deben cumplir, ha generado que muy pocos mantengan otra actividad paralela. Los martes, miércoles y jueves a las 15 están obligados a concurrir a los entrenamientos que les exige la AFA en el predio de Ezeiza, el mismo lugar donde practica la Selección nacional. “Antes no se vivía del arbitraje...”, evocan con cierta nostalgia quienes dirigieron en otras épocas: y tampoco era tanta la demanda de preparación. Eso sí, apenas se cobraba un viático. Hoy, en cambio, el grupo más selecto cobra más dinero que el promedio de los futbolistas. Y vestirse de negro para salir a la cancha con el silbato en la mano o un banderín se convirtió en una atractiva salida laboral para muchos jóvenes.
Lo que acaso no sepan esos mismos aspirantes a referís es que cuando lleguen a Primera División su autoridad ya estará limitada, ni siquiera tendrán demasiado respaldo de quienes los formaron y hasta deberán mantener buenas relaciones con los dirigentes si quieren hacer carrera. Basta con citar el extenso como poco difundido artículo 161º del Reglamento General de la AFA, para saber que es cierto: “Los clubes no podrán recusar a los árbitros. Si lo hicieran, la recusación no será considerada. Está prohibido a las comisiones directivas de los clubes afiliados y a los miembros de ellas expresar públicamente su disconformidad con respecto al desempeño de determinado árbitro, atribuyéndole desaciertos, ineptitud o mala fe. De cualquier violación a esta disposición será responsable el club e individualmente los miembros de la respectiva comisión directiva...”
Más adelante, el 161º refiere: “No eximirá de pena el hecho de que la institución o persona procesada por transgredir esta disposición niegue ante el Tribunal las manifestaciones que se le atribuyen, salvo que las desautorice o se retracte categórica y públicamente en forma satisfactoria a juicio del Tribunal de Disciplina Deportiva. Corresponderá al Colegio de Arbitros formular la correspondiente denuncia ante el Tribunal de Disciplina Deportiva en caso de violación de las disposiciones contenidas en este artículo”.
Ser árbitro no es para cualquiera y sobre todo cuando recogen una única unanimidad: siempre los odian, jamás los aplauden. Y no importa que ganen mucho más dinero que antes o se los sindique como hinchas de...

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Héctor Baldassi, el árbitro del segundo superclásico.
Los de River le recriminaron por un penal no sancionado.
 
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