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Gago, el cinco de Boca al que los hinchas le piden fútbol y huevos

El club de la Ribera parece haber encontrado un crack en ciernes, asentado como titular, alejado del estilo típico del medio boquense.

 Por Facundo Martínez

Boca tiene un nuevo crack en ciernes, no caben dudas. Un cinco exquisito, de esos que ya no se ven con frecuencia en el fútbol argentino, que corta y entrega la pelota con elegancia y distribuye con criterio, gracias a su buena visión de la cancha, a su panorama. Con apenas 18 años, Fernando Gago se presentó en Primera de la mejor manera posible: como un jugador que da gusto verlo. Este volante central es un producto fuera de serie de las Inferiores de Boca, a donde llegó a los 8 años procedente de Argentinos; y, por otra parte, un acierto del entrenador Jorge Benítez, que lo viene tratando desde la quinta, lo subió y lo convirtió en uno de los titulares de este Boca que comienza a tener forma, al menos en la Copa.
Fue la figura principal de Boca en la goleada 4-0 ante el Pachuca en la Bombonera, por encima de Guglielminprieto, Palacio y Palermo. Mandaba y ordenaba al equipo desde el mediocampo, jugando la pelota rápida y precisa, a un toque, con sus compañeros que se contagiaron y respondieron el reto; con él, Boca ganó en sorpresa, en dinámica y, principalmente, en peligrosidad.
Su presencia en la Copa es quizás el mayor acierto de Benítez, un cambio de última hora que arrastró cierto tufillo de desprolijidad. Antes de viajar rumbo a Ecuador para el debut copero ante Deportivo Cuenca, Gago no tenía lugar en la lista, era un hecho su exclusión, pero Benítez dio un golpe de timón y terminó bajando al delantero Mauro Boselli, entre promesas de tenerlo en cuenta en el futuro y etcéteras.
Había hecho méritos el chico de Ciudadela, que además es hincha de Boca, para tener un lugar en la Copa. Un par de partidos en el último Apertura y una muy buena actuación ante River, en un amistoso veraniego en Mendoza, donde le tocó anular a Marcelo Gallardo y lo hizo, con creces; y anuló también al Tecla Farías, como para que no quedasen dudas de su categoría. Benítez le dio la casaca número 11 en la Copa, pero debía esperar detrás de Raúl Cascini, hasta aquel fatídico 0-3 ante San Lorenzo, en el que Boca y Benítez se vieron obligados a cambiar, drásticamente.
Fue titular ante Olimpo, luego ante Racing, Gimnasia e Independiente, otro gran partido del chico, y después se produjo el enroque con Cascini, titular ante Vélez por el Clausura y suplente en la Copa, donde Benítez se la jugó por Gago.
Ganó el fútbol. Gago es un verdadero estratega, comparable en su juego con Fernando Redondo, a quien, dice, ha tomado de modelo en eso de “recuperar y salir jugando”. Debe ayudarlo en su visión del juego el hecho de haber arrancado en las Inferiores de Boca como enganche de la novena y la octava, pero el plus, lo que lo vuelve un jugador diferente, aunque por ahora sólo se trate de una muestra embrionaria, parece venir de una combinación que pocas veces resulta tan feliz: la del talento con la garra. “Me da confianza que el técnico me tenga en cuenta, pero yo tengo que seguir demostrando, partido a partido, que estoy para jugar en la Primera de Boca”, comentó Gago tiempo atrás, cuando apenas asomaba su carita de ángel bondadoso, que ni en Primera ni en Inferiores conoce la derrota ante River, al que enfrentó cinco veces.
Sin embargo, hay algo que aún no parece estar ajustado; esos últimos minutos del partido, con el cansancio por todo a cuestas, en los que el tiro se le escapa por la culata, por ahí la juega mal y expone a toda la defensa de Boca que hoy no está para esos sustos, ni mucho menos.

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