DEPORTES › OPINION

El travesaño y la luz apagada

 Por Diego Bonadeo

En una nueva embestida, los tecnócratas de laboratorio –en este caso alemanes y de la universidad de Bonn– pretenden que avanzar es retroceder, bastante lógico, por cierto, entre quienes, cual el personaje de Dustin Hoffman en Rainman, son capaces de resolver con asombrosa rapidez casi cualquier problema vinculado a las ciencias exactas, pero casi ninguno de los que tengan que ver con las cosas de todos los días.
Estos adoradores de lo que no es, a través de su vocero Oliver Gürtier, detectaron, mediante la “vivisección” de 306 partidos de fútbol de la Bundesliga, que la sustitución de jugadores de acuerdo al resultado parcial durante un partido –sacar defensores y poner atacantes si se está perdiendo y viceversa si se está ganando–, rara vez resulta conducente en términos del resultado.
Poseídos por algún tipo de alucinaciones, estos sedicentes científicos le dieron un valor determinado a los jugadores de acuerdo con su función: 0 a cada defensor, 1 a cada volante, 2 a cada delantero. La suma de los puntos de los diez jugadores de campo de la alineación inicial de un equipo –los arqueros no cuentan, aunque hayan atajado siete penales, supone quien esto escribe– representa para estos sesudos pensadores de la nada, nada menos que el carácter ofensivo de un equipo al comienzo de un partido, que puede aumentar en la medida en que se incremente la presencia de atacantes.
Con un Perogrullo trucho de asesor, llegaron a la conclusión de que con cambios ofensivos “el aumento de la posibilidad de recibir un gol en contra es mayor que el aumento de la posibilidad de marcar un gol”.
Como bien decía el entrañable Gordo Soriano “las sociedades mojigatas viven colgadas del travesaño” que es casi como hacer el amor con la luz apagada.

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