VIDEOS › “NUEVE REINAS” HABLADA EN INGLES

Un clon a medida, made in Hollywood

Como productor y guionista (no acreditado), Steven Soderbergh propone Criminales, un calco del film original de Fabián Bielinsky.

 Por Horacio Bernades

El estafador veterano le enseña el oficio al pibe que recién empieza, pero cuando tengan entre manos un “negocio” multimillonario la relación terminará invirtiéndose. ¿Nueve reinas? No, Criminal, que no es otra cosa que su remake hollywoodense y que ahora, meses después de su estreno en Estados Unidos, lanza en video AVH, con el título plural de Criminales. Con John C. Reilly y el mexicano Diego Luna en los papeles que en la película de Fabián Bielinsky habían interpretado Ricardo Darín y Gastón Pauls, Criminales –producida por la compañía de Steven Soderbergh y George Clooney– tuvo en su país una respuesta de público menor a la esperada, llevando menos gente a las salas de la que fue a ver Nueve reinas. Seguramente es esa la razón por la cual aquí quedó relegada al mercado del videohome. Destino que no parece injusto: la película dirigida por el debutante Gregory Jacobs es una suerte de clon, que está sin duda por debajo de la original.
¿Por qué es una película inferior, si es casi igual? Precisamente por eso. No es que Criminales sea una mala película; simplemente, carece de personalidad. Incluso quien no haya visto Nueve reinas (si es que en Argentina queda alguien virgen de ella) percibirá que algo le está faltando, y ese algo puede llegar a ser algo tan esencial como la simple necesidad de su existencia. Las diferencias son más bien minúsculas: se cambia Buenos Aires por Los Angeles, un 24 horas por un casino (en la secuencia introductoria), unos actores por otros, una serie de antiguas estampillas por valores del Tesoro estadounidense y ya está. Rodrigo (el personaje de Diego Luna) terminará reuniéndose con sus partners in crime, besando a la dama (Maggie Gylenhaal, en el papel de Leticia Brédice), obsequiándole el anillo que le regaló Richard (Marcos, en la película de Bielinsky) y a cobrar. Claro que acá el golpe no salió bien, porque Criminales cobró poco.
A la película dirigida por Jacobs (hombre de confianza de Soderbergh, que suele trabajar como asistente o productor en sus películas) le falta pulso, tensión, tono muscular: todo lo que a Nueve reinas le sobraba. Hasta los encuadres, el montaje, el ritmo interno de cada plano y cada secuencia –que en la película de Bielinsky transmitían la inconfundible sensación de que eran los mejores en cada circunstancia– aquí no van más allá de una gramática de manual, peligrosamente cerca de la rutina. Si se la quiere comparar con ejemplos bien recientes de remakes de otras películas de género, podría colocarse a Criminales a medio camino entre El grito (remake de la japonesa Ju-on, que al verse formateada por Hollywood dio un resultado inferior a la original) y La llamada 2, que por ser una película enteramente distinta de su master (la también nipona Ringu 2) está en condiciones de competir con ella en pie de igualdad. Por no atreverse a esa diferencia, Criminales pierde de arco a arco con Nueve reinas.
En términos de casting, sin embargo, mientras que pierde notoriamente en un rincón, en el otro Criminales da pelea. En la película de Bielinsky, Darín aparecía como la mejor opción, porque a la vez que da bien el tipo común, como siempre transmite la sensación de guardarse una carta, se presta perfectamente para hacer de estafador. Aquí, en cambio, cuesta entender por qué se eligió a John C. Reilly, cuyo aspecto ovejuno lo vuelve inmejorable para personajes ídem (el marido engañado de Chicago, los segundones de Boogie Nights, Pandillas de Nueva York o El aviador) pero no se adapta en absoluto para el papel de vivillo de piel curtida. En cambio, Diego Luna (conocido sobre todo por Y tu mamá también y visto además en La terminal) tiene tanta cara de buen chico como Gastón Pauls. Pero le gana en carisma y comunicación, por lo cual le hace mejor “el entre” al espectador. El único punto en el que Criminales se anima a ser una película distinta (y lo logra) está en relación con el personaje de Rodrigo. Es un acierto del guión (escrito por el propio Jacobs, a cuatro manos con Soderbergh) haber hecho de él un inmigrante latino en una ciudad como Los Angeles, donde la palabra chicano está asociada con los peores empleos, con los espaldas mojadas, con lo más despreciado por el establishment. Esto dota a su personaje de varias aristas jugosas, haciendo de él tanto un pibe postergado como un tipo con una razón muy de fondo para querer entrampar al angelino que lo verduguea, lo discrimina y encima lo quiere empaquetar. Teniendo en cuenta que Steven Soderbergh ya había incorporado muy buenos personajes latinos a algunas de sus películas (recordar, por ejemplo, los de Vengar la sangre) no cuesta reconocer su aporte en este punto. Por más que haya firmado el guión con el seudónimo de Sam Lowry.

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John C. Reilly, Maggie Gylenhaal y Diego Luna, en los papeles de Darín, Brédice y Pauls.
 
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