DIALOGOS › JUAN GANDUGLIA, DIRECTOR DEL MUSEO DE LA CASA ROSADA-MUSEO DEL BICENTENARIO

“Entre mexicanos y argentinos se hizo la mayor restauración de una pintura en el país, con el mural de Siqueiros”

Detrás de la Casa Rosada, en la antigua Aduana Taylor, funciona un nuevo paseo bastante frecuentado. Es el Museo de la Casa Rosada, donde se expone el fabuloso mural del pintor mexicano así como piezas de la historia argentina.

 Por Marcela Stieben

Es un mediodía de febrero y Buenos Aires parece una inmensa bola de fuego que todo lo derrite a su paso. La sensación térmica trepa los 39 grados cuando el reportero gráfico y la cronista de Página/12 ingresan a la Casa Rosada para la entrevista con el profesor Juan Ganduglia, director del Museo del Bicentenario. En su despacho, un enorme ventilador de techo gira veloz, con reminiscencias de viejos films. La secretaria trae gaseosas frías y uno ya está en un territorio donde arte e historia van de la mano. Sillas doradas a la hoja, cuadros al óleo, gigantescas esculturas y tapices, junto a escritorios europeos que utilizaron varios presidentes, son mudos testigos de la lucha por la independencia en el Virreinato del Río de la Plata. “El museo se encuentra emplazado a espaldas de la Casa Rosada, en las galerías históricas que formaron parte de la Aduana Taylor, construida en 1855, y del Fuerte de Buenos Aires, que data del siglo XVIII. Estas construcciones fueron objeto de un minucioso proceso de recuperación patrimonial, que incluye aspectos arqueológicos y arquitectónicos, y que han sido encarados por decisión de la presidenta de la Nación” –cuenta con orgullo el profesor Ganduglia mientras se escuchan risas de la delegación de alumnos de una escuela pública que llega para hacer una visita guiada. Los guías (jóvenes con gran conocimiento en historia latinoamericana) les cuentan a los chicos y a sus maestras el significado de cada cuadro, de cada escultura y de los autos y carretas que, junto a los sillones presidenciales y a decenas de videos sobre derechos humanos y documentales, grafican la historia argentina. Los guías son reconocidos enseguida por el público porque todos (y todas) llevan una chomba a rayas azul y blanca y atienden con esmero a los argentinos y a los extranjeros que cada día recorren los cinco mil metros cuadrados del Museo del Bicentenario bajo un enorme techo vidriado que deja ver el cielo...

–Hagamos un recorrido por su niñez para ver cómo se gestó su vocación.

–Nací en San Isidro, en una familia de varias generaciones de sanisidrenses. En la época en que yo pasé mi infancia y mi adolescencia, vivir en San Isidro era ser pueblerino. No parecía que estábamos a 23 kilómetros de la capital sino mucho más... Yo empecé a venir al centro recién cuando fui a la facultad. Vivíamos cerca del Colegio Marín y ahí fui 12 años, mañana y tarde. La congregación de los hermanos de La Salle era minuciosa en lo relacionado con la ética, la moral y las disciplinas del lenguaje, las artes y las ciencias. Lo menciono porque tengo fuerte raigambre con esta formación. Mi padre murió de un infarto (en esa época se decía “síncope”), cuando yo era bastante chico. Y mi madre se hizo cargo con mucha solvencia de sus tres hijos. Siempre nos educó con alegría, en un clima que excluía sentimientos como la avaricia, la mezquindad y la envidia. Fui criado con mucho amor. Si había carencias no se notaban porque mi madre era extremadamente alegre y positiva. En ese contexto me formé con un hermano mayor, que me lleva nada más que un año, y un hermano más chico al que le llevo siete. A los 14 años decidí ser voluntario en el Museo Pueyrredón, de San Isidro. Y cuando me formé profesionalmente me especialicé en museos de Historia, como el Museo de la Casa Rosada. Y, por gusto personal, también en museos de arte.

–¿Cuántos años hace que trabaja en el Museo de la Casa Rosada?

–Este año voy a cumplir 38 años. Empecé como pasante en el Museo de la Casa Rosada en 1974, mientras estudiaba Museología y Artes Decorativas. Con el golpe de 1976 perdí la pasantía. Seguí estudiando hasta que ya cuando regreso fue por concurso, en 1978. Desde ahí estuve, ininterrumpidamente, trabajando en el Museo de la Casa Rosada, que ahora se denomina Museo del Bicentenario.

–Usted defiende a rajatablas la democracia y los derechos humanos. Debe haber tenido que quedarse callado más de una vez durante la dictadura...

–Durante la dictadura el museo quedó sólo para exhibir objetos de presidentes y dependíamos de Casa Militar. No le prestaban mucha atención que digamos, y eso nos ayudaba porque lo consideraban un arte menor, así que no sufríamos ningún tipo de intromisión. Arquitectónicamente estaba venido a menos y más de una vez quedaba cerrado al público. Fue un modo de resistencia a la espera de que volviéramos a vivir en democracia. Felizmente, hoy tenemos un museo que no tiene mucho que envidiarles a los mejores del mundo. En este mismo proyecto, la arquitectura original ha sido puesta en valor, adecuándosela, con avanzada tecnología y diseño museográfico contemporáneo, constituyendo un espacio de protección internacional. Este museo abarca un guión expositivo que incluye aspectos de la Historia Nacional vinculados a la Casa Rosada, el Fuerte, la Aduana Taylor (con un muelle de 300 metros para que los grandes buques pudieran cargar y descargar la mercadería de las importaciones y las exportaciones) y la Plaza de Mayo, así como un área artística que exhibe hitos de nuestro patrimonio y cuya pieza central es el mural llamado Ejercicio plástico, de David Alfaro Siqueiros (nacido en México en 1896), recuperado para su exhibición pública por iniciativa de Cristina Fernández de Kirchner.

–¿En cuántas secciones se divide el Museo del Bicentenario?

–El Museo tiene tres áreas. La “Patrimonial Arquitectónica” abarca el Edificio Aduana Taylor (1855-1895) y restos del Fuerte de Buenos Aires (1720-1880). Otra es “Patrimonio Histórico”, e incluye: Fundación y Fuerte de Buenos Aires y los 200 años de historia nacional (1810-2010). Finalmente, el “Patrimonio Artístico”, con obras de maestros argentinos (siglo XX) y el mural Ejercicio plástico, del artista mexicano David Alfaro Siqueiros (1933). El Patrimonio Histórico abarca 14 temas, como: la Revolución de 1810; unitarios y federales; organización del Estado Nacional; la gran inmigración y el orden conservador (1890-1912); sufragio popular; la Década Infame; el peronismo; la Libertadora y la resistencia peronista (1955-1968); la juventud, organizaciones políticas, sociales y organizaciones armadas revolucionarias (1968-1973); de Cámpora a Perón (1973-1976); el proceso de reorganización nacional (1976-1989); la recuperación democrática (1983-1989); el neoliberalismo (1990-2002) y la recuperación política, económica y social, la patria del Bicentenario (2003-2010), entre otros ítem.

–Veo que muchos visitantes llegan preguntando por el mural de Siqueiros.

–Sí, es una maravilla. Quedó a merced de las inclemencias del tiempo, tanto del tiempo que pasa como de las condiciones climáticas (el calor, la humedad, etc., etc., todas cuestiones que dañan a cualquier obra). La Presidenta pactó con el presidente de México que ellos iban a enviar los mejores restauradores para que se pudiera salvar esta gran obra que estaba en distintos containers. Tanto los expertos que vinieron de México como los restauradores de obras de arte de la Universidad de San Martín, trabajaron en conjunto para hacer la mayor restauración de una pintura en el país. Los visitantes entran a una especie de caja negra y en su interior ven la obra monumental de Siqueiros, para lo cual deben ponerse un calzado especial porque el mural abarca las paredes, el techo y el piso del cubo donde la gente ingresa. Es una experiencia conmovedora por el valor que tiene la pintura de este revolucionario mexicano que hizo el mural en San Miguel. Vino al país invitado por Victoria Ocampo, que invitaba tanto a gente de izquierda como de derecha. Siqueiros era comunista y toda su obra tiene una marcada impronta revolucionaria. Natalio Botana le encargó la realización de la pintura. Y, por la fuerte inquietud patrimonial hacia lo arquitectónico y hacia lo artístico que tiene la Presidenta, fue posible restaurar esta obra monumental.

–Usted suele resaltar la firme decisión de la Presidenta para preservar el patrimonio nacional.

–La Presidenta tiene una marcada vocación por los temas culturales y por los temas patrimoniales. Especialmente por los temas patrimoniales. Prueba de esto es la increíble modificación que hizo en la Casa Rosada, aun antes de que se inaugurase el Museo Bicentenario. Pensemos que este edificio fue concebido para que trabajen 500 personas y durante la dictadura llegaron a trabajar unas 5000 personas. Por eso se construyeron decenas de oficinas, una encima de la otra, cosa que Cristina Fernández de Kirchner revirtió para que la Casa de Gobierno vuelva a ser el edificio que debe ser. Todo hecho con mucho esmero y con muy buenos arquitectos. Hace poco se finalizó la obra de uno de los patios de la Casa Rosada donde la dictadura fue construyendo distintos espacios hasta dejar a todos los despachos circundantes sin luz natural. Ahora la Presidenta mandó demoler toda esa construcción e hizo de nuevo el patio original, poniéndole en el centro un aljibe. Así como está el famoso patio de las palmeras, hoy tenemos también el patio del aljibe, con mucho sol y excelente buen gusto. Si uno recorre las escaleras, los salones y pasillos de Casa Rosada se puede advertir la cantidad de obras de mantenimiento y restauración que la Presidenta está haciendo permanentemente y gracias a lo cual la casa poco a poco vuelve a ser lo que siempre debería haber sido. A modo de anécdota le cuento que hace algunos años vino una delegación de la Productora Disney, para recorrer la Casa Rosada y ver qué escenarios podían utilizar para un film. Al ver el deterioro en que se encontraba la casa, cielorraso descascarado, escaleras rotas, paredes a las que le faltaba pintura, exceso de humedad, mobiliario en mal estado, etc., etc., se miraban entre sí. Quedaron en que luego llamarían para establecer el día en que volverían y nunca llamaron. Era obvio que no les servía como espacio de filmación porque estaba en muy mal estado. Ahora todo eso se modificó gracias al esfuerzo permanente que, con un gran sentido patrimonial, la presidenta Cristina Kirchner hace tanto en la Casa Rosada como en el Museo del Bicentenario, que se inauguró por decisión de ella, que contra viento y marea logró sortear todos los obstáculos que surgían.

–El museo tiene muchas obras, nombre algunas a modo de ejemplo.

–El museo tiene, por un lado, un prólogo, referido a sus aspectos históricos, que como está emplazado en lo que fue la antigua Aduana Taylor es importante la mención de esas características históricas. Se pueden ver piezas como cañones que formaron parte de la lucha por la independencia, la escultura de San Miguel Arcángel del Fuerte de Buenos Aires, la primigenia llave de la ciudad, una pintura llamada Recuerdos superpuestos, de Clorindo Testa, sobre los orígenes de Buenos Aires, y por otro lado, el cuadro de Carpani sobre la fundación pero con una mirada revisionista, que hace un contrapunto con la pintura de Moreno Carbonero.

–¿Qué diferencia tienen ambos cuadros sobre la fundación de la ciudad?

–Cuando los españoles fundaban una ciudad había un ceremonial con un poste que se llamaba el poste de la justicia, y si la ciudad fundada se creaba sobre un territorio que ya tenía habitantes, como Buenos Aires, se veía a los lugareños, en este caso a los aborígenes, sentados en el suelo observando la ceremonia, sometidos. En cambio, en el cuadro de Carpani lo que vemos es a los mismos aborígenes pero mezclados con animales, y pone a un porteño contemporáneo con un fungi que les hace a los lugareños un guiño y les dice: miren lo que está pasando... ¡Carpani es un revolucionario! Y en cada uno de los arcos hay un video que explica en forma amena y muy bien realizado por historiadores, los distintos períodos de nuestra historia. La gente se sienta cómodamente a ver videos de derechos humanos y documentales originales de la época una y otra vez, todo con entrada libre y gratuita, de miércoles a domingo de 11 a 19 horas, horario primavera-verano. Y en otoño-invierno el horario es de 10 a 18 horas. En el museo está permitido todo lo posible y se pueden tomar fotografías sin problemas. Y si quieren disfrutar una merienda o almorzar, detrás del mural de Siqueiros está la confitería y restó. Vienen contingentes de centros de jubilados, colegios e instituciones de jóvenes con capacidades diferentes así como muchas familias, parejas y gente sola... El ingreso es por avenida Paseo Colón e Hipólito Yrigoyen, justo atrás de la Casa Rosada.

–¿Si tuviera que resumir el objetivo del museo en una palabra, qué diría?

–La palabra que sintetiza nuestro objetivo es: servicio. Así como el director de un hospital puede querer tener los mejores adelantos tecnológicos pero siempre deberá recordar que el protagonista es el paciente, del mismo modo nosotros podemos tener los mejores objetos, pinturas y videos, pero siempre debemos recordar que nuestro objetivo es brindar un servicio al que llega al museo. Nos debemos al público y tenemos que ser amables y explicar todas las veces que sea necesario lo que la gente quiera saber. Para eso estamos todos los que trabajamos en este museo, para servir...

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Imagen: Rafael Yohai
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