DIALOGOS › ENTREVISTA A EL CHOJíN, EL RAPERO ESPAñOL QUE PELEA POR EL RECONOCIMIENTO DE LAS MINORíAS

“Decir Guinea es como si un país aquí se llamara peso”

Está de visita en Buenos Aires por primera vez invitado por Diafar, la Diáspora Africana en la Argentina, un movimiento de reivindicación de los afrodescendientes que serían aquí, afirman, el 5 por ciento de la población. Se llama El Chojín por casualidad y aquí cuenta su vida.

 Por Martín Granovsky

Chojín era un personaje de un dibujito animado japonés. Sus compañeros lo escucharon y, porque sí, como corresponde, en la escuela primaria en España le pusieron ese apodo. Después solo le agregó el artículo y, como El Chojín, hoy es uno de los raperos más populares de España, a tal punto que llegó a rapear noticias por televisión y es convocado habitualmente para campañas a favor de minorías discriminadas.

–¿Cuál es el criterio por el que define a un afrodescendiente?

–Empieza por un punto: el criterio es que se reconozca. Por eso en la Argentina es útil la sensibilización. Yo claro que me reconozco como afrodescendiente. Mi padre nació en Guinea Ecuatorial. Soy casado y tengo dos niños. La niña de 5 se llama Ada. El niño, de 4, Elá. Son nombres fang, de mi tribu. Mi mujer es africana, nacida en Guinea Ecuatorial. La conocí en España, estudiando. Yo quería ser ingeniero aeronáutico. Ella es médica.

Dos carreras distintas. ¿Dónde se conocieron?

–¡En la discoteca! Quise estudiar ciencias físicas, pero mi padre creía que era mejor ser ingeniero. A tu padre no le puedes decir que no. Durante cinco o seis años, claro, jajá.

–¿Y cuál es tu nombre, más allá de tu apodo de El Chojín?

–Domingo Antonio Edjang Moreno.

Edjang, supongo, es por tu padre. ¿Tu madre es Moreno de apellido?

–Sí. Nació en Puebla de la Reina, un pueblecito de Extremadura que se llama así porque una vez la reina hizo parar su carruaje para mear. Mi madre es una persona extraordinaria. Ella no ve el color de la piel de nadie. Ella ve solo personas, no colores. Por la tradición de mi tribu, la fang, soy del pueblo de mi padre, Ebasoc. Saber de dónde viene mi tribu es una gran ventaja respecto de los afrodescendientes americanos, a los que les quitaron la identidad a punto de que olvidaran su idioma y su religión. A nosotros nos permite tener un ancla. Tienes a dónde acudir para recargarte de eso que te hace especial.

–¿Y qué es lo que te hace especial?

–Te llaman distinto por el hecho de no ser blanco. Por eso yo tengo una suerte que no todos los afrodescedientes tienen: sé de dónde vengo y puedo ir allí. En mi caso, a Guinea.

–¿Los que provienen del tráfico de esclavos no tienen a dónde ir?

–No. Por eso es distinto lo que vive cada uno. Los que tenemos relación con el colonialismo podemos llegar a sufrir algo: el colonialismo convence al africano de que es inferior. Hasta sucede en la propia educación. En el colegio los niños no saben que Guinea Ecuatorial fue colonia hasta 1968.

Son 44 años, no cuatro mil.

–Sí, pero la mayoría de las personas de mi generación no sabe que era así. Y en la educación que se imparte en Guinea, los alumnos saben todos los ríos de España a un nivel que los españoles ignoran. Por eso puedo ir cada tanto a bañarme en mi tribu. Una vez que te han marcado como distinto en tu sociedad natal, necesitas saber de dónde eres y a quién perteneces. Puedo volver a España con el orgullo de poder decir: “Sí, soy distinto. ¿Y qué pasa?”.

–¿Qué es Ebasoc?

–Significa “lugar de reparto del elefante”. Allí se repartieron elefantes una vez que se cazaron. Ya no hay muchos elefantes, claro, pero había. En Gabón también hay una reserva importante. En toda la zona se come cocodrilo, serpiente... Lo que hay. Es cultural. Cuando mi abuela llegó a España, le daban asco las angulas. La comida es tan cultural como el uso del lenguaje.

La última afirmación suena irónica.

–Es descriptiva. Es curiosa la manipulación del lenguaje. En Europa los conflictos son étnicos. Cuando hay conflictos en Africa, son tribales. Y en todo caso estamos hablando de lo mismo. De pueblos con lengua común y características comunes. Mi tribuna está integrada por tres millones de personas repartidas entre Camerún, Gabón y Guinea Ecuatorial.

En el siglo XIX Africa fue dividida por las potencias coloniales con regla y compás.

–Por eso los pueblos de Africa trascienden las fronteras. Pasa en todo el continente. Hasta tenemos tres países que se llaman Guinea. Lo increíble es que, como tú sabes, la guinea era una moneda. Es como si en América latina llamarais a un país “peso” y a los que viven allí “peseros”. Por guineas se negociaba la posesión de territorios y personas. Negocias con un terreno que das por sentado que es tuyo y también con las personas. Curiosamente, la independencia de Guinea Ecuatorial se celebra el 12 de octubre, día de la invasión de América. Yo la llamo “invasión”, que es una palabra también asimétrica. Cuando el no blanco va a Europa, algunos hablan de “invasión inmigratoria”. O de “oleadas”. Oleadas de inmigrantes. Invasión de inmigrantes.

Esto va más allá del rap.

–Es que como persona siento mucho interés en lo que son las desigualdades a nivel social. Se habla mucho de inmigración. Fui vocal del Alto Consejo de las Comunidades Negras en España, Accne. Por suerte tiene dos letras ce, pero algunos jugaban con el acné. En fin... Aprovechando que soy una persona más pública, contribuí a que se visualizara la problemática existente en España sobre las minorías étnicas.

–¿Qué lograron?

–Conseguimos que se leyera la Proclama del Perdón en el Parlamento español, reconociendo la responsabilidad de España en la trata de esclavos. Lo hizo el diputado Gustavo de Aristegui, del Partido Popular.

–¿El Partido Popular pidió perdón histórico? ¿Y el Partido Socialista Obrero Español no quiso?

–No. Reconoce también la existencia de minorías étnicas en España. Eso fue después del efecto que produjo la matanza de Durban.

–¿En qué hechos se traduce el reconocimiento de la existencia de minorías étnicas?

–En lo que debe traducirse este tipo de cosas: presupuesto. El Estado entendió que las minorías étnicas necesitaban ayuda extra en cuanto a presupuesto. España usaba la ayuda para otra cosa porque no tenía reconocidas a las minorías étnicas como existentes.

–¿Estás de acuerdo con la discriminación positiva que implica, por ejemplo, poner pisos y cupos mínimos para minorías o sectores postergados en universidades o empleos?

–Estoy de acuerdo con la discriminación positiva hasta que se consiga una nivelación. Si comienzas la carrera con un lastre siempre vas a perder. Sobre todo porque estamos en un momento de crisis económica en España.

–¿Cuántos afrodescendientes hay en España?

–Un millón, que no se sienten españoles porque la sociedad no los considera como tales. Eso es malo para todos, no solo para el millón. Si se sintieran españoles, habría un millón de personas más tirando hacia el mismo sitio que el resto del país.

–¿Cuál es la clave? ¿Asimilación, integración...?

–No sé si eso. Lo digo en otro términos: la gente quiere pertenecer al lugar donde vive. El problema es cuando la gente que tienes a tu alrededor no te reconoce. Me pregunta de dónde soy. Y luego por mi padre. Y luego insiste e insiste: “¿Pero de dónde?”.

Hablaste de reconocimiento de minorías en España. O sea que no solo la afrodescendiente.

–No. La principal minoría reconocida en España fue la gitana. La afrodescendiente es la segunda. Luego viene la árabe y alguna otra no han conseguido el grado de representatividad necesario. Hay mucho latinoamericano que no sabe dónde meterse. Algunos ecuatorianos, por ejemplo, no saben muy bien qué son. ¿Negros, sudacas? Los gitanos, en cambio, están bastante bien organizados.

–¿Los considerados afrodescendientes son del Africa subsahariana?

–Se habla de afrodescendientes pensando en toda el Africa geográfica, pero los de origen árabe no entraron en el juego. Atendemos más a los afrocubanos, a los afrocolombianos, a los afroecuatorianos. Son parte de la presencia negra que tiene sentido en el mundo por el tráfico esclavista originario y practicado durante muchos siglos. Después, por supuesto, está el caso de los inmigrantes que se van moviendo por las crisis económicas. De cualquiera manera, tienen relación la invasión europea al Africa, el esclavismo y el colonialismo.

–¿Qué problemas afrontan hoy los inmigrantes en España?

–Más allá de la crisis económica de los últimos años, las dificultades se presentan a la hora de acceder a los servicios públicos. Necesitan servicios jurídicos para saber qué derechos tienen y qué derechos no tienen; asistencia educativa, porque el inmigrante lleva su hijo a la educación pública; discusión de condiciones de trabajo; contratos precarios que suponen muchas horas por poco dinero. Lo más visible son las detenciones arbitrarias de la policía. También, aunque debo decir que no hay muchos casos, pueden sufrir alguna paliza. Y luego está el gran problema de los Centros de Internamiento para Extranjeros.

–¿Cómo funcionan?

–Como una suerte de cárcel a la que entras por el simple hecho de no tener los papeles en regla. No se te acusa de nada, y por eso no tienes derecho a un abogado ni a recibir visitas. Eso sin ser supervisado por nadie, ni siquiera por la judicatura. Y sin haber cometido ningún delito. Puedes estar internado allí 18 meses.

–¿Y después?

–Después te deportan. La teoría es que te alojan en esos centros a la espera de solucionar los trámites. Es un castigo burocrático y administrativo, no penal. Si en algunos casos el Estado no pudo llegar a saber el origen verdadero o el tipo de infracción, el período de internación se alarga indefinidamente.

–¿En qué sentido es como una cárcel?

–Solo en ciertas apariencias físicas. En otros aspectos tienes aun menos derechos que un preso. Los internados no tienen derecho a recibir visitas. Tengo un amigo que es magistrado, de Motril, muy sensibilizado por estos temas. El mismo intentó entrar y no se lo permitieron. Hay una ocultación de la realidad.

–¿Cuántos internados hay?

–No hay una cifra oficial. Pero el fenómeno es europeo, porque surge de una convención a escala de toda Europa. Yo pienso que los centros de internación deben desaparecer. No se sostienen en nada. No hay motivo para encerrar a una persona que no cometió delitos. Colaboro en un programa de la Cadena SER. Es una tertulia política. La semana pasada el Sindicato Unificado de Policía denunció en la radio que recibía presiones políticas para hacer detenciones en función de rasgos físicos. Debía cumplir un cupo. La amenaza es que si no pierden un bono de productividad y eso puede representar hasta 500 euros menos de sueldo al año.

–¿Las detenciones son constitucionales?

–No. Son anticonstitucionales, a tal punto que la delegada del Gobierno de Madrid dijo que si ese cupo mínimo era verdad tenía que acabarse.

–¿Alguna encuesta mide el nivel de racismo de la sociedad española más allá de tus propias impresiones personales?

–Al no reconocer el racismo como un problema, cosa que ocurría en España, fue difícil encontrar estudios para medirlo. Según las últimas encuestas de opinión pública, hoy la mayor preocupación es la crisis, luego viene el paro, como llamamos nosotros a la desocupación, y el tercero es la clase política. Hasta hace muy poco tiempo la segunda preocupación era la inmigración. Y eso teniendo en cuenta que la inmigración no ha sido fuente de problemas de delincuencia o inseguridad.

–¿No quedaron los inmigrantes como chivo expiatorio?

–La derecha los relaciona. El candidato a la alcaldía de Badalona lanzó una campaña que decía: “no más delincuencia, no más rumanos”. Y la realidad no tenía nada que ver. Es evidente que existe una correlación estadística entre las clases sociales más bajas y el pequeño crimen. Es cierto también que una parte importante de la inmigración está en esas clases sociales bajas. Por eso en la cárcel hay una representación mayor de inmigrantes que en la sociedad. En eso se apoyan para decir que los inmigrantes son más propensos al delito. Obvian el hecho de que el condicionamiento no es el de ser extranjero. Y pasan por alto que son delitos menores. No es desfalco. Tampoco prevaricación.

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Imagen: Bernardino Avila
 
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