DIALOGOS › DANIEL DIBIASE, EL ACTOR QUE ADMIRA DE CHICO AL SINDICALISTA COMBATIVO AGUSTíN TOSCO Y AHORA LO ENCARNA

“Tosco parece un personaje del teatro clásico”

El actor de Tosco, la obra teatral desde chico fue, junto con su padre, admirador del dirigente gremial cordobés sobre todo por la coherencia entre lo que decía y lo que hacía. Investigó a fondo la vida de un personaje que fue protagonista principal del Cordobazo y la rebeldía de los años 70.

 Por Sergio Kisielewsky

–¿Qué significa para usted representar y ponerse en la piel de Agustín Tosco, un personaje emblemático del sindicalismo de liberación, del sindicalismo alternativo?

–Por mi edad hice más de treinta personajes en teatro: un Yago de Otelo, El jardín de los cerezos de Chéjov, personajes con mucho compromiso con mucha dedicación siempre partiendo que a veces una creación artística es traumática cuando se trata de una hoja vacía y uno se ocupa y se obsesiona y lo tomo desde ese lugar hasta que empieza a aparecer el personaje o esa cosa que uno dice por acá me estoy acercando.

–¿Y en este caso cómo fue?

–Fue muy traumático por la tremenda admiración que le tengo a Agustín y eso es complicado para un actor porque está el estado de idealización de no llegar a la pelusa del talón de su zapato. La obra tiene de por sí un lenguaje muy poético, se trabajó con otro personaje y el desafío era triple, la tercera pata es que uno lo va conociendo al Gringo Tosco por testimonios y charlas, por la película Grito de piedra, de Adrián Jaime y Daniel Ribetti y lo que significó el Cordobazo y es tan humano que se transformó en inhumano, ¿cómo se le entra a este monstruo? Hasta que tuve una charla con Vicente Zito Lema y me dice “Sé vos” y cuando comencé a investigar era el tema de la perfección del hombre inobjetable, de una integridad increíble, de la foja de los militares de esa época que decía con un sello rojo “Insobornable” y no había de dónde agarrarlo. De los otros personajes que le hablé antes sí se podía trabajar con los opuestos, sí podía imaginarme a un Yago con diferentes aristas. En el caso de Agustín es de una belleza pura.

–¿Dónde encontró la belleza en el personaje?

–Rescaté anécdotas que contó un compañero del sindicato como una noche que se queda escribiendo a máquina hasta las tres de la mañana en la sede del gremio y él escuchaba el repiquetear de la máquina sin parar y en un momento deja de escribir, se asombró, sube y ve que el Gringo se durmió arriba de la máquina y él lo tapa con una frazada, se sentó y puso los pies en otra silla y se durmió. Se despierta por el repiqueteo de la máquina a la mañana y se encuentra él tapado con la frazada. Cuidar al compañero, abrazarlo y taparlo era muy de Tosco. Otro de los hechos es el que me contó Hipólito Solari Yrigoyen que luego de un atentado que sufrió por parte de la Triple A fue a visitarlo al hospital, él estaba todo vendado, entra Agustín, lo mira, lo toma con dos manos y se pone a llorar no sé cuanto tiempo y no le dijo nada y se fue. Me llamó la atención su sensibilidad y su cultura, era un hombre que leía desde marxismo hasta novelas, Almafuerte era uno de sus poetas preferidos

–No te des por vencido ni aun vencido.

–A los doce años le explica a su hijo mayor qué significaba la oligarquía en esa época y él explica que en la escuela secundaria se rebeló cuando le entregaron el diploma por el maltrato que había hacia los estudiantes, hace una arenga y no recibe el diploma.

–¿Qué matices encontró en el personaje para hacerlo creíble, verosímil?

–Buceando en las cosas que me agradan de mí que no es fácil para un actor. El era electro técnico y yo tengo buen manejo de mis manos frente a situaciones hogareñas como el cambio de cables y la famosa anécdota de Agustín que la cuenta un compañero de militancia gremial en Luz y Fuerza. Lo van a ver tres periodistas de la revista Gente, un fotógrafo y dos periodistas, y preguntan dónde está la oficina de Tosco y le dicen que él no tiene oficina, que estaba trabajando en la sección de bobinados de motores con un transformador hasta la seis de la tarde

–Seguía inserto en la producción...

–Cuando terminó les dio la entrevista y lo primero que les dijo fue que para ser delegado hay que saber de qué se trata el trabajo. Y en el teatro también lo aprendí, el maestro Augusto Fernández nos decía: “Si ustedes quieren hacer un pedido a un técnico tienen que saber cómo es una lámpara, cuantos wats tiene, qué potencia”.

–Otro de sus características es el desprendimiento y el rechazo a la ostentación a usar el dinero del sindicato.

–Una vez tenían que ir al Congreso a reunirse con unos legisladores. Los compañeros con su plata le compraron un saco y se lo dieron y los sacó carpiendo, ni siquiera les dio tiempo para decirle que ellos lo habían comprado con su plata. El sindicalismo combativo de esa época marcaba esa diferencia, también estaban Atilio López, René Salamanca.

–¿Esa época usted la estudió, investigó los sucesos históricos?

–Sí y los conocía por referencias de mi padre, nos llamaba la atención el overol de Tosco, overol que yo usé también en la secundaria, el enterizo azul y no era una cosa impostada, era el overol de laburo de él de verdad, después lo ves marchando con la camisa remangada de tal manera, el tipo es de verdad y decir las cosas en el tiempo que sucedían en ese momento con el gobierno de facto de Onganía era todo un tema. Por eso le decía que esa admiración me pegó bastante para componer el personaje incluso por provenir de un sindicato que se destacó por su compañerismo.

–Hay una gran tradición de luchas en el gremio de actores y de ampliación de derechos que fueron fruto de muchos reclamos de sus colegas. ¿El ejemplo de Córdoba influyó mucho?

–Y esa Córdoba tremenda pensaba en la Reforma Universitaria, la industrialización, había ocho mil obreros estudiantes en escuelas técnicas más los vecinos que salían a la calle aportando maderas colchones ante un gobierno represivo que congeló los salarios, quitó el sábado inglés que era un día de descanso, asesinatos, atropellos de todo tipo.

–¿Pudo hablar con algunos de los hijos, qué recuerdos tiene la familia de él?

–Era cariñoso con los suyos pero su hijo Héctor me contó que recuerda pasillos de la cárcel cuando iba a ver a su padre que cuando no estaba en el sindicato estaba preso. Me llamó la atención una carta que le dejó a Héctor el día que cumplió 11 años con un juego de ajedrez. En la carta dice: (lee) “Le iba a ser muy útil porque en la elaboración de las jugadas hay que pensar, prever las jugadas contrarias, darse un plan, readaptarse a situaciones no previstas, reencauzar el proyecto original, este juego entrena a la memoria porque es preciso retener muchas jugadas ayuda a ser paciente y tenaz.”

–Siempre decía que no hay que caer en la desesperación en las situaciones difíciles...

–En las asambleas tenía anotado el temario a tratar y la elaboración de los temas que podían surgir. Era un tipo que no descansaba, dormía muy pocas horas, era muy apasionado pero muy contenedor de los obreros, muy cabrón con los pares del sindicato y muy exigente de que estén informados, formados, en cambio con los obreros era mucho más condescendiente, estaba al tanto de la vida de ellos, tenía mucho registro del hecho solidario y de contención.

–Un punto álgido fue el debate con Rucci donde se expusieron dos modelos de sindicalismo.

–Cuando recibí le la obra creía que se iba a tratar de eso que el otro personaje iba a ser una especie de Rucci y no. El otro personaje es un bichito de luz que se transforma en un ser humano cordobés que quiere saber cómo se hace una asamblea y es un homenaje a los masacrados en Trelew porque la escena transcurre horas antes de la fuga. Yo tengo un registro de esa entrevista en Canal 11, la vi en un televisor blanco y negro y uno de los que hace la entrevista era Gerardo Sofovich y me llevé una sorpresa porque repregunta muy bien. Porque Rucci se hacía el cocorito diciéndole: “Qué me tiene que decir, qué es esto de la burocracia sindical a ver que me lo explique” y Sofovich le pide a Tosco que desarrolle su idea y ahí lo pulveriza desde lo intelectual. Fue desde lo académico hasta lo popular, lo sindical, lo político, la colaboración de clases, el entreguismo hasta en el Ministerio de Trabajo y las patronales y Tosco diciendo que nada se decide si no hablando con los obreros en asamblea. Era la época de la CGT de los Argentinos, de Ongaro, del peronismo de base y la época que el Gringo estaba al pie del cajón de Atilio López caminando con el cortejo fúnebre. O el Gringo diciéndole a sus compañeros de cárcel “de aquí me va a sacar la lucha popular”. Pero a mí no deja de conmoverme que con todas sus diferencias, Pujadas y Bonet, con una claridad en ese momento extremo que a pesar de las diferencias marcharon juntos. O estabas en una posición o estabas en otra no había medios tonos. Ahí lo veías a compañeros que venían desde distintas procedencias y llegaron a un acuerdo de cómo se iba a realizar la fuga con la unión que tuvieron se acabaron las diferencias. Tato Pavlovsky dijo que a los intelectuales latinoamericanos el Cordobazo les cambió la vida.

–Eran obreros calificados que ganaban muy bien pero pusieron en el centro la lucha por las libertades democráticas y el fin de la dictadura de Onganía.

–Cuando escuché a Macri hablar del Cordobazo lloré de la indignación por la falta de respeto a todos aquellos que hicieron esa lucha de obreros, estudiantes, pueblo, fue una acción de la dignidad humana y de alguna manera se estaba planteando que tipo de sociedad queremos inclusiva donde el Estado garantiza derechos que nos corresponden. Cuando vino el presidente cubano Dorticós en 1973 a la asunción de Cámpora Tosco concurre a una manifestación en la Plaza Vélez Sarsfield en Córdoba y lo llevan en andas hasta el palco y ahí define su posición contra el gobierno de Lanusse, le da la bienvenida a Dorticós y una crítica a Rucci al sindicalismo entreguista y termina con el puño izquierdo cerrado y la V de la victoria y hay un episodio que lo marca de cuerpo entero cuando llega a la cárcel de Trelew Santucho, Vaca Narvaja y otros compañeros estaban muy contentos y expectantes de la llegada por la gran admiración que le tenían por su nivel intelectual por sus convicciones y limpian la celda donde iba a estar Tosco, su interés era hablar con él aprender cosas que sucede en las horas que tenían de recreo y Santucho en carácter de bibliotecario elige una lista de libros que desde Marx hasta Mao y Tosco le pregunta: “¿No tenés algo más livianito para leer?” y empiezan a buscar y encuentran un libro de cuentos breves de Balzac.

–Hubo muchas movilizaciones del pueblo en Trelew en solidaridad con los presos políticos y lo que ocurre con Tosco se hace sentir en muchos conflictos a lo largo y ancho del país

–El Mendozazo el Tucumanazo, en Rosario y la cárcel de Trelew se construyó después del Viborazo un descendiente directo de Uriburu dijo “cortaré la cabeza de la víbora de un solo tajo” lo dijo un bisnieto de José Evaristo Uriburu y a Tosco le dan perpetua.

–Jorge Canelles, dirigente comunista del gremio de la construcción, estaba “ofendido” porque un Consejo de Guerra le dio más años de condena que al Gringo...

–(Risas.) Todo esto dio origen a que uno juntara las piezas de un rompecabezas. Hay un texto que lo agrega el director que yo lo descubrí en los últimos ensayos donde Tosco piensa en voz alta: “Qué tiempos son los que vendrán Gringo, cómo será, en qué consiste la libertad, de qué materia está hecha” eso fue nodal en la obra en lo que nos está pasando aquí y considero que Tosco es uno de los personajes del teatro clásico, personajes que son inalterables, si tengo que decirte que Tosco representa a Shakespeare, Chejov, porque pueden pasar las épocas y él siempre va a estar, allí hay una ética, un sentido que perdura, Tosco no va a pasar más, está presente cuando uno tiene que tener presente cuál es el rumbo, si querés modificar algo en la vida, si empezás a confundirte acudí a Tosco.

–¿Cómo fue la experiencia haciendo la obra y luego con el público?

–Vino gente militante que lo conoció, me abrazaron y tuve que firmarles el programa de la obra con el nombre de Tosco, vinieron compañeros que estuvieron presos, que les ves los huesos, las cicatrices de lo que ocurrió.

–¿Cómo llega a esta obra?

–Me convoca Sebastián Berenguer, el director de la obra y se trabajó mucho la poética del autor que es Alejandro Finzi. Sebastián tiene mucha fuerza y los que hicieron el sistema audiovisual con cosas mágicas de la obra son técnicos de Bahía Blanca. Lo tomé como un homenaje a Tosco y a los masacrados de Trelew. Como un hecho artístico estético se narra como un hecho teatral que se combine con la imagen y el sonido, todo eso puesto en un contexto para entender que ese hombre que está en la cárcel. Puede haber algo didáctico, incluso, y no me molesta. Estamos homenajeando a uno de los líderes fundamentales que tuvo la Argentina, no hay muchos como él que nos represente y eso me hace muy feliz. Eso nos permite reflexionar sobre el teatro y sobre lo que estamos contando.

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Imagen: Rafael Yohai
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