DISCOS › SE REEDITAN DOS DISCOS FUNDAMENTALES DE PIAZZOLLA

Yendo del Mundial a la pesca

En 1978, Piazzolla grabó su último álbum “italiano”, y en 1979, el primero con el nuevo quinteto. Ambos se publican en CD.

 Por Diego Fischerman

La discografía de Piazzolla es un rompecabezas. Varias ediciones con distinto contenido pero el mismo título (Adiós Nonino y Libertango son los más transitados) comparten las bateas con otras que, teniendo igual contenido, aparecen con títulos diferentes (Summit y Reunión Cumbre) por ejemplo. El panorama está agravado por las casi infinitas recopilaciones y por la falta de información –o las informaciones incorrectas– de los folletos adjuntos.
Un caso ejemplar es el de un CD llamado Libertango –que, desde ya, no es que Piazzolla bautizó Libertango–, en el que figura como intérprete el Conjunto 9 –que el bandoneonista formó en 1972, cuando el tema “Libertango” aún no había sido creado– en lugar del octeto de 1976, con Cirigliano, Cevasco, Daniel Piazzolla, Arturo Schneider, Malvicino, Giacobbe y Roizner, que es el que realmente toca. Lo que no sería nada si no fuera porque en ese CD, como otros editados después de la muerte de Piazzolla, con registros en vivo, la guitarra eléctrica no se escucha en absoluto. Es que esas grabaciones están tomadas de la consola, seguramente por el mismo sonidista, y la guitarra eléctrica, al no ser amplificada por micrófonos, no pasaba por la consola de sonido. Por lo que en realidad lo que se escucha es un involuntario septeto.
En medio de ese paisaje caótico, saber cuándo una edición de Piazzolla vale la pena y cuándo no es una tarea ímproba. Por eso resultan especialmente bienvenidas dos publicaciones recientes del sello argentino Trova, que restituyen (y en un caso con yapa) dos de los álbumes originales de Piazzolla y, milagrosamente, con información tan correcta como completa acerca de los músicos que tocan y las fechas de grabaciones. Uno de ellos es el último disco que Piazzolla grabó en Italia, en 1978, con músicos de esa nacionalidad, cerrando el ciclo que había empezado con Libertango en 1974. El otro es el primero del nuevo quinteto, en 1979, con Fernando Suárez Paz en violín, en lugar de Antonio Agri, y Pablo Ziegler en el piano, con el agregado de las Siete secuencias para bandoneón y cuarteto de cuerdas, grabadas en 1983.
El primero de esos discos también tiene una historia más o menos oscura. Los títulos de sus temas remiten al fútbol y el disco se llamaba, originalmente, Piazzolla 78. La cercanía del año 1978 y del fútbol no fue demasiado bien vista en Europa, y el álbum volvió a salir a la venta en 1980 pero con el nombre Chador. Y como ese título no tenía demasiado que ver con el de los temas, estos también cambiaron de nombre. “Mundial 78” pasó a llamarse “Thriller”, “Marcación” fue “Panic”, “Penal” se convirtió en “Tango Fever”, “Gambeta” en “Chador”, “Golazo” en “Goooooal”, “Wing” en “Buenos Aires Promenade”, “Corner” en “Milonga Trip” y “Campeón” en “Tango Blues”. La nueva edición, ahora con el título Piazzolla Mundial, vuelve a los viejos nombres salvo en el caso del primer tema, al que rebautiza como “Piazzolla 78”. La conformación instrumental es prácticamente la misma de Libertango, Summit, Suite Troileana y Piazzolla 77 (también publicado como Persecuta), con el baterista Tullio de Piscopo, Sergio Farina en guitarra, Arnaldo Piuri en piano, tres flautas, órgano (a cargo de Gianni Zilioli), bajo eléctrico y cuerdas.
El otro CD es Astor Piazzolla. 1979/1983. Escualo. Sette Sequenze. Escualo se llamaba Biyuya, pero es el mismo disco, dedicado a la pesca de tiburones y con un tema bastante atípico para la producción de Piazzolla, “Chin Chin”, en el que se luce Ziegler en un solo de neto estilo jazzístico. Las Sette Sequenze, por su parte, están tocadas por Piazzolla junto al Cuarteto de Cuerdas de la Grounke Orchestra de Munich. Cinco de estas piezas fueron recicladas en 1991 –en este caso por el propio Piazzolla– como Five Tango Sensations y grabadas junto al Kronos Quartet. Pero la versión primigenia (incluyendo las dos piezas faltantes en la revisión posterior) era, hasta el momento, prácticamente inconseguible. De hecho, el disco Escualo sigue estando en algunas disquerías porteñas, sin el agradecible agregado de esta obra con cuarteto de cuerdas. En ambos CDsel sonido es muy bueno y asombra seguir combrobando lo bien que sonaban los grupos de Piazzolla, el ajuste impresionante, la fuerza, la riqueza de matices y, sobre todo, ese swing del bandoneonista que hacía que cada una de sus notas, aun las más ensayadas, parecieran improvisadas.

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Astor Piazzolla lograba que todo pareciera improvisado.
 
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