ECONOMíA › LOS GOBIERNOS EUROPEOS NO SE PONEN DE ACUERDO CON LAS MEDIDAS DE SALVATAJE A LOS BANCOS

Garantías para evitar las corridas

En forma descoordinada y a medida que el temor por la caída de los bancos se extiende entre la población, los países europeos aumentan la protección de los ahorros sin acordar un plan de rescate conjunto.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

Dos paralelas y una carrera hacia el abismo. Mientras los líderes europeos trataban de salir al paso de la crisis en orden disperso, las bolsas del Viejo Continente actuaban con una coordinación de mecanismo de relojería: todas, sin excepción, hicieron un viaje hacia el fondo de la noche y registraron pérdidas que quedarán en los anales de la historia. Con un descenso de 9,8 por ciento, el índice de la Bolsa de París, el CAC 40, llegó al nivel más bajo desde su creación en 1988. Las demás plazas bursátiles europeas acompañaron esa caída con porcentajes más espectaculares que los que marcaron las jornadas que siguieron a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en los Estados Unidos: en Londres, el índice Foostie cedió 7,9 por ciento, Amsterdam terminó con una baja de 9,1; España, 6,1; Zurich, 6,1; Bruselas, 6,8; Francfort, 7,7; Milán, 8,2; mientras que Lisboa y Dublín rozaron una caída del 10 por ciento.

En medio de la estampida que recorrió el planeta y tomó por sorpresa a Europa, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, advirtió que había que “tener sangre fría”. Los inversores bursátiles parecen haberla perdido y temen que el colapso se cobre la estabilidad de nuevas entidades bancarias europeas, tal como ocurrió con la última decapitada de la lista, el banco alemán Hypo Real Estate, cuyo rescate necesita mucho más de los 35 mil millones de dólares anunciados inicialmente. Ante esa situación, varios gobiernos anunciaron medidas para garantizar los depósitos de los ahorristas. Bajo una lluvia de críticas de sus socios europeos, Irlanda fue el primer país en plasmar la garantía total de los depósitos. Con el correr de los días le siguieron otros, entre ellos el más espectacular, Alemania: al día siguiente de la minicumbre celebrada en París (sábado) junto a Sarkozy, el primer ministro británico, Gordon Brown, y el presidente del Consejo italiano, Silvio Berlusconi, la canciller alemana, Angela Merkel, anunció el domingo que Berlín garantizaría los depósitos. Esta operación, a la que se le sumaron Islandia, Dinamarca, Austria, Portugal y Grecia, tiene un costo elevadísimo, ya que los depósitos representan en Alemania 1,6 billón de euros. La decisión alemana y la de los otros países que iniciaron el movimiento rompe con la doctrina aplicada hasta ahora en Europa, donde los fondos están garantizados hasta límites que oscilan entre los 20 mil y los 100 mil euros por cliente. El Estado francés, por ejemplo, sólo garantiza depósitos de hasta 70 mil euros. España, que sólo garantiza 20 mil euros, decidió aumentar el fondo de garantías pero aún no precisó el monto. Pese a los esfuerzos y comunicados sucesivos, los europeos dan sobradas muestras de ser incapaces de gestionar la crisis de manera conjunta o coordinada. La desconexión era tal que, ayer, algunos líderes de la Unión Europea jugaban a ver quién leía primero un comunicado. Silvio Berlusconi salió a decir, en nombre de Europa, que “los líderes europeos tomarán las medidas necesarias para mantener la estabilidad financiera. (...) Los Estados de la UE actuarán para asegurar que los ciudadanos no pierdan sus ahorros”. Ese rol le correspondía sin embargo a Nicolas Sarkozy, cuyo país asume actualmente la presidencia semestral de la Unión Europea. Pocos minutos después de Berlusconi, fue Sarkozy quien leyó un comunicado donde resaltó que los 27 países de la Unión están “unidos, solidarios y determinados”. Pero ello no cambia el fondo de la controversia. El presidente francés precisó que cada Estado tomará de forma independiente las iniciativas que juzgue necesarias para sostener el sistema, “tanto con la inyección de liquidez provenientes de los bancos centrales, como con medidas dirigidas a ciertos bancos, o mediante dispositivos reforzados de protección de los depósitos”. En concreto, cada uno con su barco a cuestas. Sarkozy resaltó que ningún depositante “ha sufrido pérdidas”, adelantó que se tomarán todas las medidas para proteger a los ahorristas y concluyó diciendo que “los dirigentes europeos constatan la necesidad de una coordinación y una cooperación y estrechas”.

Coordinación y cooperación, con todo, sólo se plasman en las declaraciones. Las divergencias entre los líderes europeos son densas y, entre otros aspectos, se cristalizan en torno de un fondo común europeo de 300 mil millones de euros. Esta idea, lanzada por Holanda y luego por Francia, confronta con la fuerte hostilidad de Alemania y Gran Bretaña, ambos partidarios absolutos de las soluciones nacionales y no colectivas. Un corredor de Bolsa de París comentaba ayer a PáginaI12 que “estamos en el miedo total, en el sálvese quien pueda, las iniciativas de los gobiernos siembran más incertidumbres que tranquilidad y certezas. Navegamos a ciegas. La falta de coordinación entre los gobiernos de la Unión Europea, la cacofonía ambiental que vivimos, crear una compacta sensación de desconfianza de los inversores que se traduce en el comportamiento de las bolsas”. La falta de posición común no sólo se ve en lo que respecta a un fondo de garantía europeo sino también en la manera en que, de forma dispersa, algunos gobiernos anuncian unilateralmente que garantizarán los depósitos. La crisis no sólo precipitó las bolsas, sino que también dio lugar al comienzo de un proceso de concentración del sector bancario, que se profundizará a medida que avanza el desmoronamiento del sistema financiero. El grupo BNP compró el 70 por ciento del grupo de seguros Fortis a un valor bajo. Pero la inquietud persiste. El banco franco-belga Dexia, salvado gracias a la ayuda gubernamental aportada por París y Bruselas, perdió ayer 20 por ciento en la bolsa. En Francia, a su vez, la Caisse d’Epargne y la Banque Populaire anunciaron una posible fusión. Uno de los emblemas europeos de esta crisis, el banco alemán Hypo Real Estate, se desplomó en un 35 por ciento en la Bolsa de Francfort. Ayer, el Banco Central Europeo, BCE, entregó 50 mil millones de euros al mercado monetario europeo, pero ello no bastó. Al término de una reunión organizada por Nicolas Sarkozy con los dirigentes de quince grandes bancos y compañías de seguros, el presidente de la Federación Bancaria francesa y a la vez director general del Crédit Agricole, Georges Pauget, admitió que la situación de los bancos y las compañías de seguros “era compleja”.

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El banco alemán Hypo Real Estate fue salvado por el gobierno de Merkel.
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