ECONOMíA › EL PROYECTO DE ARGENTINA Y VENEZUELA PARA INSTALAR UNA REFINERIA DE PDVSA EN EL PAIS

Dos a la búsqueda del eslabón que faltaba

La respuesta a la escasez de oferta y al control oligopólico de las grandes petroleras. El impulso y el entusiasmo de un hombre clave del equipo de Chávez. La idea que proyectaron Néstor Kirchner y De Vido en 2006.

 Por Raúl Dellatorre

La petrolera venezolana ya tiene una red de 152 estaciones en el país. Pretende consolidarse y disputarles el mercado a Repsol, Shell y Esso.

El desarrollo del plan conjunto de las empresas estatales Enarsa y Pdvsa anunciado en la última semana podría empezar a mostrar el camino hacia la solución del conflicto que Argentina arrastra por lo menos desde hace un lustro: estar permanentemente al límite de la saturación de su capacidad de producción de combustibles y dependiente de la actitud de un puñado de firmas que ejercen el control oligopólico de ese mercado. A las declaraciones del ministro de Planificación anticipando la intención de la petrolera venezolana de instalar una planta de refinación en el país, se le sumaron en las últimas horas las expresiones del titular de Pdvsa, no sólo ratificando ese propósito sino además dando detalles del plan. Quienes estuvieron en Venezuela acompañando la visita de Julio De Vido aseguran que Rafael Ramírez, que además de presidente de la firma es ministro del Petróleo, es el más entusiasmado por ver concretado el proyecto de refinar petróleo en suelo argentino y disputarle el negocio a Repsol, Shell y Esso.

Según detalló Rafael Ramírez, Pdvsa trabaja junto a su par argentina Enarsa para constituir una empresa mixta que será la encargada de producir unos 100 mil barriles diarios de petróleo en un área ya asignada en la Faja del Orinoco, la rica cuenca hidrocarburífera de la geografía venezolana. “Aquí está todo el petróleo que requiere Argentina, pero para procesarlo necesita ampliar su capacidad de refinación”, expresó Hugo Chávez el miércoles, teniendo a su lado a De Vido. Ramírez es el responsable de llevar cuanto antes a la práctica esas expresiones.

En las oficinas de Ramírez en Caracas ya están las carpetas con los números que constituyen el presupuesto del proyecto. La inversión necesaria para la extracción del crudo asciende a 2200 millones de dólares, una cifra que no es excesiva si se tiene en cuenta que el yacimiento asignado a la explotación binacional contaría con reservas certificadas de 1700 millones de barriles. La producción, según las proyecciones, podría ser llevada hasta los 200 mil barriles diarios.

Del lado argentino, Enarsa no estaría obligada en una primera etapa a aportar capital efectivo para la financiación del proyecto. A cambio, Argentina ofrecerá todas las facilidades para la instalación de la planta de refinación en el país, que en principio no se descarta que sea de propiedad exclusiva de Pdvsa (y no en el esquema de empresa mixta, como lo será la extracción del crudo en la Faja del Orinoco).

Pdvsa tiene interés de concentrar en esa futura planta de refinación el resto de operaciones de comercialización de combustibles que ya tiene en el país, pero a partir de producto comprado a terceros o importado desde Venezuela. Actualmente, la petrolera venezolana ocupa el primer lugar entre las proveedoras de fuel oil para centrales térmicas en el país, con una venta anual de 1,2 millones de toneladas, y está entre las mayores (segunda o tercera, según el año) oferentes de gasoil para ese mismo destino (500 mil metros cúbicos al año). Vale señalar que el combustible para las usinas térmicas no es el mismo que el que se utiliza para transporte vehicular, ya que requiere mayor grado de refinación para eliminar materiales y minerales que podrían dañar las máquinas generadoras. De cualquier modo, aunque en otra etapa, surge del mismo proceso de refinación que las naftas y el gasoil para autos. La proyección de la petrolera venezolana es poder producir todos los derivados en su futura planta en Argentina para consolidar su liderazgo no sólo en ese segmento del mercado sino globalmente.

Con la adquisición del último 50 por ciento de la firma Petrolera del Cono Sur a la uruguaya Ancap, en el mes de septiembre, Pdvsa pasó a tener el control total de la red de estaciones de servicio Sol. Entre propias y “embanderadas”, aseguran que alcanza 152 bocas de venta. Al no tener una refinería detrás, a la red de venta Sol no se la considera un jugador “grande” en el mercado local. Pdvsa aspira a completar ese eslabón y convertirse en el jugador de peso localmente que todavía no es.

Al justificar la conveniencia del proyecto, Rafael Ramírez suele insistir en que poseer una refinería en Argentina “es el único paso que falta” para convertirse en un big player en el negocio de los combustibles en el país. El proyecto contempla la refinación del crudo provisto por la abundante oferta del subsuelo venezolano, pero no descarta la compra a otras empresas que extraigan en el país e, incluso, una futura participación venezolana en producción en Argentina. De todos modos, el paso estratégico, insiste el titular de Pdvsa, es la planta de refinación.

No le debe haber costado mucho a Ramírez convencer al presidente Hugo Chávez sobre la conveniencia de la inversión en una refinería en Argentina. Primero, porque Ramírez es un estratega de confianza del presidente venezolano, que lo acompaña desde el inicio de su gestión y que además fue un actor clave en la “recuperación” de Pdvsa de manos de los grupos internos que la controlaban y la seguían haciendo rendir en beneficio de capitales privados y no del Estado, incluso varios años después que Chávez hubiera asumido como presidente. La “conquista de Pdvsa” fue, para el presidente bolivariano, el de safío tener que ganar el poder real estando ya a cargo del poder formal. Ramírez, junto a Alí Rodríguez, su antecesor al frente de Pdvsa y en el ministerio (que ahora pasará a ejercer la secretaría general de la Unasur), fueron los cuadros en los que Chávez confió ese proceso.

Tampoco habrá sido grande el esfuerzo de Julio De Vido por consensuar el apoyo que el gobierno argentino le dará al ingreso de Pdvsa como un competidor de fuste en el campo de batalla local de los combustibles. El proyecto al que ahora Ramírez le da forma ya fue imaginado y proyectado cuando, entre 2005 y 2006, el presidente Néstor Kirchner, junto al entonces y actual ministro de Planificación Federal, elaboraron un audaz plan energético, que considerando el estado en el que había quedado el sector tras la década de las privatizaciones, parecía más fantasioso que ambicioso. El proyecto creaba Enarsa, por entonces un ente formal sin patrimonio ni contratos. Pero a los pocos meses, Kirchner firmó con su par venezolano el contrato que ligó a Enarsa con Pdvsa en las exploraciones en el área Ayacucho de la Faja del Orinoco. De los resultados de aquellas exploraciones surgen los planes actuales de producción por una empresa mixta de 100 mil barriles diarios en esa misma área.

En ese 2006, Argentina ya empezaba a padecer las angustias de una producción muy estrecha de naftas y gasoil para una demanda que se expandía rápidamente. Con tironeos y conflictos con las petroleras, fue resolviendo la coyuntura, pero no una solución definitiva para un mercado mal estructurado e insuficientemente regulado. En aquel año se tomaron decisiones estratégicas que ahora empiezan a madurar. Esta semana coincidieron la denuncia por prácticas oligopólicas contra las cinco petroleras integradas que operan en el mercado y

el anuncio de un próximo ingreso de un sexto integrante con otra política. Del juego dialéctico entre ambos hechos, aparece una luz que alumbra una posible salida.

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