ECONOMíA › TEMAS DE DEBATE: QUé PASOS DEBEN DARSE PARA PROFUNDIZAR EL PROCESO DE INDUSTRIALIZACIóN

Claves para consolidar la transformación

El desarrollo manufacturero de la última década se contrapone con lo ocurrido en los ’90, en que predominó la destrucción de las capacidades industriales y tecnológicas. Sin embargo, todavía existe una serie de condicionantes estructurales por superar.

Producción: Tomás Lukin

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Agregar más valor

Por Fernando Grasso *

La salida del régimen neoliberal que se produjo con la crisis de 2001 puso fin a una etapa de profundo deterioro. Entre sus resultados más elocuentes se destacan la caída de la tasa de crecimiento de la economía a un tercio de lo que había sido el promedio de su historia previa y el estancamiento del producto per cápita, lo cual se dio en el marco de un empeoramiento de la distribución del ingreso, del salario real y de su participación en el valor agregado. En el plano estructural, implicó la desarticulación del entramado productivo y una destrucción de capacidades industriales y tecnológicas, cuyo alcance fue difundido pero caló más hondo en los segmentos de mayor relevancia estratégica.

Desde esta perspectiva, el proceso que se inició luego constituye una reversión de la tendencia. Los resultados obtenidos en todos estos aspectos se contraponen con los anteriores. Sin embargo, el ingreso a una fase de menor desempeño en los últimos años trasluce el emergente de diversos condicionantes. Si bien algunos se vinculan con la necesidad de resolver determinados aspectos de la administración económica de más corto plazo, los más gravitantes se remiten a la dinámica estructural de la economía argentina, cuyos componentes son de raíz más profunda.

Se han dado pasos relevantes, pero resulta prioritario ser más contundentes en la transformación del entramado productivo hacia mayores niveles de valor agregado, de intensidad en el uso de las tecnologías más avanzadas, de autonomía en los procesos de innovación y de competitividad internacional. Esto se manifiesta en las brechas de productividad en el interior de la industria local y en relación con los países más avanzados, así como en la alta elasticidad de crecimiento entre el producto y las importaciones en relación con la de las exportaciones, que además reflejan un tipo de inserción internacional basado en productos de medio y bajo contenido tecnológico.

Del mismo modo, aún deben expandirse los esfuerzos en materia de innovación y los grados de integración nacional de las cadenas de valor en segmentos claves. El grado de éxito que se alcance en cada uno de estos planos está directamente relacionado con la tasa de crecimiento de la economía, con la capacidad de mejorar la distribución del ingreso y con la sustentabilidad de los procesos involucrados.

Por lo tanto, el desarrollo económico y social de la Argentina requiere seguir profundizando la política industrial, colocándola en un mismo orden de importancia que el de las políticas macroeconómicas y asentándolas en un tejido institucional que fortalezca su continuidad en el largo plazo.

De manera coordinada con el conjunto de organismos del Estado, deben ser jerarquizadas sus formas de intervención, a efectos de definir objetivos, instrumentos, evaluar resultados y revisarlos teniendo en cuenta la heterogeneidad que prevalece en el conjunto de sectores industriales.

Bajo estas premisas, la administración del comercio exterior constituye una pieza clave, que debe ser acompañada de un conjunto de lineamientos consistentes en materia de normas técnicas, de incentivos y cargas tributarias. En ese sentido, no sólo resulta preciso preservar la dinámica del mercado interno, sino también apostar decididamente a la promoción de las exportaciones de alto valor agregado y contenido tecnológico.

La evidencia sugiere que las mayores dificultades en este plano están asociadas con determinados segmentos industriales como la industria automotriz, la electrónica y los bienes de capital, que explican más del 60 por ciento del déficit en manufacturas de origen industrial. A su vez, las vinculadas con el sector energético deben entenderse en el marco de las oportunidades que derivan de los recursos de que dispone el país, del mismo modo que las existentes en las distintas economías regionales (alimentos, minería, etc.).

Por lo tanto, avanzar sobre cada uno de estos sectores requiere establecer un marco competitivo y para la inversión, fortaleciendo el rol del Estado en materia regulatoria, favoreciendo el valor agregado local y la integración de las cadenas de valor en aquellos bienes intermedios, maquinarias y equipos donde se definen las tecnologías de producción. Asimismo debe darse un salto cuantitativo y cualitativo en materia de financiamiento para el desarrollo, incluyendo las necesidades en materia de infraestructura. Su dinamización aporta a la industrialización del país no sólo por el servicio que prestan a sus usuarios, sino también por las oportunidades que implica en materia de desarrollo de proveedores. Ambos planos son igualmente importantes y deben gestionarse a partir de criterios amplios, que incorporen sus efectos intertemporales sobre el desarrollo de proveedores estratégicos, el empleo, la generación de conocimientos y de tecnologías propias, entre otros que aportan al desarrollo nacional.

* Presidente de SIDbaires y director de Estudios Económicos de Adimra.


Crédito para el desarrollo

Por Agustín D’Attellis *

El desarrollo económico argentino requiere de una importante ampliación del crédito. Es necesario avanzar en la creación de instrumentos financieros que permitan canalizar el ahorro hacia la inversión productiva. Un mercado financiero con mayor profundidad y diversidad de instrumentos es condición necesaria para avanzar en el proceso de desarrollo. Se trata de sortear los cuellos de botella que se presentan en una economía con restricciones propias de una estructura productiva desequilibrada.

La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central en 2012 permitió recuperar la posibilidad de direccionar el crédito en función de un desarrollo planificado a través de sus normativas. Se trata de un hecho fundamental, no sólo para la recuperación del crédito de largo plazo, sino también para zanjar la vieja discusión sobre la eficiencia de los mercados desregulados. La crisis internacional desatada a fines de 2008 en el sistema financiero de los Estados Unidos y con impacto sobre todas las economías del mundo –principalmente las desarrolladas– dejó en evidencia que la dinámica creada a partir de esos argumentos se transforma en una fuente de inestabilidad. La lógica de aumento de la rentabilidad en el corto plazo lleva a los bancos a asumir riesgos excesivos, al no estar regulados y contar con los bancos centrales como prestamistas de última instancia.

En la Argentina se observa en los últimos años una fuerte concentración del crédito en el corto plazo. Los datos revelan que, antes de la reforma de la Carta Orgánica, casi un 92 por ciento de la cartera total de créditos se concentraba en el corto plazo. Se llegaba a ese porcentaje sumando los refinanciamientos de tarjetas de crédito, los préstamos personales, adelantos de cuenta corriente y descuento de documentos. Con la reforma, se emitió una normativa que llevó a los bancos comerciales a tener que destinar el 5 por ciento de sus depósitos a préstamos para inversión productiva, de los cuales el 50 por ciento debe destinarse a pymes, con una tasa de interés que en la actualidad no debe superar el 19 por ciento nominal anual.

En este sentido, puede avanzarse también con la recuperación del crédito hipotecario, entendiendo además la importancia del crecimiento de la construcción en esta etapa del ciclo económico, así como también considerando el actual déficit habitacional. También ha resultado un avance importante la puesta en marcha del inciso q para las inversiones de los fondos previsionales, y del inciso k en cuanto a las inversiones de las compañías de seguros. Si bien este tipo de medidas resulta efectivo para que el Estado actúe como planificador del desarrollo de largo plazo –y entendiendo al sector financiero como parte integral de una economía en crecimiento con mejoras en términos distributivos–, resta por avanzar en el restablecimiento del crédito como parte fundamental del desarrollo con industrialización.

Se plantea entonces la necesidad de contar con un Banco Nacional de Desarrollo. Sus objetivos principales serían el otorgamiento de créditos en plazos adecuados a las necesidades de las inversiones en activos fijos y de capital de trabajo de las firmas, la flexibilización de las garantías con las coberturas adecuadas del riesgo, la securitización de préstamos, el apoyo técnico a las firmas para resolver sus problemas de financiamiento y brindar crédito para exportaciones. Las alternativas de fondeo de la banca de inversión son variadas, aunque surgen principalmente del capital de las entidades, las líneas de crédito externas, la captación de recursos de mediano y largo plazo y la colocación de su portafolio de préstamos y participaciones accionarias en el mercado de capitales. Asimismo, la banca de inversión puede actuar de enlace entre fondos institucionales (como los administrados por el sistema de seguridad social), los préstamos de inversión y las participaciones en el capital de las firmas. Las experiencias de Brasil y Corea son interesantes para ser consideradas como ejemplos de éxito en el funcionamiento de Banca Nacional de Desarrollo.

En esta última década se avanzó decididamente en un proceso de reformas económicas y del aparato productivo, pero no se alcanzó aún a subvertir el orden neoliberal establecido en el sistema financiero. La creación de un Banco Nacional de Inversión y Desarrollo es una tarea pendiente en el país y fundamental para la etapa que viene.

* Economista LGM, profesor e investigador UNM y UBA, presidente Calific.ar UNM ACR UP.

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