ECONOMíA › TEMAS DE DEBATE: QUé IMPACTO TIENE LA COLOCACIóN DEL BONAR 24

La vuelta a los mercados internacionales

La operación del Bonar 24 luce como una victoria política frente a la estrategia de los fondos buitre tendiente a aislar a Argentina para forzarla a negociar. El impacto económico fue positivo por la suba de las reservas, pero la contracara fue la alta tasa de interés.

Producción: Javier Lewkowicz

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Victoria sobre buitres

Por Por J. Ignacio Frechero *

La exitosa colocación del Bonar 24 puede ser un parteaguas en la disputa con los fondos buitre. El grupo de acreedores altamente especulativos liderados por el magnate Paul Singer cimentó durante años su agresiva estrategia hacia la Argentina en lograr su aislamiento de los mercados internacionales de capital. Como supuesto, Singer confiaba en que esta exclusión financiera, en el marco de una creciente sed de divisas, llevaría tarde o temprano al Gobierno en Buenos Aires a ceder ante su oneroso reclamo.

Para apuntalar este escenario, el financista no escatimó recursos ni esfuerzos. Con el apoyo de otros holdouts, fundó en 2006 la American Task Force Argentina (ATFA), una organización de cabildeo destinada a convencer al Congreso y al Ejecutivo estadounidense sobre la necesidad de presionar a la Argentina para que atienda su deuda aún en default.

Desde la propia ATFA, lanzó además una campaña mediática internacional de desprestigio de la nación suramericana, orientada a ahuyentar inversores y crear zozobra sobre la conducción y el rumbo político del país. Al respecto vale recordar que, entre otros tópicos, como bien reconociera el canciller Héctor Timerman, ATFA fue clave en la creación de la matriz de opinión negativa sobre el Memorándum con Irán hace dos años, calificando al mismo como “un pacto con el diablo”.

Complementando estas líneas de acción, Singer apostó fundamentalmente a la vía judicial, confiado en repetir los éxitos obtenidos contra Perú y la República del Congo a comienzos de siglo. Encontró eventualmente un alfil clave en la Corte distrital del octogenario juez Thomas Griesa en Nueva York, quien no sólo intentó en diversas oportunidades embargar activos argentinos en los Estados Unidos, sino que terminó por emitir en 2012 un fallo discriminatorio que otorga derechos de cobro a los holdouts por sobre los acreedores reestructurados en 2005 y 2010. La denominada sentencia del Pari Passu en los hechos ha servido para entorpecer la cadena de pagos internacional de la Argentina, obligando al gobierno a establecer un mecanismo alternativo de servicio de los bonos performing en su propia jurisdicción (a partir de la ley de Pago Soberano). Hasta la emisión del Bonar 24, pocos días atrás, se creyó adicionalmente que este fallo permitiría disuadir la colocación de nueva deuda: ningún inversor foráneo se arriesgaría a prestar dinero a sabiendas de que éste podría ser eventualmente bloqueado o embargado.

Por su parte, desde el Ministerio de Economía argentino en reiteradas ocasiones a lo largo de los últimos años se aseveró que el país estaba en plena capacidad de financiarse en los mercados internacionales cuando lo necesitase, lo que ahora ha quedado confirmado para sorpresa de calificadoras y gurúes financieros.

Desde la estricta perspectiva de la pelea con los fondos buitre, la operación del Bonar 24 –singular en su forma por prescindir de intermediarios financieros y por estar sólo sujeta a legislación nacional– luce como una trascendente victoria que debilita los efectos del chaleco de fuerzas judicial montado desde Nueva York sobre la estrategia argentina de reestructuración de deuda. Las declaraciones inmediatas cargadas de perplejidad del abogado de Singer, Robert Cohen, la audiencia de emergencia convocada por Griesa y su veloz concesión de permisos de Discovery a los holdouts para indagar en los detalles de la operativa, abonan esta lectura.

No menos importante, la emisión supone además buenas noticias a nivel internacional en tanto se constituye como un claro antecedente de que es posible subvertir la estrategia de aislamiento y los elaborados embates de los fondos buitre, algo que sin duda agradecerán los numerosos gobiernos y pueblos que enfrentan la misma amenaza. Si se toma en consideración también el protagonismo político-diplomático argentino en la elaboración del marco multilateral para la reestructuración ordenada de deudas soberanas, actualmente en curso en el seno de las Naciones Unidas, es posible sostener que en esta materia el Gobierno no sólo atiende la defensa del interés nacional sino que además abre brecha en beneficio de la comunidad internacional, en pos de un sistema financiero global más previsible y justo.

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Calma cambiaria

Por Andrea Pietrobuono *

La última emisión del Bonar 24 desmanteló la premisa que sostenía que los mercados internacionales estaban cerrados para Argentina. El Gobierno logró colocar casi 1415 millones de dólares (con una oferta que alcanzó los 1890 millones) a una tasa del 8,9 por ciento, mientras que unos días después YPF colocó un monto similar en ON’s a 10 años a una tasa fija del 8,5 por ciento. Ambas medidas ubicaron el stock de reservas en los 33.900 millones de dólares, su mayor volumen desde octubre de 2013.

Una de las características distintivas de la tercera emisión del Bonar 24 fue que se realizó sin banco emisor ni comisiones pero a una tasa de interés suficiente que logró compensar a los acreedores externos por el riesgo legal de la operación. El precio de corte de la emisión fue de 103 dólares en contraste al valor de mercado de 106,5 dólares, diferencia robusta para la toma de decisión del inversor y la efectividad de la emisión.

Pero la relevancia del resultado logrado debe evaluarse desde dos perspectivas fundamentales: la política y la económica. Desde lo político, se puso en evidencia que arreglar con los fondos buitre no era la única opción para Argentina, tal como expresaron varios economistas y candidatos presidenciales. Uno de los principales argumentos a favor de arreglar era el supuesto aislamiento financiero que sufría el país, lo cual devendría en enormes costos económicos.

Lejos de eso, y a pesar de la cuestionable calificación de “Default Selectivo” que posee el país, la entrada de dólares frescos fue una señal del propio mercado internacional, no sólo de confianza hacia Argentina sino también de apetito por su deuda, que permitió dejar la puerta abierta a futuras colocaciones. Asimismo, el hecho de que el riesgo corporativo de la petrolera resultara levemente inferior al riesgo soberano marchó en contra de todos los manuales y evidenció las consecuencias absurdas del “efecto Griesa” y la calificación crediticia internacional.

Por su parte, desde el plano económico, el mayor colchón de reservas no sólo brindó aire en la economía local sino que permitirá alimentar la estabilidad del tipo de cambio acarreada por el BCRA en los últimos meses necesaria para controlar las presiones inflacionarias, las expectativas de devaluación y sostener el salario real. De igual manera, permitirá una mayor flexibilidad para afrontar el pago de importaciones e impulsar el empleo y la actividad económica.

En este mismo plano, también es destacable que se obtuvo casi la mitad del fondeo necesario para pagar el vencimiento de octubre por el pago de intereses y la amortización final del Boden 2015. Este pago fue puesto en duda en repetidas ocasiones intentando generar incertidumbre sobre el final del mandato del Gobierno. El gabinete económico respondió con una oferta de pago anticipado voluntario del Boden 2015, que al tener suscripción prácticamente nula reveló la poca solidez de las proyecciones sobre la incobrabilidad de este bono.

Por lo tanto, todos estos factores confluyen en un alivio externo y calma cambiaria que se extendería en los próximos meses. Sin embargo, no es posible perder de vista que a pesar de la buena gestión y los beneficios, el costo continúa siendo alto en comparación con el resto de los emergentes que se endeudan a la mitad de tasa en dólares. Esto plantea desafíos sobre la sustentabilidad de esta estrategia a largo plazo.

Entonces, continúa siendo fundamental avanzar en la construcción de una economía cuyo sistema productivo genere dólares, o los consuma de manera eficiente y equilibrada, teniendo en cuenta que la tendencia a la restricción externa no aparece como un problema coyuntural, sino estructural; es decir, como un resultado de la estructura productiva desequilibrada.

* Economista (FCE-UBA). Directora del Banco Ciudad de Buenos Aires. Vicepresidenta de la Sociedad Internacional para el Desarrollo (SID- Baires).

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