ECONOMíA › LAVAGNA SOSTIENE LA IDEA DE CONCEDER AUMENTOS DE ELECTRICIDAD Y GAS

Si es por él da el aumento, pero no lo dejan

El ministro defendió en IDEA el mismo criterio que sostuvo durante la gestión de Duhalde: un ajuste de tarifas que la Justicia le bochó. Pero advirtió que la decisión la tomará el Presidente. También rechazó las propuestas de “mejorarle” la oferta a los acreedores. Reconoció que el esfuerzo para la sociedad por lograr un superávit fiscal de 3 puntos del PIB será “fenomenal” y no se le puede pedir más.

 Por Cledis Candelaresi

Desde Mar del Plata

Frente a un nutrido auditorio empresario que lo mira con un mix de respeto y recelo, Roberto Lavagna reconoció ayer que mantiene la decisión de conceder aumentos a las tarifas de electricidad y de gas apenas el presidente Néstor Kirchner considere que llegó “el momento político adecuado”. Al defender la propuesta oficial de reestructuración, el ministro de Economía también reconoció que el 3 por ciento de superávit primario comprometido con el Fondo Monetario Internacional es “un esfuerzo fenomenal para la sociedad en las condiciones actuales”, relativizando, quizá sin quererlo, el presunto éxito del Gobierno en esa negociación. Las definiciones surgieron a la hora de responder las preguntas que le hicieron llegar por escrito los empresarios de IDEA, ante quienes culpó de un modo llamativamente insistente por todas las penurias nacionales a “la década del 90”, a la que insistió en identificar como la “desperdiciada”.
“No cambié de opinión”, subrayó el ministro en alusión a su voluntad de conceder ajustes a las empresas que prestan servicios de luz y de gas. El mismo se ocupó de recordar la secuencia de hechos que dan fe de esta intención nada novedosa: el decreto ordenando los aumentos que impulsó como ministro de Eduardo Duhalde, el bloqueo judicial a esta norma y el envío al Congreso de un proyecto de ley que permite disponer aumentos a cuenta de una renegociación contractual definitiva.
Lo que sí cambió, a juicio del titular de Economía, es la situación global de las empresas que en la fecha del coloquio anterior (noviembre del 2002) “no cubrían sus cajas” por la baja de usuarios, alta morosidad y robos. “Pero hoy las ganancias antes de impuestos son más altas que las que se obtienen en mercados similares”, distinguió. Sin embargo, a juicio del ministro la situación no es igual para todos. Las telefónicas “no piden aumentos” porque recuperaron sobradamente su situación, mientras que para las gasíferas y eléctricas “sí tiene que haber algunos ajustes”.
“¿No es peor insistir en una propuesta agresiva de renegociación de la deuda que formular rápido otra con una quita menor?”, preguntó el periodista Enrique Szewach, encargado de formular preguntas propias y de transmitir las que llegaban desde los asistentes. Lavagna no precisó si esa mejora era o no factible con el programa fiscal previsto, pero sí admitió que el superávit del 3 por ciento impone un sacrificio enorme a la sufriente sociedad argentina. “Nos dicen que no vamos a poder volver a los mercados de capitales. Gracias. Es lo que queremos”, desafió el ministro, después de rotular como “inmanejable” a la voluminosa deuda local.
“Vamos a hablar de deuda”, había sido el preámbulo de aquel periodista para introducir la pregunta. “¿De cuál, de la social?”, fingió dudar el ministro, quien repartió ironías entre su ocasional interlocutor y el nutrido auditorio. “Lo que pasa es que ustedes son un poco mimosos... Se mal acostumbraron durante diez años. Está bien. Hagámosle mimos. Pero no hablemos de una realidad que no existe”, reprendió el ministro minimizando los problemas que algunos empresarios identifican en la economía.
“No soy psicólogo empresario, por eso no sé cómo se explica lo que dicen los números: hay una tasa de inversión creciente y fuerte creación de empleo”, se defendió el ministro, planteando un diagnóstico que, en realidad, gran parte del auditorio marplatense comparte, aunque no desde la perspectiva cerradamente optimista que plantea el hombre de Economía.
Lavagna comenzó su intervención con la lectura de un discurso en el que planteó los ejes del modelo productivo (ver recuadro aparte). Aunque reconoció que en la propuesta de revisión de la deuda pública detallada en Dubai Argentina prevé un tipo de cambio real decreciente, ayer se ocupó de precisar que esa disminución será “progresiva” y que, de cualquier manera, el dólar será mucho más caro que el de la década pasada.
“¿No rescata nada bueno de la década del 90?”, fue otra de las preguntas que llegaron al escenario desde las mesas, luego que el ministro se refiriese reiteradamente a esos años como la semilla del colapso. “Estaba todo servido en bandeja para que pudiéramos integrarnos al mundo y avanzar tecnológicamente, pero pasó todo lo contrario”, exageró el titular de Economía. “Quedaron algunas cosas como las privatizaciones, que mejoraron en algo la productividad con las inversiones”, concedió.
Pero en la última respuesta cargó de nuevo contra la gestión menemista. “Me parece importante que el sector empresario, en lugar de insistir con la cantilena de los 90, digan que quieren un Estado inclusivo y no que planteen destruirlo.” Para entonces, algún que otro asistente tuvo que contener el impulso de retirarse. Pero, finalmente, todo transcurrió en un clima de caballeros: el ministro fue escuchado en respetuoso silencio. Suerte que la noche anterior no tuvo su colega de Trabajo, Carlos Tomada.

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Roberto Lavagna se permitió un cruce de chicanas, ayer, frente a la audiencia de IDEA.
“¿De qué deuda quieren hablar, de la social? Son un poco mimosos, se mal acostumbraron durante diez años.”
 
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