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“El teatro infantil es el patito feo, y yo estoy luchando para dignificarlo”

La autora y directora Perla Szuchmacher, que vive en México, destaca la importancia de incorporar temáticas sociales en los espectáculos para chicos.

 Por Silvina Friera

En la casa de la infancia de Perla Szuchmacher había una atmósfera lúdica, con olor a telas y libros. Los retazos de paños, sedas y linos del taller de confección de sus padres nunca terminaban en una bolsa de residuos porque ella los reciclaba y los transformaba en disfraces, mientras jugaba al teatro inventando historias o adaptando cuentos o relatos. Aunque es argentina, desde hace 27 años esta lúcida autora y directora de teatro para niños reside en México. En la entrevista con Página/12, su tonada melodiosa revela las marcas que la cultura mexicana fue esculpiendo silenciosamente en el habla de esta mujer. “El teatro para chicos es el patito feo del teatro, lo sé, y me encanta remar contra la corriente y dignificar este arte”, subraya. Hay que observar el modo en que lo dice –nadie se animaría a contradecirla ni a desafiarla– y la convicción con la que defiende una actividad que muchos peyorativamente tildan de “pueril” como si fuera un sinónimo de infantil. Invitada al primer festival internacional de teatro para niños y adolescentes, Szuchmacher presenta, junto con el grupo 55, Malas palabras, pieza de la que es autora y directora, y que se podrá ver hoy a las 16 en la UPB (Ciudad de la Paz 1972). La última función será el próximo miércoles a las 19 en el teatro Del otro lado (Lambaré 866).
Si en la vida hay episodios que sellan el destino o lo clausuran, Szuchmacher evoca especialmente el momento en que sintió que estaba “predestinada” para el teatro infantil, cuando estrenó Los caprichos del invierno, una pieza dirigida por Ariel Bufano, en la que participó como actriz junto con Hugo Midón. “La prensa de aquel momento dijo que la obra fue un hito porque rompía con el teatro tradicional infantil de esa época. A partir de ese primer espectáculo profesional los chicos me atraparon”, confiesa. Y esa red que le tendió el universo de los niños se fue haciendo cada vez más sólida gracias a los papeles que interpretó en Corazón de bizcochuelo, La vuelta manzana, Pajaritos en la cabeza y Con permiso o sin permiso. Tuvo un programa de televisión en Canal 13, “Este es mi mundo”, entre 1974 y 1976. “Con el golpe fui despedida del canal y por razones de seguridad salimos con mi esposo y mi hija de cinco meses hacia México. Eran épocas muy difíciles en lo económico. Me dediqué a dar clases de expresión corporal, que por entonces era prácticamente una disciplina desconocida para los mexicanos. Era imprescindible vivir y comer. Pero el teatro estaba ahí como un virus. Cuando uno tiene una pasión brota por cualquier lado”, señala y se ríe de la ocurrencia.
Y el virus, siempre dispuesto a camuflarse, resistir y brotar, reapareció. En 1990, Szuchmacher conoció a Larry Silbermann, otro argentino que estaba viviendo en México, y arrancó con el grupo 55, compañía que ya estuvo en el festival del Mercosur (Córdoba) de 2000 con Inútil presentarse sin cumplir los requisitos, una pieza que aborda la cuestión del desempleo. “Hace 27 años que vivo allá y todavía no me nacionalicé. Todos los años digo ‘este año lo hago’, pero creo que tengo fiaca de hacer el trámite”, aclara. La directora cuenta que empezó a escribir teatro para chicos a los 12 años. “Estaba en sexto grado y me encargaron una obra –recuerda–. No sé por qué motivo, tal vez la maestra vio que yo tenía facilidad para escribir. Fui hasta la biblioteca, elegí un cuento y lo convertí en una obra de teatro, que también dirigí. Después con Rubén, mi hermano, escribimos Mefis anda suelto. Al principio, con el grupo 55 montamos piezas de otros dramaturgos, hasta que de pronto nos miramos y nos preguntamos ‘¿qué hacemos?’. Entonces escribimos ¡Vieja el último!, expresión que usan los chicos mexicanos de la misma manera en que sus congéneres argentinos cuando dicen ‘el último cola de perro’. ‘Vieja’ tiene una connotación machista, porque es equivalente a mina. Esta obra se ha convertido en un clásico del teatro para niños mexicano.”
–¿Por qué?
–Es una obra sobre el machismo, los roles sexuales y la educación en la familia. Se hicieron muchos montajes, probablemente más de los que nosotros sabemos, porque allá el tema de los derechos de autor es bastante particular. Ahora, la Secretaría de Educación Pública, que está implementando el programa “La biblioteca en el aula”, eligió ¡Vieja...! para incluirla en el programa, con una edición de 34.200 ejemplares.
–¿Cuál fue el disparador de Malas palabras?
–Estábamos reunidos en mi casa, pensando sobre lo podríamos hacer en nuestra próxima obra. Larry trajo a colación una novela breve que narra la historia de un bebé que muere y cómo a la familia le cuesta aceptar esa muerte y no habla del tema. De ahí surgió la inquietud de escribir acerca de lo que no se habla en las familias. Era una idea vaga a la que le faltaba el material para vehiculizarla. Al poco tiempo, una amiga me cuenta la historia de un chico que se enteró que era adoptado a los 18 años. En ese momento descubrí que tenía la anécdota, que iba a hablar de la adopción. Siempre hacemos algún tipo de investigación previa para abordar los temas. Entrevisté a una psicóloga que trabaja con chicos que saben y no saben que son adoptados y me dio algunos datos que incorporé en la obra, pero sin la intención de que fuera una pieza didáctica.
–Los autores del nuevo movimiento de teatro para niños en México, ¿integran a las obras la realidad social y política del país?
–Sí. Fui parte del jurado del premio nacional de literatura en el área dramaturgia infantil. La obra ganadora se refiere a los migrantes, los “espaldas mojadas”, que pasan la frontera y se pierden o desaparecen. Muchos regresan para las fiestas y llevan dinero a sus familias. En la obra una chica de un pueblo descubre que todos los hombres que se habían ido vuelven para las fiestas, pero su papá no regresa. Tiene mucha poesía, humor y una crítica mordaz hacia Estados Unidos. Estoy feliz porque alguien se animó a tocar un problema que me preocupa y me duele mucho.
Larry Silbermann, codirector de Malas palabras, comenta que sólo hay cinco millones de personas que nacieron en el Distrito Federal. “Más allá de lo que significa tener que migrar, los ‘polleros’ (los que cruzan a las personas en la frontera) estafan a la gente y la dejan tirada en el desierto. Luego del petróleo, el segundo ingreso más importante en México son los 14 mil millones de dólares por año que mandan los migrantes mexicanos desde Estados Unidos”, advierte. Perla Szuchmacher interrumpe indignada: “Pero esta perversión ya se va a revertir porque los vamos a invadir. Cada vez hay más mexicanos en Estados Unidos y son los norteamericanos los que se van a tener que cuidar”.

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Szuchmacher presentará hoy “Malas palabras”, en la UPB, en el Festival Internacional de Teatro Infantil.
 
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