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El autoabastecimiento en tiempos de crudo barato

 Por  Víctor Bronstein *

La privatización de YPF y su posterior venta a Repsol hizo que la empresa, que había sido la nave insignia del desarrollo petrolero argentino, utilizara las utilidades obtenidas en nuestro país para invertir en el exterior. El fuerte crecimiento de la economía argentina a partir de 2003 puso en evidencia las debilidades del modelo establecido en la década del ’90, por lo que el Gobierno decidió en 2012 cambiar la estructura del sector, proponiendo un nuevo camino para el desarrollo de nuestros recursos hidrocarburíferos. En este sentido, estableció como guía recuperar el autoabastecimiento aprovechando las potencialidades de los recursos no convencionales, facilitar las inversiones y recuperar YPF como herramienta fundamental para llevar a cabo este objetivo. Así, la nueva gestión de YPF logró revertir el declino y aumentar su producción.

Sin embargo, la baja del precio del petróleo que comenzó a fines del año pasado desafía el objetivo del autoabastecimiento en nuestro país y obliga a tomar medidas para adaptarse a la nueva situación. Nuestra producción de hidrocarburos proviene mayoritariamente de yacimientos maduros que ya han alcanzado su máximo de producción y están en un período de declinación. Por otra parte, si bien ya se ha comenzado el desarrollo de los recursos no convencionales del shale gas y tight oil, para aumentar la producción en estas formaciones se requieren grandes inversiones teniendo en cuenta, además, que la extracción de estos recursos tiene costos significativamente mayores. Es decir, se acabaron los hidrocarburos “fáciles y baratos”.

Esta situación impacta en la industria a nivel global. La baja del precio ya está afectando la producción en algunos países y modificando la estrategia de las grandes empresas petroleras. Este mes, por ejemplo, se informó que la producción en Estados Unidos tuvo una caída de 145.000 bpd respecto del mes anterior, pasando de 9,558 mbpd (millones de barriles diarios) a 9,413 mbpd. Si bien estos datos tienen cierta volatilidad, se calcula que la producción en aquel país declinará entre 50 y 100 mil barriles diarios mensuales hasta diciembre.

Por otra parte, todas las grandes empresas petroleras, como Exxon, Chevron, Shell, Statoil, están tomando medidas ante el nuevo escenario de precios bajos. Por un lado, se han suspendido nuevos proyectos y, principalmente, las empresas han comenzado a tomar medidas para mejorar la eficiencia y reducir costos de producción. El CEO de Statoil, la empresa noruega de hidrocarburos, anunció la semana pasada que para fines de 2016, la empresa despedirá a 1600 trabajadores con el objetivo de reducir costos. Bob Dudley, el CEO de BP, anunció desinversiones y despidos con el mismo fin. Shell anunció también este mes que reducirá 6500 puestos de trabajo durante 2015. La empresa angloholandesa espera bajar sus costos operativos en 4 mil millones de dólares y calcula que las inversiones se reducirán en tres mil millones.

Este es el punto que distingue a YPF como empresa mixta con mayoría estatal. Debe equilibrar las necesidades del país con una estrategia empresarial eficiente que le permita cumplir con el objetivo de lograr el autoabastecimiento, por lo que debe continuar con las inversiones necesarias y con su compromiso con la comunidad.

Sin embargo, hay que reconocer que para mejorar la productividad debe incorporarse nueva tecnología, lo cual reduce el número de trabajadores necesarios. Este es un punto crítico donde se generan tensiones entre los intereses del país y, por ende, de todos los ciudadanos con los intereses sectoriales de los sindicatos y los trabajadores del sector, los cuales tienen salarios muchos más altos que otras actividades indispensables, como la salud y la educación. Se calcula que hoy la industria requiere una reducción de hasta un 30 por ciento en sus costos de capital y en sus costos de extracción.

Para la Argentina, y para YPF en particular, el escenario de menores precios constituye una difícil prueba para sostener la recuperación productiva y el desarrollo de los recursos no convencionales. Debemos crear las condiciones para mantener una actividad de largo plazo, como lo son este tipo de desarrollos, a pesar de la coyuntura del precio actual del barril.

Para poder continuar creciendo en este contexto de petróleo barato, es necesario convocar a todos los actores del momento a un desafío: mostrar que se puede ser una industria eficiente y mejorar la productividad sostenidamente para llegar a los niveles que son competitivos con el resto del mundo. En este sentido, es imperativo que detrás de este objetivo se involucren las empresas operadoras, las proveedoras de servicios y los propios trabajadores, así como quienes los agrupan sindicalmente. El éxito o el fracaso de este desafío será compartido y, superada la crisis de la industria generada por la baja del precio internacional, se habrán podido mantener las fuentes de empleo y los niveles de actividad. La búsqueda de la independencia energética no es un acto declamatorio de un gobierno, sino el compromiso de un país que quiere crecer y desarrollarse de manera soberana.

* Director del CEEpyS. Profesor UBA y Untref.

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