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El modelo nicaragüense

 Por Fernando Krakowiak

Para intentar amortiguar el impacto que provocará el tarifazo, el gobierno anunció que le bonificará el consumo de hasta 150 kwh por mes a los hogares vulnerables, exclusivamente en lo que refiere al costo de generación eléctrica. Esa energía puede ser suficiente para una persona que vive sola, está gran parte del día afuera de su casa y no tiene aire acondicionado, pero es prácticamente imposible que una familia numerosa consuma sólo 150 kwh por mes, sobre todo en los barrios más pobres del conurbano bonaerense, donde es común ver viviendas sin acceso al gas natural por redes, lo que obliga a cocinar y calefaccionarse con electricidad. La nueva política energética diseñada por el ministro de Energía, Juan José Aranguren, obligará a esas familias a recortar sus consumos hasta un límite difícil de tolerar si quieren eludir el aumento que empieza a regir hoy, el cual es sólo la primera escala de una serie que se completará con la revisión tarifaria integral prevista para este año. En ese sentido, el modelo nicaragüense parece ser el camino elegido por el gobierno de Mauricio Macri, al menos para los sectores populares.

El 7 de marzo de 2014, el Nuevo Diario de Managua publicó una crónica titulada “La batalla por los 150 kilovatios” donde se narraban las peripecias que todos los días debían llevar adelante los ciudadanos más pobres de Nicaragua para mantener su consumo por debajo de los 150 kilovatios y así conservar el subsidio a la electricidad. Entre las costumbres más comunes de las familias figuraba no planchar la ropa, conectar la heladera solo cuando habían comprado carne, aprovechar la luz del día para la mayoría de sus actividades y no encender las lamparitas de las habitaciones, salvo cuando tenían que hacer las camas. Manuela de Jesús Tenorio, una vecina del barrio Memorial Sandino, que vivía con una hija adulta y cinco menores, contaba en el artículo que prendían la televisión solo tres horas por día para que los chicos pudieran ver los dibujos animados. “Si usted pasa a las siete u ocho de la noche en una zona donde la gente es subsidiada, va a ver las casas a oscuras, con tal vez solo una lámpara encendida, porque esa gente está ahorrando energía para no perder el subsidio; tienen que hacer un gran esfuerzo”, contó Marvin Pomares, director del Instituto Nacional de Defensa del Consumidor de ese país.

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