ECONOMíA › LAVAGNA EXPLICO EL DECRETO PARA EL CORRALITO

Las falacias del plan bonex

El plan Lavagna para el corralito incluye tres falacias: que el riesgo banco es distinto al riesgo Estado; que no habrá costo fiscal; y que abrirá el camino de la reactivación.

 Por Maximiliano Montenegro

El plan Lavagna supone una serie de falacias, exacerbadas en el discurso oficial, que el observador desprevenido puede tomar por ciertas. La más evidente es la idea de que el ahorrista tiene opciones: confiar en el banco o confiar en el Estado. La otra falacia, repetida hasta el cansancio por los banqueros, es que el plan Bonex no implica costo fiscal alguno. Al contrario, en su rol de salvador de banqueros, el Estado se hará cargo de un pasivo exorbitante. Finalmente, el espejismo que asocia esta receta para el corralito con la reactivación económica, cuando la realidad es la inversa: sin reactivación económica, este plan para el corralito es absolutamente inviable.
- Primera falacia: se pude optar entre continuar con el depósito reprogramado en el banco y un bono del Estado; de otro modo: entre confiar en el banco o confiar en el Estado. A los banqueros les interesa que la mayor cantidad de ahorristas se sumen a la opción del bono. De esa forma, se desentienden de clientes molestos que osan golpear la puerta de los bancos para exigir lo que es suyo, y los derivan para que sigan el trámite en la oficina pública. Sin embargo, dada la actitud con que los bancos, especialmente los extranjeros, encararon la negociación por el corralito, está claro que todo dependerá del Estado. Riesgo banco será igual a riesgo bono. Los bancos pretenden atar la devolución de los depósitos reprogramados a dos cuestiones: por un lado, que el Banco Central los provea de liquidez mediante redescuentos; por el otro, a que el Estado cumpla con el bono con que los compensará por la pesificación asimétrica (la diferencia entre créditos pesificados a 1 y depósitos a 1,40). Además, quieren que el Estado les compense la eliminación del CER para los créditos, que ellos deben seguir pagando a los depósitos. Así las cosas, si el Estado no lograra en el futuro hacer frente a los primeros vencimientos importantes de bonos para los ahorristas, es muy probable que los bancos tampoco estuvieran en condiciones en los próximos dos años de devolver el dinero a aquellos ahorristas que se quedaron reprogramados. Obviamente, para los depositantes en bancos con peligro de derrumbe o de fuga del país, la alternativa del bono en los próximos 30 días es lo más conveniente. Sino, igualmente caerán a la ventanilla del Estado, pero con una orden de pago mucho menos conveniente en el mano.
- Segunda falacia: el plan no tiene costo fiscal. Este argumento fue repetido hasta el cansancio por los bancos extranjeros, que presionaban por un Bonex compulsivo para canjear todos los depósitos, como era el proyecto de Remes Lenicov. Los bancos argumentan que el Estado entregará bonos a los ahorristas, pero al mismo tiempo rescatará los bonos que los bancos tiene en su cartera de activos. Sin embargo, el costo fiscal del Bonex es, literalmente, incalculable. Los “préstamos garantizados” en cartera de los bancos fueron pesificados a 1,40, mientras que ahora el Estado se compromete a pagarlos en dólares a los ahorristas. Así, deberá cubrir la diferencia entre 1,40 y el tipo de cambio libre al día del vencimiento del bono.
Cuanto más depositantes opten por el bono, mayor será el costo fiscal. En cartera de los bancos hay títulos del Estado por 21.000 millones de pesos, pero los depósitos ascienden a 35.000 millones de pesos. Si el plan hubiera sido compulsivo, el Estado, además de redolarizar su deuda (21.000 millones al dólar libre) hubiera tenido que emitir deuda nueva para cubrir la diferencia.
Además, como ya se dijo, el Estado compensará a los bancos con un bono por 9500 millones de pesos, con el que cubrirá la diferencia entre 1 peso –la pesificación de los créditos– y 1,40 –la pesificación de los depósitos.
Dada la magnitud de las obligaciones en dólares que deberá afrontar el Estado, incluso a corto plazo, hay quienes creen que la única forma de asegurarse el financiamiento será elevando las retenciones a lasexportaciones, única fuente de ingresos desvinculada del nivel de actividad interno y enganchada a la evolución del dólar.
- Tercera falacia: Con este plan se reactiva. Nadie cree en verdad que las acotadas operaciones habilitadas con los bonos (ver aparte) vayan a significar el despegue económico. Por el mismo motivo –las limitaciones para operar con los bonos– también es discutible que este plan signifique un boleto de ida hacia la hiperinflación, aunque es evidente que los fondos que salgan de la reprogramación para pasarse a cuentas a la vista, correrán de ahí al dólar. Lo seguro es que sin reactivación el plan Bonex no cierra. Es simple: si la recesión no cede, los bancos seguirán sin cobrar sus créditos, la devolución de depósitos reprogramados dependerá de la emisión del Banco Central y la recaudación no será suficiente para cubrir las nuevas obligaciones del Estado, en su rol de “banquero”.

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Ministro Roberto Lavagna. Ayer, durante la conferencia de prensa en la que explicó el plan.
 
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