ECONOMíA › REVELACIONES DE GUILLERMO NIELSEN A CUATRO MESES DE SU RENUNCIA

Crónica del último acuerdo con el FMI

Nielsen relató las dificultades que debió pasar Argentina para superar la crisis financiera por culpa del Fondo. Filtraciones de documentación confidencial, trabas intencionales e impericia compartida con el Banco Mundial son algunos elementos.

 Por Raúl Dellatorre

Desde que dejaron el Palacio de Hacienda, Roberto Lavagna y los miembros de su equipo han guardado un disciplinado silencio, que sólo fue roto en forma muy puntual y medida en contadas ocasiones y sólo por el jefe. Sin embargo, esta semana el ex secretario de Finanzas, Guillermo Nielsen, desplegó una inusualmente extensa y pormenorizada explicación en la que revela cómo se tomaron las medidas clave para afrontar la crisis financiera a partir de mayo de 2002 –cuando asumieron– hasta llegar al canje de la deuda privada. En un reciente escrito, describe y califica las impericias cometidas por el FMI a lo largo del proceso, además de algunas conductas favorables a los acreedores en medio de la negociación y hasta la filtración de documentación confidencial de los preacuerdos. Además, se mencionan al pasar algunas de las irregularidades que el equipo encontró, en su tarea entre 2002 y 2005, sobre la documentación correspondiente al megacanje de deuda del año 2001, a cargo de Domingo Cavallo. Los párrafos más destacados son:

- “Aunque el ministro y yo teníamos antecedentes mixtos de experiencia en el sector privado y en el Gobierno, nunca habíamos tenido que negociar con el FMI. Tardamos tiempo en darnos cuenta que, en paralelo a la crisis argentina, el FMI estaba sufriendo su propia crisis” (...)

- “Ingenuamente, yo esperaba que las misiones del FMI llegaran a Argentina con un conjunto de sugerencias bien ideadas y probadas con éxito en crisis económicas anteriores en otros lugares. Esto no fue así. No existía ninguna evidencia de una acumulación de conocimientos aprendidos en otras crisis (...). A la mayoría de los funcionarios del FMI con los que trabajamos en esos días iniciales les resultaba difícil distinguir entre trabajar con una hoja de cálculo Excel y gerenciar una nación en crisis”.

- “El FMI no estaba solo; el Banco Mundial era incluso peor. En la opinión de los funcionarios que el Banco envió, la crisis era sólo consecuencia de ‘los bancos estatales’. No se mencionó el papel del Banco para fomentar una reforma del sistema de pensiones (creación de las AFJP) que contribuyó de manera decisiva a debilitar el frágil equilibrio fiscal de Argentina”.

- “El acuerdo fue artificialmente demorado hasta enero de 2003. Llegamos a pensar que el FMI estaba demorando la finalización de un acuerdo forzando a Argentina a usar sus ya bajas reservas internacionales sin tomar en consideración el tremendo precio político que eso implicaría”.

- “En ese contexto, fuimos forzados a demorar un pago al Banco Mundial a mediados de noviembre de 2002. Eso fue correctamente interpretado como un preparativo para suspender los pagos a una institución Bretton Woods, enviando una señal al G7 de que la comunidad internacional pagaría un precio por el arrinconamiento de Argentina y la entrega de las políticas hacia el país a unos pocos partidarios de la línea dura de Washington”.

- “El mensaje fue escuchado. Llegamos a un acuerdo con los miembros clave del directorio, hacia finales de 2002. Esto se reflejó en un acuerdo con el FMI el 15 de enero de 2003, a pesar de la fuerte oposición de (Anne) Krueger (directora gerente), quien había controlado y utilizado tácticas obstructivas en las negociaciones con Argentina desde el primer día”.

- “El gobierno italiano fue altamente constructivo con nosotros en las etapas iniciales de la crisis y en las negociaciones que culminaron en el acuerdo de enero de 2003. Pero la actitud italiana daría un giro de 180 grados una vez que dimos a conocer las pautas de Dubai (oferta de canje de los bonos de la deuda en manos privadas). (...)

- “La relación entre el gobierno italiano y los bancos italianos se puso de mayor relieve cuando la profundidad de la quita fue comprendida por los participantes del mercado, dejando de manifiesto las pérdidas contingentes que podrían afrontar los bancos italianos. Pero el papel principal de policía perverso fue, una vez más, para el FMI, especialmente para el departamento de mercados de capitales de esa institución”.

- “Durante los meses siguientes mi capacidad de asombro se me esfumó al tener que afrontar los actos de esos funcionarios del FMI. En una ocasión, regresaba a casa al final de una larga jornada, en la que habíamos conseguido redactar un texto borrador que dejaba en claro los límites del compromiso que ambas partes estaban preparadas para aceptar. Esa noche, los funcionarios del FMI se disponían a informar a sus autoridades sobre los acuerdos alcanzados. Imagínese mi sorpresa cuando recibí una llamada telefónica de uno de los presidentes de un grupo de acreedores muy mediático, que quería discutir aspectos del acuerdo. Dijo que había tenido una reunión informativa con miembros del departamento de mercados de capitales del FMI poco antes de llamarme. Mi sorpresa fue agravada cuando se hizo evidente que estaba en posesión de información de primera mano del borrador que había sido elaborado sólo hacía unas horas”.

- “Tuvimos una de las Nochebuenas más ocupadas, negociando ese diciembre (2003) los acuerdos hasta la última coma, tanto con los bancos locales como internacionales. (...) Una vez más, el FMI jugó sucio en un momento crucial. La gerencia del FMI –director y subdirectora gerente– rechazó presentar la primera revisión ante el Directorio en la reunión prevista para diciembre de 2003, aunque por entonces la economía argentina ya superaba la mayoría de los objetivos macroeconómicos establecidos en el acuerdo. Con esta omisión se consiguió que las negociaciones par contratar a los bancos se complicasen hasta alcanzar niveles inéditos. Con sólo dos bancos europeos contratados, el proceso entero podría haberse colapsado si no hubiera sido por la invitación a Merrill Lynch. Y a su aceptación”.

- “En una economía que necesita elevar su nivel de inversión en relación al PIB, la recuperación del acceso al mercado internacional es crucial. Desde esta perspectiva, no se podría aceptar que priorizar el pago al FMI hubiera estado justificado. Con los mismos recursos, una recompra de la deuda más agresiva que la contemplada en nuestro prospecto de canje podría fácilmente haber aportado una reducción más rápida de los costos del crédito. Sin embargo, cuando uno tiene en cuenta la manera en que el FMI gestionó las relaciones con Argentina, uno no puede discrepar con la decisión de cancelar todos los compromisos con el FMI. ‘Mejor pagar que hacer caso de sus consejos’, es una triste conclusión para las instituciones de finanzas, pero un sacrificio realista para Argentina”.

El texto completo del escrito de Nielsen puede consultarse en inglés en la dirección www.euromoney.com.

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Guillermo Nielsen, el negociador de la deuda del team Lavagna.
 
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