ECONOMíA › EL GOBIERNO BUSCA PARAR LA SUBA DE COMBUSTIBLES

Un límite para los aumentos

 Por David Cufré

El aumento de las retenciones a las exportaciones de hidrocarburos busca poner un freno a la escalada de precios de los combustibles. Tal como había adelantado Página/12, las petroleras y estaciones de servicio empezaron a acelerar los incrementos después de las elecciones. La estrategia fue aplicar ajustes graduales, diferenciados, para salir de un valor uniforme. Cada expendedor puso en las pizarras un precio distinto, confiando en que la dispersión haría menos evidentes las subas y le daría margen político al Gobierno para dejarlos hacer. La jugada les dio resultado: en las últimas dos semanas se produjeron incrementos de hasta 10 por ciento, mientras que en el último mes y medio los aumentos superaron el 15. Tras esa recomposición de márgenes tolerada por el Ejecutivo, el salto de las retenciones viene a marcar un nuevo límite.

La medida persigue un objetivo adicional: enfrentar las restricciones en el abastecimiento de naftas y –sobre todo– de gasoil, que se aprecian con mayor intensidad en el interior del país y en las zonas rurales. Al llevar la retención a la exportación de combustibles del 5 al 45 por ciento móvil, los beneficios para las petroleras de vender al exterior y al mercado interno prácticamente se igualan. Eso quita incentivos a la exportación.

El ministro de Planificación, Julio De Vido, sostuvo que más que parar los incrementos, la resolución “lo que hace es retrotraer el precio (de los combustibles) al mes de julio”. Esto es porque el valor neto del crudo exportado vuelve al nivel que tenía entonces, antes de los últimos aumentos en el precio internacional. El retroceso impacta positivamente en las cuentas de Shell y Esso, que son sólo refinadoras y deben comprar el petróleo a las productoras. Como el insumo ahora será más barato, les quedará un mayor margen con sólo mantener el precio al que llevaron los combustibles en el mercado interno.

Sin embargo, la medida afecta a esas empresas en otro aspecto de su negocio, la exportación de naftas. Lo que hacían hasta ahora era comprar crudo que les costaba un 45 por ciento más barato que el precio internacional –por las retenciones– y exportar nafta sólo un 5 por ciento por debajo del valor internacional –porque la retención a los combustibles era de ese nivel–. Esa diferencia de 40 puntos era su ganancia, que de ahora en más desaparece. Para Repsol YPF y Petrobras, que son tanto productoras como refinadoras, el aumento de las retenciones les come una porción de su renta por los dos lados. Eso no significa que vayan a perder plata, sino que ganarán algo menos. Su actividad siguen siendo sumamente lucrativa porque tienen un costo de producción de petróleo –en torno a los 10 dólares el barril– que continúa siendo muy inferior al dinero que reciben por su venta, a partir de ahora, de 42 dólares.

Los aumentos de combustibles al mercado interno de las últimas semanas mejoraron la ecuación de las estaciones de servicio. Los expendedores venían reclamando las subas, ya que decían ser los más afectados por el virtual congelamiento de precios que rigió hasta hace unos tres meses. Los estacioneros vieron subir sus costos sin poder trasladar la mayor parte de esa suba a los consumidores. La consecuencia fue la desaparición de unas 2000 estaciones en todo el país desde 2002 a la fecha. El universo se redujo a unas 4000 estaciones. Frente a esa situación, el Gobierno intentó sin éxito que las petroleras cedieran parte de sus ganancias a los expendedores para compensar aquella dificultad entre la suba de costos y el congelamiento de precios. La gestión la llevó adelante el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, pero no logró torcer la resistencia de las petroleras.

El horizonte de aumentos de combustibles que habían trazado petroleras y expendedores llevaba la nafta común a un rango de 1,90 a 2,30 pesos, la súper de 2,20 a 2,60, la premium de 2,50 a 2,90 pesos y el gasoil de 1,80 a 2,20 pesos. El Gobierno confía en que los valores máximos quedarán en el piso de esas bandas y en algunos casos, el de las estaciones propias de las petroleras, unos 10 centavos más abajo.

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