ECONOMíA › EL GRUPO DE LA FAMILIA ESKENAZI COMPRO EL 25 POR CIENTO DE LA PETROLERA

Amigo argentino en el capital de YPF

La primera etapa de la operación involucra el 14,9 por ciento de la petrolera con un desembolso de 2235 millones de dólares. El restante 10,1 por ciento lo comprará dentro de los próximos cuatro años. El Gobierno avanza así en la “argentinización” de YPF en manos privadas.

 Por Fernando Krakowiak

La multinacional española Repsol acordó ayer la venta del 14,9 por ciento de las acciones de la petrolera YPF al Grupo Petersen, propiedad del empresario argentino Enrique Eskenazi, por 2235 millones de dólares. El acuerdo contempla además una opción de compra por otro 10,1 por ciento del capital en condiciones financieras equivalentes, lo que le permitirá a la firma local ampliar su participación al 25 por ciento dentro de los próximos cuatro años. El precio acordado cotiza la compañía en 15.000 millones de dólares, el mismo valor que tenía en 1999, pese a que desde entonces el barril de crudo subió de 15 a 93 dólares. La desvalorización real se explica por la caída de las reservas provocada por la falta de inversiones y el desprendimiento de algunos activos. La operación también prevé una próxima oferta pública de acciones por otro 20 por ciento, que podría habilitar el ingreso de las provincias petroleras en la empresa.

Para concretar la compra, el Grupo Petersen se financiará con el aporte de entidades financieras como Crédit Suisse, BNP Paribas, Goldman Sachs y Banco Itaú, pero en el Memorando de Entendimiento firmado ayer se destaca además que la propia Repsol financiará hasta 1050 millones de dólares mediante el otorgamiento de un crédito que complementará el aporte bancario. La operación conlleva, por lo tanto, la particularidad de que el vendedor podría llegar a otorgarle al comprador un préstamo equivalente al 47 por ciento de los recursos necesarios para adquirir el 14,9 por ciento de la firma.

La operación se iba a realizar inicialmente por el 25 por ciento, pero luego se decidió concretar el ingreso en dos etapas, pues los estatutos de la petrolera establecen que para efectivizar la compra directa de ese porcentaje se debía concretar antes una oferta por el 100 por ciento, requisito imposible de cumplimentar por parte de Eskenazi. En la próxima Asamblea de YPF se modificará ese impedimento legal, pero mientras tanto se buscó la forma de acelerar el desembarco de los nuevos socios. En el acuerdo se destaca también que Antonio Brufau seguirá presidiendo la empresa. Mientras que Enrique Eskenazi ocupará la vicepresidencia y su hijo Sebastián, la vicepresidencia ejecutiva.

Brufau reconoció por primera vez la posibilidad de vender una parte de las acciones a inversores argentinos en febrero de 2006, un mes después de que la compañía informara los resultados de una auditoría externa que la obligó a reconocer una disminución de 1254 millones de barriles en sus reservas, de los cuales 509 millones pertenecían a Argentina. Desde entonces, el objetivo de bajar la exposición en Latinoamérica se aceleró para reducir el riesgo y mejorar el perfil de la compañía. De hecho, en el comunicado difundido ayer por ambas partes se menciona que “la operación forma parte del plan de diversificación de activos emprendido por Repsol YPF desde 2005”. La iniciativa coincidió con el deseo del gobierno de Néstor Kirchner que paralelamente incrementó la presión para forzar una “argentinización” de al menos una parte de la empresa, en un sector estratégico.

Primero se especuló con la posibilidad de que el propio Estado argentino recomprara una parte de las acciones que había vendido a fines de los ’90. Las presiones que ejercieron públicamente Kirchner y su ministro de Planificación, Julio De Vido, a comienzos de este año para que Repsol incrementara sus inversiones, fueron interpretadas por algunos analistas como parte de una pulseada para favorecer la vuelta del Estado. Sin embargo, a comienzos de año cobró fuerza la posibilidad de que la “argentinización” se diera a través de un socio privado. El santafesino Enrique Eskenazi se posicionó entonces como uno de los favoritos, debido a la estrecha relación que mantiene con Kirchner y a la vertiginosa expansión que ha tenido en los últimos cuatro años el grupo que conduce (ver aparte).

Desde hace algunas semanas se esperaba una definición, que el jueves se hizo inminente cuando el propio Eskenazi viajó hacia Madrid. Ayer por la mañana la operación ya se daba por descontada cuando la Comisión Nacional del Mercado de Valores suspendió la cotización de Repsol en la Bolsa española “debido a circunstancias que podrían perturbar el funcionamiento normal de las operaciones”.

Finalmente, a las nueve de la noche de España se firmó el acuerdo y llegaron las declaraciones de rigor. “Es un privilegio ingresar en este negocio de la mano de la empresa petrolera más importante de nuestro país y una de las más destacadas del mundo”, aseguró Eskenazi. Brufau tampoco se quedó atrás: “La entrada del Grupo Petersen supone la incorporación de un socio estratégico, que se integra con vocación de permanencia en la compañía, que conoce bien el mercado, el tejido económico y empresarial de la Argentina, y que ayudará a potenciar los proyectos de YPF en el país y en la región”.

El Gobierno confía en que la operación sirva para fortalecer las inversiones petroleras en el país, pues hasta ahora los espectaculares anuncios realizados periódicamente por los españoles no tuvieron su correlato en los hechos. YPF ha sido una de las grandes ganadoras del período posdevaluación por la suba internacional del precio del petróleo. Más allá de las retenciones a las exportaciones, la renta ha sido notable pues se estima que el costo de extracción está cerca de ocho dólares por barril. En los últimos cinco años, la filial local de la multinacional española declaró ganancias operativas por 39.166 millones de pesos. De ese monto, 6883 millones los ganó en 2006. No obstante, ese mismo año su producción de crudo y líquidos cayó 6 por ciento y la de gas 3 por ciento. Esto se produjo en un contexto de caída de reservas comprobadas que, en el caso del gas, ya se encuentran por debajo de los diez años.

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Antonio Brufau, por la española Repsol, y Enrique Eskenazi, titular del Grupo Petersen, firmando el acuerdo de compraventa.
 
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