ECONOMíA › LOUSTEAU RECIBE A EMPRESARIOS DE SEIS SECTORES

El plan de la sintonía fina

 Por David Cufré

Después de cinco años de crecimiento económico, uno de los principales desafíos para el Palacio de Hacienda es propiciar un salto en los niveles de inversión para superar los cuellos de botella aparecidos en distintos rubros. Que las empresas destinen más dinero a incrementar su capacidad productiva tendría efectos benéficos por distintas vías: alimentaría la expansión, aumentaría la oferta de bienes y, en consecuencia, deberían desinflarse presiones inflacionarias. Martín Lousteau decidió encarar esa tarea a través de las llamadas “mesas de cadenas de valor”, que reúnen a variados actores empresarios de diversos sectores y en las que se busca potenciar su desarrollo, resolviendo problemas concretos. El ministro le asigna un papel preponderante a ese espacio. Para esta semana tiene agendadas reuniones con las cadenas agroindustrial y automotriz, mientras que en las siguientes les tocará a otros cuatro rubros fabriles y de servicios.

A poco de asumir, Lousteau convocó a referentes del agro y de la industria alimenticia y les planteó que al cabo de un mes le acercaran un listado con puntos concretos a trabajar desde el gobierno para elevar su productividad. Les pidió incluso que propongan ideas para promover su actividad, abriendo una puerta a eventuales incentivos fiscales, arancelarios o directamente subsidios. Estuvieron en esa oportunidad empresarios de Arcor, de la cámara de industrias alimenticias (Copal), de los frigoríficos (Swift) y del agro (Grobocopatel). Esas mismas personas volverán esta semana a Economía a llevar sus propuestas. De igual modo, asistirán dirigentes de la industria automotriz, de las autopartistas y de la siderurgia, el segundo rubro que ya se juntó una vez con el ministro.

Fuentes empresarias adelantaron a Página/12 que uno de los temas que se plantearán es la necesidad de contar con financiamiento a largo plazo para proyectos de inversión. Lousteau adelantó semanas atrás en un reportaje con este diario que el gobierno pondrá en funcionamiento durante los primeros meses de este año una banca de desarrollo. Para ello, hay dos líneas de acción combinadas: la readecuación del Banco de Inversión y Comercio Exterior (ver nota en esta página) y una suerte de relanzamiento del Banco Nación, que en la etapa que se inicia con la llegada de Mercedes Marcó del Pont a la presidencia “tendrá un papel protagónico” en el otorgamiento de créditos.

El gobierno se propone que el banco vuelque mucho más dinero para financiar la producción y, a la vez, que lo haga teniendo en cuenta una premisa puntual: priorizar al interior del país, especialmente a las zonas más postergadas, derivando recursos que son generados en los grandes centros urbanos. “Tenemos que conseguir una nueva distribución territorial de los préstamos”, señalaron en despachos oficiales.

En Economía tienen en carpeta un primer plan de promoción sectorial, que será lanzado cuando la Casa Rosada lo disponga. Se trata de la creación de un fondo de entre 80 y 100 millones de pesos para conceder créditos blandos al sector autopartista. El programa será financiado con la recaudación del impuesto a los autos de lujo, cuya tasa se fijó en 10 por ciento a partir del primer día de este año. El objetivo es incrementar la participación de piezas nacionales en el ensamblado de los vehículos y conseguir de ese modo que las unidades tengan un mayor nivel de valor agregado argentino, con su correspondiente impacto en la generación de empleos. Las terminales automotrices atraviesan su mejor momento histórico, con producción, ventas y exportaciones record. Sin embargo, el aprovechamiento de esa situación es parcial, debido a que los autos contienen apenas un 30 por ciento de componentes nacionales. En Hacienda aspiran a aumentar ese nivel, y para ello están dispuestos a apoyar las inversiones del autopartismo.

El equipo económico identificó otros cuatro rubros promocionables. Lousteau se reunirá con sus representantes en las próximas semanas, para repetir el esquema ya iniciado con la agroindustria y el sector automotor: se trata de los laboratorios, los textiles, la construcción y los “exportadores de servicios”, como software, call centers y demás.

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