EL MUNDO › CAMBIO GRADUAL Y FIDEL EN UN ROL DISTINTO

Postal del viaje de Lula a Cuba

 Por Darío Pignotti

Desde Brasil

“Cuba va a cambiar, aquello ya está cambiando pero los cubanos no van a aceptar el capitalismo de golpe, ellos vieron la experiencia de Europa oriental. Lo que ellos quieren es poco, es poder tener tres bicicletas y alquilar una, tener el derecho de ir y venir, abrir un bar.” José Dirceu es uno de los políticos brasileños que mejor conocen a Cuba, país en el que vivió exiliado en los años ‘70, durante la dictadura brasileña. Es sensato inferir que el diagnóstico sobre la isla del ex presidente del Partido de los Trabajadores y ex hombre fuerte del gobierno brasileño sea similar al del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

“Dividimos la conversación en dos partes, Fidel habló dos horas y yo hablé media hora”, contó Lula el martes pasado a un grupo de cronistas después de la cita que compartió en algún lugar de La Habana con Fidel Castro, que estuvo precedida de un misterio con trazos de novela de Graham Greene.

“Pienso que Fidel está listo para asumir el papel político que él tiene en Cuba y asumir el papel político que tiene en la historia del mundo globalizado y de la humanidad”, reforzó Lula, poco antes de concluir su primer viaje internacional de un año en que no viajará al Foro Económico de Davos, del que ha sido uno de los principales animadores en años anteriores.

Las fotos, las primeras de Castro en los últimos 116 días, contaron el resto: Fidel en una mecedora, por momentos gesticulando mientras dialoga con su huésped que lo observa desde un sillón de mimbre, austero y un tanto más bajo. Fueron, acaso, las últimas imágenes de dos viejos compañeros, que antes que eso son hombres de Estado.

Los pormenores de la charla continúan herméticos pero se puede prescindir de ellos para comprender que Lula fue La Habana tan preocupado con la salud de su colega como con el devenir de la probable transición. Fue pensando en ella que Lula celebró dos reuniones con el presidente en funciones Raúl Castro.

Lula ha dado especial atención a las relaciones con la isla y con Fidel Castro, desde que llegó al poder en 2003 y el primer embajador designado en La Habana no fue un diplomático de carrera, como ocurrió en Buenos Aires y Washington, las principales embajadas brasileñas, sino un hombre de su confianza, el ex sacerdote Tilden Santiago.

La nominación de Santiago, quien también fue militante sindical, contrarió al poderoso lobby del Palacio Itamaraty (cancillería), pero obró como gesto simbólico hacia las autoridades cubanas.

Fue su segunda visita en su condición de presidente brasileño. La anterior, en septiembre de 2003, de la que participó Dirceu, hombre clave en las relaciones con Cuba y apartado del gobierno acusado de corrupción, había sido eminentemente política. Esta también lo fue, pero ahora la agenda económica tuvo un peso mayor que cinco años atrás.

Los ministros de Lula y el titular de la estatal Petrobras, José Sergio Gabrielli, llevaron propuestas de inversiones y préstamos cercanos a los mil millones de dólares, una cifra apreciable si se toma en cuenta que todo el comercio bilateral no superó los 600 millones en 2007: “Hay que dar más densidad económica” a la relación con Cuba, planteó el canciller Celso Amorim durante el viaje.

El grueso de los proyectos económicos aún no salieron del papel, pero es posible que Petrobras reabra sus oficinas cubanas y participe en la exploración de petróleo en las aguas profundas del Golfo de México, para lo cual cuenta con tecnología de punta, como se probó en noviembre con el hallazgo de posibles 6000 millones de barriles de petróleo a cinco km de profundidad en las costas brasileñas.

Con Petrobras y Lula como mascarones de proa, la burguesía brasileña espera desembarcar en Cuba antes de que se inicie la transición, informó en un artículo editorial el diario O Estado de Sao Paulo, el que mejor refleja las posiciones del empresariado industrial.

Petrobras y los inversores brasileños corren con cierta ventaja frente a los Estados Unidos, pero están varios cuerpos atrás de Venezuela, admitió el matutino paulista.

Un día después del retorno de Lula a Brasilia, la estatal venezolana Pdvsa y la cubana Cupet comenzaban a refinar 65.000 barriles de crudo diarios en la planta de Cienfuegos.

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Lula con Fidel Castro.
 
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