EL MUNDO › COMO SE VIVE ENTRE SOLDADOS Y GUERRILLEROS

Una población dejada de lado

Por Pilar Lozano *
Desde San Vicente del Caguán

”Vamos despacio, de acuerdo a la situación de inteligencia que se obtenga.” Así respondió el teniente coronel Vázquez al interrogante que se plantean todos en esta población: ¿por qué el ejército no puede garantizar la seguridad de la principal vía que la une a Florencia, la capital de Caquetá? Vázquez es el comandante del Batallón Cazadores. En una acción nocturna, con aviones, helicópteros y soldados lanzados en paracaídas, fue retomado por las fuerzas militares hace ya una semana.
“Es complicado –agrega el oficial mientras se agarra la cabeza con las manos–. Esto es muy grande, hay selvas, montañas. Es necesario tomar medidas: hablan de mucha zona minada y a nosotros nos duele la vida de uno solo de nuestros hombres.” Ante la insistencia de tres periodistas, aseguró que en 24 horas –en la tarde del miércoles– estaría asegurada la circulación. A 10 kilómetros de Puerto Rico, la primera población en la vía a Florencia, sigue existiendo un retén de la guerrilla. Son apenas dos chicos de bigote incipiente, que descansan a la sombra de un árbol mientras esperan el paso de los vehículos. Con sus armas al hombro deciden quién pasa o quién no pasa.
—¿Cuándo termina esto? La población civil está sufriendo, se acaban la gasolina, los víveres...
–Toca, ¿qué se puede hacer? –fue la seca respuesta del más joven de los guerrilleros–. Que protesten, que se levanten.
—Protestarán contra ustedes.
El “guerrero” –como los llaman muchos aquí– hace una mueca y alza los hombros. Poco le importa.
Solo un kilómetro más allá está el retén del ejército. Hay varios soldados, reseñan al que entra y sale. Canecas y alambradas señalan el retén. “Ayer nos dimos bala aquí”, cuenta uno de los soldados, también joven.
El martes guerrilleros y soldados tuvieron poco trabajo. Desde la mañana los conductores se negaron a cubrir esta ruta. “No se puede pasar; tumbaron un puente”. Pero nadie sabe qué puente. En todo el Caquetá no hay luz ni teléfono, y la guerra la está ganando la desinformación.
El teniente coronel sigue: “Un retén lo hacen dos tipos. Lo que pasa es que la población quiere todo rápido; a nosotros nos toca todo por tierra, no tenemos vehículos para desplazarnos”. Y remata: “Lo importante era asegurar el batallón y el casco de San Vicente y lo hicimos”.
En las calles de esta población recalentada estos días por la tensión y la falta de luz, los soldados armados hasta los dientes pasan el día realizando retenes aquí y allá. Muchos creen que sería mejor que protegieran las vías, los puentes y las torres de energía y comunicaciones. El martes en la tarde, permanecía tirada, a un lado de la carretera, a solo l0 kilómetros de San Vicente, una torre repetidora de Telecom –empresa nacional de telecomunicaciones–. “La arreglan y la guerrilla vuelve a tumbarla –comenta con desconsuelo una mujer que cruza a pie por la carretera–. A ellos no les importa nada. ¿No ve que volaron esa torre a las dos de la tarde sin pensar en la gente que estaba por acá?”.
* De El País de Madrid, especial para Página/12.

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