EL MUNDO › BALANCE MIXTO DE LA CONFERENCIA MUNDIAL ANTI-CORRUPCION DE LONDRES

Paraísos fiscales bajo la lupa mundial

En el clima posdebacle financiera de 2008, quedó claro que la película de la corrupción es infinitamente más compleja y que Suiza fuera el país menos corrupto de la Tierra era un absurdo digno de Alicia en el País de las Maravillas.

 Por Marcelo Justo

Desde Londres

Conferencistas en un panel sobre corrupción en el deporte en la cumbre mundial anticorrupción.
Imagen: AFP.

La Conferencia mundial Anti-Corrupción que concluyó este jueves en Londres dejó un resultado mixto. El vaso medio lleno es que, de la mano de los Panama Papers, los paraísos fiscales quedaron en el centro del escenario de la corrupción mundial. Históricamente es un logro. A principios de los 90, en el mundo post Muro de Berlín, se fundó Transparency International (TI) con el foco de la corrupción centrado en un instrumento –la coima –y dos protagonistas: los culpables –el Estado y sus políticos– y las víctimas –las multinacionales–. En el clima posdebacle financiera de 2008 quedó claro que la película de la corrupción es infinitamente más compleja y que Suiza fuera el país menos corrupto de la Tierra, tal como sucedía con los rankings de Transparency que se basaban en la percepción de los CEOs entronizada como criterio definitivo de probidad, era un absurdo digno de “Alicia en el país de las maravillas”.

En este vaso medio lleno de la conferencia en Londres entra también la fisura abierta entre grandes y chicos de la gran cofradía de los paraísos fiscales (entre 50 y 70 jurisdicciones). El presidente de las Islas Caiman Alden McClaughlin no dudó en apuntar a Estados Unidos. “Tenemos que terminar con una hipocresía de años con este tema. Esto va a ser un desastre si dejamos por fuera a Estados Unidos y otros estados paria porque todo este comercio dudoso va a emigrar a Delaware, Wyoming o Panama”, señaló. Más inusual aún resultó que el anfitrión de la conferencia, el primer ministro británico David Cameron, atacara a su aliado histórico. “Delaware tiene muchas compañías registradas que no tienen ninguna transparencia. Estamos comprometidos a un cambio y pensamos que Estados Unidos debería también estarlo”, dijo Cameron.

Si esta fisura entre distintos estados es un vaso medio lleno, también es uno bastante vacío porque muestra la complejidad del tema. El secretario de estado estadounidense John Kerry habló como si el tema no le incumbiese. “Estamos inmersos en una gran batalla, todos nosotros. La corrupción es el enemigo, un desafío tan peligroso como los extremistas”, señaló Kerry. La posición oficial estadoundiense es que el congreso y no el ejecutivo es el encargado de lidiar con estados como Delaware. Por acá el vaso está bastante vacío.

El acuerdo entre seis naciones –Gran Bretaña, Francia, Holanda, Afganistán, Kenia y Nigeria– es más difícil de clasificar. Es un paso adelante porque contendría –el condicional es importante hasta que se sepan los detalles y la implementación– un registro público de las compañías y sus beneficiarios reales, es decir, un registro al que tendrían acceso no solo los gobiernos sino periodistas, ONGs y el público. Pero los territorios de ultramar británicos y las dependencias de la corona que, junto a la city de Londres forman el 24% de la circulación offshore, no son parte del acuerdo. Visto desde esta perspectiva, que seis naciones tan dispares –¿cuánto le puede servir a Afganistán compartir con Gran Bretaña un registro de beneficiarios reales de las compañías?– lleguen a este acuerdo deja en evidencia que el resto de los más de 40 presentes no quisieron saber nada del asunto y que a nivel planetario el resto directamente no estaba presente.

Un paso adelante calificado como “audaz” por la ONG Global Witness, es la decisión del gobierno de Cameron de que empresas extranjeras que compran propiedades en el Reino Unido tendrán que inscribirse en el Registro Público de Compañías revelando sus beneficiarios reales. Hay unas 100 mil propiedades en Gran Bretaña adquiridas por empresas con sede en paraísos fiscales. Unas 44 mil se encuentran en Londres. En Bishop’s Avenue, norte de la capital, una de cada tres de esas mansiones tasadas en más de 30 millones de dólares, pertenecen a una empresa con sede en un paraíso fiscal.

Las inmobiliarias inglesas pusieron el grito en el cielo. “Se va a ir todo el dinero y los grandes creadores de riqueza. La privacidad es muy importante para muchas personas por razones muy legítimas como la seguridad de sus familias”, señaló Trevor Abrahamson, dueño de Glentree Estates. La inmobiliaria se especializa en la venta de mansiones y penthouses a billonarios chinos, rusos y nigerianos. Vaso medio lleno. Pero, ay, la realidad es que aproximadamente el 65 por ciento de los flujos ilícitos mundiales están vinculados a multinacionales y grandes entidades financieras. En la conferencia, por momentos, parecía que las empresas fantasmas eran entidades abstractas, etéreas y no subsidiarias de multinacionales.

Un ejemplo. La multinacional estadounidense Fresh Del Monte, que controla la mitad de la exportación de piña de Costa Rica, tiene su sede central en las islas Caiman. Tiene también, en las mismas islas, unas 30 subsidiarias. Las Caiman tienen 56 mil habitantes y una superficie de 264 kilómetros cuadrados. Paenza podría sacar unos cuantos cálculos sobre la relación empresas, superficie y población de los paraísos fiscales. De esto se habló poco y nada en Londres.

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