EL MUNDO › EN LAS JORNADAS DE LUTO SE TRAZARA EL PERFIL DEL PROXIMO PONTIFICE

La elección papal, misterio e influencia

El Vaticano afronta desde hoy una semana clave de análisis (preconcilio) de cara a la elección del sucesor de Juan Pablo II. Se especula que el Opus Dei intentará ejercer su influencia en el cónclave, que se inaugura el lunes 18.

Por Oscar Guisoni
Desde Ciudad del Vaticano

¡El Papa ha muerto! ¡Viva el Papa! La frase que ha servido para expresar el clima de cambio de mando en tantos reinos del pasado campea ahora sobre un Vaticano vacío de pueblo que comienza a pensar, ya lo está haciendo desde hace tiempo, el sucesor de Juan Pablo II. Con el cuerpo de Karol Wojtyla bajo las grutas de San Pedro se han abierto las nueve jornadas de luto en las que los cardenales que oficiarán las misas durante estos días irán marcando, con las sutilezas que caracteriza a la Iglesia romana, la agenda del próximo Papa.
Habrá que estar atentos a los mensajes subliminales (y no tanto) que surgirán de las bocas de los elegidos para la ocasión. Una lista de “eminencias” que ya ha despertado las primeras polémicas. No les ha gustado, en efecto, a los norteamericanos la elección del cardenal Francis Law, cuestionado con dureza ayer por el New York Times por su pésima gestión del escándalo de los curas pedófilos que embarró el prestigio de la Iglesia estadounidense. El disgusto es tan grande, que más de uno ha pensado en pedirle a Law que renuncie a oficiar la ceremonia.
Si hay alguien activo, en estos momentos, dentro de las confabulaciones y las intrigas cardenalicias, es la diplomacia de EE.UU. A nadie le pasó inadvertida la llegada de George W. Bush el miércoles por la noche, con más de 24 horas de anticipación, al funeral del Papa polaco. El presidente norteamericano se reunió el jueves con “sus cardenales” a puertas cerradas y se sospecha que el objetivo no era precisamente “invocar al Espíritu Santo” para que les dé una mano en la elección del sucesor de Pedro.
El periódico La Razón de Madrid llegó a insinuar hace un par de días que la CIA estaría tratando de ejercer influencia en el cónclave para que se vote al cardenal negro Arinze para bloquear de ese modo la elección de un papa europeo, aunque en ámbitos vaticanos esta noticia ha sido considerada una auténtica exageración, ya que la Iglesia africana viene vista como “demasiado joven” para hacerse cargo de un peso semejante.
Es mucho más atendible la versión que sostiene que Bush habría manifestado a sus colaboradores más cercanos su preferencia por la “opción italiana”, tirando dos nombres de peso que pertenecían ya por mérito propio a la arena de los papables: Camillo Ruini, vicario de Roma con amplias pretensiones de ser Papa, excelentes contactos con el mundo político conservador italiano y, no por casualidad, uno de los cardenales que oficia las misas “de las 9 jornadas” de luto, como lo hizo ayer. Ruini coquetea con la idea de ser un papa “de transición”, ya que es demasiado viejo para pensar que su mandato durará mucho tiempo. El otro “preferido” de la diplomacia del norte es Angelo Scola, hasta hace un año patriarca de Venecia, que goza del beneplácito del otro gran grupo lobbista hiperactivo durante estos días: el poderoso Opus Dei.
Y cuando se habla del Opus Roma tiembla, sostienen los vaticanistas especializados en detectar los “chismes detrás de la puerta” que durante estos días colman las páginas de la prensa italiana. La Obra fundada por Escrivá de Balaguer abrió el juego de la sucesión a cara descubierta (habría que decir más bien a vox populi para estar a tono) durante la pasada semana organizando una reunión en la villa romana de Grottarossa, donde tiene su sede, con un grupo de cardenales “electores”.
El moderador del encuentro fue el cardenal Julián Herranz Casado, nuevo hombre fuerte de la curia, que durante los últimos días del reinado de Juan Pablo II se había ya ganado la fama de ser el “poder en la sombra” en Ciudad del Vaticano. En esa reunión, según pudieron confirmar fuentes de primer nivel, Herranz Casado manifestó haber recibido de Karol Wojtyla “precisas instrucciones para elegir a su sucesor”. Otras fuentes menos atendibles llegan incluso a afirmar que el cardenal español ha recibido de Juan Pablo II una indicación precisa acerca de quién es el “hombre destinado a ocupar el trono”.
Más allá de las especulaciones, es indudable que los templarios del siglo XXI (como vienen siendo llamados por la prensa italiana los miembros del Opus) tendrán una influencia considerable en el cónclave que comienza el lunes 18. Comenzando por el portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls, y llegando a contar una influencia directa sobre al menos 20 votos entre los 117 purpurados que elegirán el futuro Papa, el Opus tiene también a su disposición una gran chequera, que le ha permitido fundar escuelas y universidades religiosas por doquier durante los últimos años. Un argumento, este último, que no será de desdeñar a la hora de contar los votos de sus eminencias.
La influencia del Opus se extiende al secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Sodano (otro de los nombres que ya pisan fuerte en la lista de los posibles papables), que ha pasado más de un período de vacaciones en Ovindoli en una casa de la Obra, pasando por el ultraconservador Joseph Ratzinger, el hombre que ofició la misa del funeral del Papa el viernes, que no pertenece a la organización “pero simpatiza con ella”, según afirman los especialistas en las trastiendas vaticanas. Y eso no es todo. Otro “gran elector” directamente vinculado al Opus es el peruano Cipriani Thorne, arzobispo de Lima, pero que no es papable porque tiene en el currículum la mancha de haber sido demasiado amigo del ex presidente Alberto Fujimori.
El fantasma de la Obra le quita las posibilidades al jesuita argentino Jorge Bergoglio, ya que los jesuitas han sido desde siempre sus declarados enemigos, aunque el arzobizpo porteño ha tratado de cultivar en los últimos tiempos buenas relaciones con el grupo. Mientras que las chances de ser elegido Papa son casi nulas para el brasileño Claudio Hummes, cardenal de San Pablo, quien en más de una ocasión ha manifestado su desdén por los santos cruzados y al que el Opus le ha colgado la etiqueta que, en este cónclave, parecer estar perfilándose como la única capaz de hacer naufragar cualquier candidatura: es demasiado progre.
Más allá de las especulaciones, es evidente que la congregación más joven de la Iglesia (nació hace sólo 80 años) tendrá una influencia considerable en el próximo cónclave. Se la han ganado a la sombra de Juan Pablo II, que en tiempo record para la Iglesia transformó en santo a su fundador y les dio, sobre todo durante los últimos años, la gestión de muchos espacios de poder. Rodeados de un aura de misterio, presumibles cultores de ritos secretos similares a los de una logia masónica, un mito que ha popularizado el best seller El código Da Vinci, de Dan Brown, el ejército de 70 mil hombres y mujeres que forman el Opus es posible que no deje pasar la oportunidad de sentar en la silla de Pedro a otro papa amigo.

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Religiosos asistieron a la misa liderada por el cardenal y papable Camillo Ruini.
 
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