EL MUNDO

Los petistas sean unidos y que no rueden más cabezas

Mientras el diputado del PTB Roberto Jefferson continúa apuntando a José Dirceu como “el mentor” de la trama de corrupción que forzó la renuncia del ministro, el gobierno de Brasil y el PT apelan a la unidad y la transparencia.

Por Darío Pignotti
Desde San Pablo

Un shock de transparencia. Bajo esa premisa, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva espera iniciar hoy una semana política que será determinante para la suerte de su gestión y su porvenir, a 16 meses de las elecciones presidenciales. Con la intención de retomar la iniciativa perdida desde las denuncias de corrupción que golpearon de lleno a su gabinete y acabaron con el ex ministro José Dirceu, el presidente adelantará su regreso de Asunción, donde participó de la cumbre del Mercosur, para anunciar a quien ocupará la Jefatura de la Casa Civil. Ayer, en los mentideros políticos de Brasilia y San Pablo, se daba por segura la designación de Dilma Rousseff, actual ministra de Minas y Energía, tenida como una administradora competente, de perfil técnico, contrastante con el del Dirceu, que era al mismo tiempo hombre fuerte del gabinete y del Partido de los Trabajadores. Rousseff, que viajó a Paraguay con Lula, es una petista reciente, afiliada en el 2001, tras dejar el PDT del fallecido caudillo nacionalista Lionel Brizola.
Las ediciones dominicales de la prensa brasileña fueron pródigas en nuevas revelaciones que, por momentos, rozaron la ópera bufa. Los partidos Progresista (PP) y Liberal (PL), que según el diputado Roberto Jefferson habrían recibido pagos ilegales del oficialista PT, son alcanzados por nuevas denuncias, aparecidas en las revistas Epoca, Isto E y el diario O Globo. Un artículo relata la extravagante vida de un asesor del PP, vinculado con los sobresueldos, que ganando 5 mil reales se pasea en Mercedes. En otro se ventila la venganza preparada por la ex mujer del presidente del PL, dispuesta a contar los excesos que vio en la mansión de la que fue echada por su ex, cortándole la luz y el gas (vgr. Menem-Zulema, 1990).
Pero fue Jefferson quien volvió a conquistar las primeras planas. Ahora dijo al Jornal do Brasil que Dirceu, además de saber, fue el mentor de la trama de corrupción y agregó que el actual presidente de Diputados, Severino Cavalcanti, del PP, también estaba al corriente de todo, lo que promete suscitar una nueva conmoción en la Legislatura. De camisa verde a rayas rojas, Jefferson dijo que su suerte está echada y admitió que perderá el cargo. En otro medio prometió que después de la política se dedicará al canto y grabará un CD.
En el Congreso esperan el inminente cruce entre Jefferson y Dirceu, que volverá a tomar sus fueros de diputado, donde liderará la “tropa de choque” oficialista. El semanario Veja publicó en tapa una estatua de Lula, que comienza a fisurarse, rematada por la pregunta: “¿Tiene arreglo?”. Para la revista, a Lula le espera lo peor y afirma que el presidente llegó a pensar en desistir en postularse a la reelección, si no consigue mitigar el escándalo. “No soy Collor (de Mello)” habría dicho, aludiendo al ex presidente renunciante tras las investigaciones de una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI). Esta semana ya sesionará una CPI y la oposición presiona por la apertura de otra.

“Martín Fierro” petista:

Mientras en el Palacio del Planalto apuestan a restituir a Lula el patrimonio ético desgastado por el escándalo, en la dirección del PT las prioridades son otras. En una resolución conocida el fin de semana, el partido ignoró al presidente y ratificó en sus cargos al tesorero y al secretario general de la agrupación, Delubio Soares y Silvio Pereyra, respectivamente, principales sospechosos de haber montado logísticamente el pago de los mensalaos, mensualidad de 12 mil dólares a diputados aliados. Algunos viejos militantes observaban en este gesto petista promovido por Dirceu viejas heridas entre el ex ministro y Lula. Recordaban que, en 1994, el hoy presidente vetó a Dirceu como candidato a gobernador, lo que para éste fue una traición que prometió nunca olvidar.
Con Dirceu lanzado de lleno a la vida partidaria y legislativa, el Planalto tendrá en el PT un aliado incómodo. Ya pudo oírse el sábado un coro de críticas a la política económica.
Según versiones periodísticas, a pesar de que las cabezas de Soares y Pereyra fueron preservadas, varios miembros de la dirección se mostraron a favor de sus licenciamientos. Con todo, prevaleció el espíritu de unidad al que habría apelado el ministro Olivio Dutra, gaúcho, que lo hizo recitando versos del Martín Fierro.

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El dimitente José Dirceu (izq.) y el tesorero Delubio Soares.
 
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