EL MUNDO

“Aunque no lo crean, Israel está entrando en el post-sionismo”

El historiador y periodista israelí Tom Seguev tiene una tesis fuerte: Sharon y Arafat están yendo en contra de la “evolución natural” de israelíes y palestinos hacia una coexistencia en paz.

 Por Eduardo Febbro

Tom Seguev une la historia y la actualidad. El historiador israelí de renombre mundial trabaja también como “cronista” en el diario Ha’aretz. Una doble función que le permite tener la mirada histórica y tomarle el pulso a la historia que se está construyendo día a día. Seguev es el principal animador o teórico de una corriente de pensamiento que, al analizar la evolución del sionismo, lo sitúa al término de su misión histórica, es decir, vivir en seguridad en un Estado judío. Para este intelectual, Israel acaba de entrar en una fase que él califica de “postsionista”. Esa es la tesis central de su último libro, Los nuevos sionistas, en la cual intenta demostrar –con éxito– que el proceso de creación de un Estado palestino es tan inevitable como lo fue la instauración del Estado de Israel. Para Seguev, Sharon y Arafat son hombres de épocas pasadas.
–Israel conoció muchos acontecimientos históricos en el curso de su historia. Hoy, el Estado hebreo se encuentra nuevamente en una doble crisis: crisis de confianza en el seno de la sociedad y crisis con los palestinos. ¿Se puede creer aún en un compromiso posible?
–La mayoría de los israelíes comprenden muy bien lo que va a ocurrir. No sabemos cuándo se producirá pero estamos conscientes de que el país va a estar dividido en dos Estados. Habrá un Estado palestino y un Estado israelí y también una suerte de división de poderes en Jerusalén. Algunos están de acuerdo, otros no. Con todo, esa alternativa de los dos Estados es ineluctable. Todo lo que ha ocurrido es una pérdida de tiempo. No vale la pena haber esperado tanto cuando se sabe con antelación en qué punto derivará la situación. Lo más irónico de todo esto es que Sharon quiere aparecer como un hombre de izquierda. Más interesante aún resulta constatar que habla de la necesidad de crear un Estado palestino. Sin un Estado propio los palestinos nunca saldrán del ciclo del terrorismo.
–En este sentido, en la medida en que los atentados no cesaron, ¿puede afirmarse que la Operación Muro Defensivo lanzada por Sharon fue un éxito a medias en el plano militar y un fracaso en el político?
–No, no lo creo. La organización palestina quedó muy afectada. Sin embargo, el costo en términos de sufrimiento humano fue muy elevado. Por consiguiente, los actos terroristas han disminuido. Desde un punto de vista político, la gente se dio cuenta de que no podemos continuar detestándonos. Cuando el terrorismo haya menguado, las posiciones políticas cambiarán. No debemos dejar que los candidatos al suicidio, esos jóvenes kamikazes de 16 años, dicten la agenda de Medio Oriente. Creo que la paz es posible pero falta encontrar soluciones a problemas tan graves como el de Jerusalén, las colonias y el de los más de tres millones de refugiados palestinos. Esta es la razón principal por la cual Arafat no firmó los acuerdos de paz propuestos por el ex premier Ehud Barak. Al buscar imponerle un acuerdo final, Barak se mostró tan megalómano como Napoleón. Resulta evidente que Arafat no podía mirar a los ojos a los tres millones de refugiados palestinos y decirles: “El conflicto con Israel se terminó”. Insisto en afirmar que, hoy, el problema no está tanto en resolver el conflicto como en administrarlo. Es obvio que el terrorismo palestino representa un gran paso atrás, hacia una época que habíamos empezado a olvidar. Sin embargo, ni Arafat ni Sharon podrán frenar la evolución natural de la sociedad israelí, la cual está convencida de que ninguna guerra ni ninguna tierra valen tantos sacrificios.
–En el último libro que publicó en Israel, usted desarrolla la tesis según la cual su país entró en una fase post-sionista. ¿La situación actual no es más bien un retorno que un progreso?
–No, al contrario. La ideología sionista cumplió con sus principales objetivos. Hoy tenemos un Estado judío cuya existencia no está en peligro. La existencia de este país está garantizada. Contamos con un ejército sólido y tenemos armas atómicas. La mayoría de los israelíes no siente que su Estado esté amenazado. Lo que está en la cuerda floja, amenazado, es la seguridad personal, no el Estado. Un dato más: a pesar de que Israel vivió una de las historias más dramáticas del siglo XX, la mayoría de los judíos del mundo vendrán a vivir a Israel en los próximos 15 años. Hace un año y medio estábamos a punto de llevar a cabo la misión histórica del sionismo: vivir en seguridad en un Estado judío aceptado por todos. De alguna manera, a pesar de lo que parece, la sociedad es cada vez menos israelí y cada vez más judía. La gran mayoría de los israelíes está de acuerdo con el desmantelamiento de las colonias y está dispuesta a aceptar la creación de un Estado palestino. Este aspecto es más fuerte que todos los atentados. Es evidente que el terrorismo no quebrantará a Israel, pero Israel tampoco podrá romper al movimiento nacional palestino. En cuanto resolvamos el problema con los palestinos, seremos capaces de llegar al objetivo de desarrollar una sociedad democrática y multicultural.

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