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El día que Papá Noel quedó varado por transportistas en Nueva York

Por primera vez en veinticinco años, conductores de autobuses y subterráneos de Nueva York protagonizaron ayer una huelga que bloqueó las compras navideñas y dividió políticamente la ciudad.

 Por David Usborne *
Desde Nueva York

Los aproximadamente 7 millones de neoyorquinos que dependen de los circuitos de autobuses y de la red de subterráneos quedaron varados en la mañana de ayer en temperaturas invernales bajo cero al encontrarse rehenes de la primera huelga de transporte público en un cuarto de siglo. Los trabajadores recibieron de líderes de su sindicato la orden de retirarse de sus puestos de trabajo a las tres de la mañana de ayer, poco después de que rechazaran una oferta final de la dirección de la Autoridad Metropolitana de Transporte (MTA, por sus siglas en inglés), garantizando así el caos y la frustración para los pasajeros habituales, turistas y compradores cinco días antes de Navidad.
La huelga fue declarada ilegal por un juez que impuso una multa de un millón de dólares diarios a los organizadores. Un enfurecido alcalde Michael Bloomberg, que se unió a miles cruzando el Puente Brooklyn hacia Manhattan a la salida del sol, ejecutó inmediatamente un plan de emergencia, cerrando varias avenidas excepto para el tráfico de emergencia y pidiendo a los autos que entraban a Manhattan que transportaran a cuatro pasajeros o más. Las restricciones a vehículos privados fueron rigurosamente reforzadas por la policía, desatando enormes embotellamientos de tráfico en puntos de entrada hacia Manhattan. Conductores con asientos vacíos fueron obligados a volver a sus casas o a buscar extraños que necesitaran que los llevaran al trabajo. Dentro de la misma Manhattan, el tráfico era misteriosamente liviano.
La confrontación decisiva por los salarios y beneficios para los 30.000 empleados de la MTA se ha vuelto profundamente política y amarga, dividiendo las simpatías de los ciudadanos neoyorquinos. Sin embargo, la paciencia se disipará cuanto más dure la huelga. El último paro de transporte público en la ciudad, en abril de 1980, duró 11 días. “Todos deberían ir a prisión”, dijo Jim Giannela, de 53 años, en una estación de Times Square cerrada con cinta roja. “Deberían haberse quedado sentados allí y permanecer en sus trabajos. Lo único que lograrán es hacernos la vida imposible a todos.” En otra estación de subterráneo, un cartel decía: “Paro en efecto. Estación cerrada. ¡Felices Fiestas!”.
La huelga paralizó todos los subterráneos y las líneas de autobuses, aunque casi todas las líneas principales de trenes hacia Manhattan estaban funcionando. Muchos neoyorquinos decidieron quedarse en sus casas, mientras otros buscaron una variedad de opciones para viajar, desde compartir un auto hasta caminar y sacar sus bicicletas del depósito de invierno. Muchas grandes empresas de la ciudad desplegaron autobuses privados para asegurar que los empleados pudieran llegar a la oficina.
Rudy Ramos, de 28 años, viajó desde los puntos más alejados de Queens, al final de la paralizada Línea N, a su trabajo administrativo en la Universidad de Nueva York en el centro de Manhattan, en una patineta, un viaje de dos horas. Mientras las temperaturas matinales eran de varios grados bajo cero, al menos había un fuerte sol. Para Ramos la novedad de su heterodoxo viaje fue suficiente para llegar a su destino. “En realidad, fue bastante refrescante”, dijo, mientras transitaba el tramo final en la Tercera Avenida de Manhattan. “Está bueno ver a todos afuera, y todos han sido muy atentos. Lo más complicado fue cruzar el puente de la calle 59, saturado de caminantes y ciclistas”, dijo.
En un principio, el paro había sido convocado para el pasado viernes, pero el ultimátum del sindicato fue extendido hasta ayer para permitir más negociaciones. La MTA dice que ofreció pagar aumentos de entre 3 y 4 por ciento a lo largo de tres años. Sin embargo, quiere incrementar la edad de jubilación de nuevos trabajadores de 55 a 62 años. Al rechazar el paquete,el presidente del sindicato, Roger Toussaint, indicó que la MTA tiene en sus manos un superávit de 1000 millones de dólares este año. Con ese excedente, “este contrato entre la MTA y la Unión de Trabajadores de Transportes no tendría que haber sido pensado”, dijo.
El costo para la ciudad en pérdida de ingresos, especialmente en los últimos días de compras antes de Navidad, podría llegar a 400 millones por día, según Bloomberg.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Virginia Scardamaglia.

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Un enfurecido Michael Bloomberg lideró el cruce a pie del puente de Brooklyn.
 
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