EL MUNDO › LA SOCIALDEMOCRACIA DE BRASIL CONFIA EN GANARLE A LULA

Tudo legal, en primera o ballottage

La oposición de centroderecha logró juntar a los enemistados candidatos a presidente y gobernador, Alckmin y Serra. Atacaron a Lula y al PT, aprovechando el último escándalo de corrupción.

 Por Darío Pignotti
Desde San Pablo

“El duelo final.” La gigantografía publicita la última carrera de Fórmula Uno entre Fernando Alonso y Michael Schumacher, pero bien cabría para esta última recta de la campaña presidencial brasileña. El afiche está a pocos metros del club donde anoche se celebró un acto del candidato opositor, Geraldo Alckmin. Aunque no fue el cierre oficial de la campaña en San Pablo –programado para mañana–, definitivamente fue el mitin políticamente más fuerte que tuvo hasta ahora el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB). Ante los principales líderes de la alianza de centroderecha, que en 1994 llevó a la presidencia a Fernando Henrique Cardoso, Alckmin se animó a augurar una victoria en primera vuelta. Después del acto, Página/12 se acercó y le preguntó si realmente creía que ganarían el domingo próximo. “Estamos trabajando para ello”, se limitó a contestar el candidato opositor.

Mientras afuera se sufría uno de los días más fríos del año, dentro del pequeño club Esperia una multitud de militantes y seguidores del PSDB vivieron la noche más caliente de la campaña electoral. Ayer se respiraba un aire de esperanza, quizás un poco exagerada. “Cruza los dedos que el domingo vamos a segunda vuelta”, gritaban los militantes. Y acto seguido, coreaban el estribillo más popular entre los socialdemocrátas en estos días: “Por un Brasil más decente, Geraldo presidente”. Las palabras decencia, moral y ética fueron las estrellas de todos los discursos. El acto fue, en pocas palabras, un último intento de exprimir cualquier resquicio de beneficio político que quedara del escándalo por la compra del dossier para perjudicar a los candidatos del PSDB.

La expectativa de forzar una segunda vuelta es tal que logró juntar a los candidatos a presidente y gobernador por el PSDB, Alckmin y José Serra, en el acto de ayer, después de no verse la cara en casi toda la campaña. Los separan un conjunto de razones, entre ellas el proyecto presidencial de Serra. Una victoria de Alckmin este año afectaría seriamente las aspiraciones de su camarada de llegar a la presidencia en 2010, aspiración que paradójicamente, se beneficia con un triunfo de Lula, quien no tendrá chances de un tercer mandato. Serra y Lula habrían sellado un pacto de no agresión la semana pasada, luego de que explotara el caso de espionaje conocido como “dossiergate”. Este rumor pareció confirmarse ayer. Serra fue el único de los oradores que no atacó directamente al presidente, sino que sólo se refirió a la corrupción dentro del Partido de los Trabajadores (PT).

El resto, en cambio, no escatimó en calificativos al hablar de Lula. “Es Judas,” afirmaron Alckmin y Cardoso, recordando cuando Lula se comparó con Jesucristo. Estas dos figuras del PSDB tampoco compartieron la mayoría de la campaña. Recién llegado de Estados Unidos, el ex presidente se había mantenido distante del ex gobernador de San Pablo. Era conocido el apoyo de Cardoso a Serra para la candidatura presidencial, quien aunque estaba mejor en las encuestas, fue rechazado por el partido. Sin embargo, Cardoso se mostró ayer bien cerca de Alckmin, atacando a Lula. “Me da malestar hablar de esa gente”, afirmó el ex presidente, refiriéndose a los dirigentes petistas. “Me da comezón en la lengua oír tantas bobadas”, agregó, al desmentir las acusaciones de Lula sobre un posible golpe institucional, como también hicieron Alckmin y los líderes del PFL.

A los socialdemócratas del PSDB y los conservadores del PFL los unió, en 1994, la candidatura de Cardoso, cuando surgió como el único referente en condiciones de impedir la victoria de Lula, que en marzo de aquel año parecía incontestable. Los padres de ese acuerdo fueron el propio Cardoso, uno de los pocos políticos que en Brasil ven la política más allá de la coyuntura, y el líder pefelista sureño Jorge Bornhaussen, ex presidente de la federación de banqueros brasileños y ex gobernador de Santa Catarina durante la dictadura militar. Bornhausen, nunca reprimió su repulsa, a veces rayando en el asco hacia el petismo y lo que él califica como una “república de sindicalistas”. Es suya la frase, dicha el año pasado, de que habría que acabar de una vez por todas con “esa raza”.

Pero ese odio, casi folklórico, no es sólo una retórica de los candidatos socialdemócratas. En la entrada del club, María Elizabeth Melo, una ingeniera civil, entregaba en la puerta una calcomanía de la campaña.

“Soy una militante de la última hora, siempre fui de Serra con todo el corazón, aunque no estoy afiliada al PSDB. Pero quiero que se acabe esta basura de los sindicalistas corruptos”, explicó la mujer.

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Gerardo Alckmin, secundado por el ex presidente Cardoso (izq.) y el presidenciable Serra.
 
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