EL MUNDO › GUSTAV HORN, ECONOMISTA DE LA UNIVERSIDAD DE DUISBURG-ESSEN

“La austeridad fue desastrosa”

A contramano de lo que piensa una mayoría de los alemanes, Horn firmó en junio una carta junto a Joseph Stiglitz, Thomas Picketty y otros destacados académicos internacionales pidiendo un cambio de política hacia Grecia.

 Por Marcelo Justo

Página/12 En Gran Bretaña

Desde Londres

La dirigencia política germana, con la canciller Angela Merkel a la cabeza, ha apostado sus fichas desde 2010 al ajuste como cura de los males de Grecia. Lejos de cambiar la posición germana, el rotundo fracaso de esta apuesta la ha reforzado. Hoy el vicecanciller socialdemócrata de la coalición gubernamental, Sigmar Gabriel, compite en intransigencia con Merkel y el ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, reflejo de una opinión pública convencida por sus políticos y tabloides de que Grecia es una tierra de vagos y corruptos. Con este telón de fondo, las posibilidades de encontrar un compromiso entre una Eurozona dominada por Alemania y Grecia no son altas. Desde ya no todos los alemanes piensan así. El director del Instituto de Política Macroeconómica de la Universidad de Duisburg-Essen, Gustav Horn, firmó en junio una carta junto a Joseph Stiglitz, Thomas Picketty y otros destacados académicos internacionales pidiendo un cambio de política hacia Grecia.

Página/12 dialogó telefónicamente con Horn sobre el tema.

–¿Es posible que la Eurozona y Grecia lleguen a un nuevo acuerdo?

–Es perfectamente posible. El problema es si existe la voluntad política para lograrlo. En Alemania muchos políticos son muy reticentes a llegar a un nuevo acuerdo. Estos políticos piensan que Grecia no ha cumplido con sus compromisos y, por lo tanto, no hay ninguna razón para llegar a un nuevo acuerdo porque tampoco cumplirán con lo pactado. Mucha gente tiene miedo de prestar más dinero que no será devuelto. De modo que muchos piensan que lo mejor es dejar que Grecia deje la Eurozona.

–Hoy hay un consenso internacional bastante amplio que incluye a medios de derecha como el The Economist sobre el fracaso de la austeridad que se le recetó a Grecia. Los datos están a la vista. El problema es que ahora es muy difícil reconocerlo y cambiar de rumbo.

–Totalmente de acuerdo. La austeridad tuvo un impacto desastroso sobre la economía griega, que perdió un cuarto de su PBI, incrementó su desempleo de manera alarmante e impuso un extraordinario sufrimiento sobre su pueblo, pero en Alemania la gente aceptó el mensaje del gobierno de que ésta es la manera de salir de la crisis y ahora es muy difícil cambiar el rumbo. El mismo gobierno está atrapado por el mensaje que impulsó durante tanto tiempo.

–Es sorprendente, porque por su experiencia histórica Alemania debería entender mejor la dinámica de una deuda impagable. El Tratado de Versalles, después de la Primera Guerra Mundial, le impuso condiciones de pago incumplibles que contribuyeron al surgimiento del nazismo. Después de la Segunda Guerra Mundial, en cambio, hubo un acuerdo para aliviar la deuda germana y vincular el pago al crecimiento económico, que permitió el llamado “milagro alemán”. ¿Por qué nadie parece recordar esa experiencia histórica?

–Es cierto que por nuestra propia historia deberíamos haber tomado otra posición. Pero el discurso político dominante en 2009 y 2010 era que no debíamos poner un centavo en la economía griega porque es corrupta y no es competitiva y debía reformarse como precondición para prestarle dinero. Merkel tuvo que ceder un poco y participar de los rescates y, por eso, muchos de su partido no la siguen porque piensan que perdió mucha credibilidad. La realidad es que en el actual Parlamento alemán sería muy difícil obtener una mayoría para un cambio de política.

–El mismo vicecanciller socialdemócrata Sigmar Gabriel suena a veces más intransigente que Merkel. ¿Es ésta la posición de todo el partido?

–Una fuerte minoría de los socialdemócratas se oponen a un acuerdo, incluyendo a los líderes del partido. Pero la mayoría de los diputados piensan distinto. En este sentido creo que la mayoría de los socialdemócratas no se opondrían. La izquierda alemana y los verdes también están a favor de un acuerdo, pero no tienen suficiente peso.

–El argumento de los sectores duros en Alemania es que, si ellos ceden frente a Grecia, otros países en la Eurozona harán lo mismo.

–No es un argumento de peso. Países como España, Irlanda, Portugal, Italia saben que Grecia está en una situación desesperada, pero además se beneficiarán con un rescate porque disminuirá el costo del capital para ellos mismos si queda claro que el euro se sostiene y supera esta crisis.

–Como en toda negociación hay un problema de ambas partes de quedar bien parado políticamente. Angela Merkel puede preferir un acuerdo, pero necesita una fórmula en que no aparezca como derrotada. En el caso griego aparentemente bastaría con que hubiera un programa de reducción de su deuda que prácticamente todo el mundo acuerda que es impagable.

–Yo creo que es importante que Grecia reforme su sector impositivo y sus pensiones. El mismo gobierno sabe que tiene que hacerlo. Ayudaría si presenta una propuesta que contuviera una reforma. Por otro lado, los países de la Eurozona tienen que aliviar el peso de la deuda, prolongando el tiempo de pago, europeizando la deuda, adquiriendo la que está en manos del FMI porque así es impagable. Pero la realidad es que a esto habría que sumar un programa de inversión de fondos europeos para que Grecia pudiera crecer nuevamente.

–Este lunes el Banco Central Europeo ajustó un poco más las tuercas sobre los bancos griegos al exigir más colateral para los préstamos que le está dando para evitar una insolvencia. ¿Quiere decir esto que en el mismo Banco Central Europeo está predominando la posición dura alemana?

–No. Hay una posición fluctuante que depende de dos cosas. Por un lado, tiene que aportar liquidez a los bancos griegos: es su deber como Banco Central Europeo. Pero, por otro lado, se da cuenta de que los bancos griegos tienen muchos problemas, con lo cual tiene que reforzar el tema de las garantías de estos préstamos. En el fondo si Grecia sigue o no en el euro dependerá de una decisión política y no de una decisión monetaria del BCE.

–Igual hay una fecha clave el 20 de este mes, en menos de dos semanas: Grecia tiene que pagar más de tres mil millones de euros al Banco Central Europeo. En este sentido, la negociación con la Eurozona tiene un límite temporal muy claro. Aun si hubiera voluntad de acuerdo, ¿puede Grecia pagar esta deuda?

–Si se llega a un acuerdo sobre la deuda y la reforma, sería posible para Grecia conseguir esos fondos en los mercados internacionales. Va a ser muy difícil completar un acuerdo en dos semanas porque el Parlamento alemán y otros tendrán que aprobarlo, pero sí existirán las bases para que Grecia pueda cumplir con ese pago.

–¿Cree que va a haber acuerdo?

–Es una buena pregunta. Habrá que ver si hay una voluntad política para reabrir la negociación. Eso es clave. A mi juicio la probabilidad de que haya un acuerdo es del 51 por ciento. Nada más.

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En Atenas, Forman fila frente a un cajero automático de un banco cerrado.
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