EL MUNDO › VOCES DE UNA CIUDAD QUE RECIEN EMPIEZA A SALIR DEL DILUVIO

“Todavía no sabemos cuándo volveremos”

 Por Andrew Buncombe
y Andrew Gumbel *
Desde Nueva Orleans

Mientras los rescatistas federales realizaban ayer su tardía entrada a Nueva Orleans y empezaban a desplegarse a lo largo de la ciudad en grandes cantidades, las autoridades de la abrumada ciudad se preparaban para la horrible tarea de localizar y catalogar a los muertos –en los techos, en los áticos inundados, flotando en los ríos hediondos que alguna vez fueron calles y tirados, expuestos al calor ardiente–, a la vista de los angustiados sobrevivientes. Funcionarios del gobierno de Bush, peleando para salvar sus reputaciones después de una semana en que fueron acusados de convertir una tragedia natural en uno de los más humillantes fracasos del gobierno de la historia estadounidense, advirtieron que las noticias sólo pueden empeorar en los próximos días.
Con la significativa presencia, ahora, de los oficiales de la Guardia Nacional por todo Nueva Orleans, y con la evacuación en progresión acelerada –los últimos residentes del sórdido Astrodome fueron retirados el sábado a la noche–, el centro de la devastada ciudad está comenzando a mostrar otra vez señales muy débiles de vida. Fueron limitadas y aisladas, pero en el centro de la ciudad había algunas evidencias de que el proceso de recuperación, que será necesario para que los miles de residentes pueden retornar, estaba en movimiento. En la calle Bourbon, en el barrio francés, Royce Bufkin estaba sentado en una estufa, sintonizando una radio. Se había quedado en su casa durante Katrina, aterrorizado por la tormenta y aterrorizado por los saqueadores que veía afuera. Ahora cree que las cosas están mejorando. “Creo que las cosas empezaron a mejorar ayer,” aseguró. “En el quinto día, se comenzó a sentir un poco más de seguridad.” A más de 45 metros, los clientes habituales del bar deportivo Johnny Whites contaban cómo habían mantenido el lugar abierto durante Katrina, igual que lo hicieron durante cada uno de los huracanes que golpeó la ciudad. Claramente era una insignia de honor no haber cedido ante los elementos de la naturaleza. “Este es un lugar genial. Incluso están cocinando para todos”, aseguró David Benedict, un barman de otro establecimiento, mientras se sentaba con una cerveza.
Las autoridades federales declararon que querían sacar de la ciudad a todos los habitantes para que pudieran comenzar a drenar el agua y devolverle la vida a una localidades casi completamente anegada. Chertoff dijo a la televisora Fox News que quedarse no era una opción.
“No podremos tener gente sentada en sus casas en Nueva Orleans durante semanas y meses, mientras nosotros drenamos y limpiamos esta ciudad... Los lugares inundados, cuando sean drenados, no estarán en condiciones sanitarias.” A pesar del drama incesante –hambre, sed, saqueos, estallidos de violencia armada y la expansión de enfermedades por el agua sucia y los desechos humanos–, se registró un impulso en las actividades de rescate. En las autopistas que van al oeste, hacia Baton Rouge, había filas de autos de emergencia y de personal para la recuperación. Trabajadores de empresas de energía están llegando a la ciudad de otras partes del estado para ayudar con esta recuperación. Se ha registrado un notorio incremento en el número de los soldados y del personal de seguridad en la ciudad, algo que ha calmado visiblemente a los preocupados residentes.
Algo que sí se está logrando es la evacuación de los enfermos y los heridos. El aeropuerto internacional de Nueva Orleans ha visto un movimiento extraordinario de gente en los últimos dos días. Don Jacques, vocero de la Agencia Federal de Control de Emergencia, dijo que 13 mil personas, incluyendo 2500 enfermos y heridos, fueron evacuadas el sábado.Este es la misma cantidad que pasa por el aeropuerto en la semana más alta del verano.
En la pista, miembros de la Fuerza Aérea de la Guardia Nacional continuaban ayer llenando los aviones C130 con los heridos y personas sanas. Los heridos más críticos eran transportados en camillas y luego, en cargadores de equipaje eran llevados a la parte trasera del compartimiento de carga de los aviones. Este diario vio cuando un grupo de pacientes mayores y frágiles eran trasladados en camilla por la pista de aterrizaje y luego colocados en camillas colgantes dentro de un avión.
No eran sólo los enfermos los que todavía estaban siendo evacuados. Un hombre con una familia de cinco personas estaba por volar a Nashville, Tennessee. Sterling Brooks, de 69 años, se quedó en un hotel por cinco días antes de ser evacuado. “Todavía ni he visto mi casa”, aseguró. “Supongo que está bajo el agua.” Cuando le preguntaron cuándo cree que volverá, dijo: “Todavía no sabemos. Simplemente, todavía no sabemos”.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12. Traducción: Laura Carpineta.

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Personal de emergencia distribuye agua en el aeropuerto.
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