EL PAíS › PANORAMA POLíTICO

Desafíos

 Por J. M. Pasquini Durán

La anulación de las sanciones de la OEA a Cuba, cometidas hace más de cuarenta años, abre las puertas para que la isla pida su reingreso a la comunidad, cada día pone más de manifiesto la barbaridad del bloqueo y, por encima de todo esto, es un síntoma de los nuevos tiempos que corren. Las derechas recalcitrantes, los exiliados en Miami y todos los que viven del comercio informal para la provisión de la isla, se levantaron indignados tratando de azuzar los prejuicios anticomunistas, pero no es buena temporada para la caza de brujas. La crisis fenomenal que sacude el mundo obligará, más allá de la voluntad de los protagonistas, a producir cambios. En Estados Unidos algunos de sus principales analistas temen que el Hermano Mayor salga del terremoto convertido en potencia de segundo orden. Pues bien, el descenso no será necesario si saben encontrar nuevas maneras de ejercer el poder. El Fondo Monetario, impertérrito ante sus fracasos y arrogante como siempre, pretende conservar los privilegios que hace sesenta años le diera la asamblea de Bretton Woods, fundadora del FMI.

Buena parte de los políticos nacionales razonan como el FMI, es más, algunos postulan que hay que regresar cuanto antes a pedir préstamos en esa caja de pesadillas. Las novedades no penetran la corteza cerebral de la mayoría de los políticos criollos, suspendidos en el tiempo, algunos inclusive estacionados en la Guerra Fría, en compañía de dirigentes civiles que extrañan la violencia institucional. Lo más sorprendente es que, bajo esa influencia, a los círculos sociales que se hacían cruces por los piqueteros en acción no se les mueve un pelo cuando una patota agrede a un político o escuchan impávidos las denuncias sobre supuestos fraudes porque de todas maneras no creen en el valor del voto ciudadano.

Democracia y república poco significan para anchas bandas de la sociedad nacional, menos aún en boca de políticos cuyo prestigio está ligeramente por encima del que tenían en 2001 cuando la ciudadanía pidió que se fueran todos. Es esta falla en la base del sistema la que permite que aventureros de toda laya se hagan lugar en la representación institucional. ¿Qué otra explicación hay para la nominación de Patti, alojado en prisión? Al mismo tiempo esa fisura basal es la que puede provocar un terremoto en la superficie, debilidad esencial del período democrático que comenzó en 1983. Excitar esa posibilidad está implícita en la liviandad con que se tratan conceptos tan graves como fraude, robo de votos, fascismo, violencia justificada y todo el resto de las campañas destituyentes.

En ciertos aspectos el Gobierno no escapa a las generales de la ley. Políticos formados en las turbulencias de los años de plomo, los Kirchner más de una vez tienen reflejos de bronca para afrontar la colección de trampas que les colocan sus poderosos enemigos y algunos de sus amigos también. Enojarse es parte de la trampa y aísla en lugar de rodearse con círculos de protección que absorban los golpes y puedan contestar. Esta idea que sólo pueden hablar unos pocos en nombre del oficialismo excluye la creatividad de tantos en el movimiento, inhibe el desarrollo de cuadros, pone sordina al lenguaje de los jóvenes, indispensables para una renovación sustancial del discurso político.

En estas condiciones, con políticos parroquiales y sueltos de lengua, las próximas elecciones no van a resultar ningún cambio significativo, excepto el derivado de nuevas proporciones en los quórum del Congreso. Dado que la campaña se concentró en un aspecto formal, el de las candidaturas testimoniales, nadie puede asegurar a esta altura en qué temas y con qué encuadres desplegará la oposición su programa de gestión. Con buen criterio, a la búsqueda de la polarización, el Gobierno sostiene que el 28 de junio confrontan dos modelos, el suyo y el de la oposición. Lo que está en juego, en verdad, son maneras diferentes de hacer política y de gestionar el poder. Desde este punto de vista, aunque no son pocos los que están fastidiados con el Gobierno pese a que algunos les cuesta explicar los motivos, el Gobierno sigue lejos de estar listo para el descenso.

Entre los insatisfechos, además de algunos grupos rurales, sobresalen los porteños, lo que ha beneficiado a la administración Macri ya que focalizó el sentimiento público en la Casa Rosada. Es posible que en circunstancias normales la reacción sería más negativa habida cuenta del desorden que muestra la ciudad y, además de lo cotidiano, está lejos de corporizarse aquel programa para las escuelas, los hospitales y las villas que recitaban los candidatos del PRO. También están escasos de cuadros y rebosan de internismo, una combinación que proyectó a Gabriela Michetti para el Congreso, abandonando la Vicejefatura de la ciudad. Haciendo memoria, en la campaña de 2007 Michetti era el corazón y el costado humano del PRO. Si no era puro fraseo publicitario, con el pase la ciudad se quedará con un jefe sin corazón ni humanidad.

Otra cabeza de la presente campaña es Federico de Narváez, peronista y aliado de Macri y con mucha plata para invertir en sí mismo. El también, como Elisa Carrió, alerta sobre el robo de votos, tan preocupados para justificar su derrota en las urnas que no miden el alcance de semejantes afirmaciones. De Narváez se presenta como otra opción del peronismo bonaerense, confirmando la leyenda acerca de la fuerza del peronismo que mientras gobierna crea la oposición. Para contrarrestar la imagen de potenciales desertores, a Kirchner se le ocurrió lo de las candidaturas testimoniales, una picardía electoral que se convirtió en la ocupación principal de más gente de la que el tema merece.

Para el Gobierno, aunque pierda bancas –evidencia de su derrota, dirán los opositores–, mantener el liderazgo en votos es una oxigenación que hace falta en la mitad de la carrera hacia las próximas presidenciales. La presidenta Cristina también necesita el aval del cuarto oscuro para responder como se debe a las campañas hostiles que hace rato pasaron los límites de la crítica razonable. La opinión de los ciudadanos es la única válida en circunstancias como las actuales con tanta incertidumbre y desasosiego sobre el destino inmediato del planeta.

Ya que el hilo se corta por lo más delgado, los trabajadores son los más inquietos sobre su porvenir, ya que la oleada mundial de desempleo forzado está llegando aquí pese a las prevenciones gubernamentales. Si la mano de obra teme por el conchabo, pronto se advertirá que la paz social reemplazará a cualquier otro tipo de conflictividad. Pasada la angustia del período, los sindicatos serán otros objetos del cambio, no importa cuál sea la voluntad de sus dirigentes. La globalidad económica junto con la elaboración multinacional de productos, como ya se hace con las computadoras, en cuyo interior hay componentes de varios países, obligará a pensar en las formas gremiales que deberán contener esa variedad de modos productivos.

A las empresas, no importa cuál sea su tamaño, también les llegará la hora de acomodarse al futuro. No será sólo el monopolio trasnacional sino que aun pequeñas y medianas podrán asociarse mediante la cooperación para operar con unidades mayores a fin de ganar mejores mercados para sus artesanías y manufacturas. Cuando uno repasa las aproximaciones al mundo que será en unos pocos años, se pregunta si los competidores del 28 de junio están en condiciones de hacerse cargo de todas las deudas del pasado y los desafíos del futuro.

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